Banxico ajustará la “receta” de la moneda de 10 pesos desde 2026: ahorro en metales y nueva etapa en la acuñación

14:17 03/02/2026 - PesoMXN.com
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La moneda de 10 pesos —una de las piezas más usadas en transacciones diarias— cambiará su composición a partir de febrero de 2026, de acuerdo con las disposiciones publicadas en el Diario Oficial de la Federación. El ajuste, aprobado en el marco de una estrategia de reducción de costos y modernización industrial, permitirá que Banxico y la Casa de Moneda utilicen combinaciones alternativas de aleaciones para el núcleo y el anillo, sin alterar su valor nominal ni su función como medio de pago.

El detonante central es el encarecimiento de insumos metálicos, en particular del cobre, que en los últimos años ha mostrado alta volatilidad por la demanda global ligada a electrificación, redes y transición energética. En la práctica, cuando el precio de los metales sube, el costo de acuñar también se eleva y presiona los presupuestos de fabricación. Para el gobierno, migrar hacia materiales como acero recubierto (plated steel) busca desacoplar parcialmente la producción de monedas de los picos de materias primas, manteniendo estándares de resistencia, apariencia y seguridad.

Según la iniciativa enviada por el Ejecutivo al Congreso, la aleación tradicional del centro de la moneda de 10 pesos (alpaca plateada) contiene una proporción elevada de cobre, además de níquel y zinc. Con el cambio normativo, el núcleo podrá fabricarse con plata sterling, alpaca plateada o acero recubierto de níquel; y el anillo exterior podrá ser de bronce-aluminio o acero recubierto de bronce. El objetivo es conservar características físicas críticas —peso, diámetro, durabilidad y compatibilidad con maquinaria de conteo— mientras se habilitan rutas de producción más eficientes.

En respaldo técnico, el Ejecutivo solicitó una evaluación al Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM sobre el desempeño del acero recubierto de níquel ante condiciones reales de circulación: desgaste por fricción, corrosión y uso continuo. La conclusión fue que el material cumple con parámetros fisicoquímicos y mecánicos adecuados para monedas mexicanas. En términos industriales, el recubrimiento por procesos como el electrochapado permite usar un “núcleo” de menor costo y protegerlo con una capa metálica que preserve el acabado y la resistencia superficial.

El movimiento no ocurre en aislamiento. Desde finales de 2025, autoridades monetarias han señalado ajustes similares en denominaciones bajas: ya circulan monedas de 1 peso con acero recubierto de bronce y se prevé extender el esquema en 2026 a las de 2 y 5 pesos. En esas piezas, el argumento oficial combina ahorro presupuestal y mejoras en procesos, incluyendo menor consumo de insumos y eficiencias operativas. En un contexto donde el efectivo sigue siendo relevante para compras pequeñas y para segmentos con menor acceso a pagos digitales, el costo de mantener suficiente circulante importa tanto como su calidad.

Desde la óptica macroeconómica, el cambio de aleaciones es una decisión microindustrial con implicaciones fiscales y operativas: reduce costos unitarios, mitiga el impacto de choques externos en commodities y, potencialmente, libera recursos para mantenimiento, logística y reposición de circulante. También puede reforzar la seguridad anti-falsificación, pues la actualización de materiales y procesos suele acompañarse de mejoras en propiedades electromagnéticas y tolerancias de manufactura, relevantes para validadores y equipos bancarios.

El ajuste llega además en un momento en que México busca elevar su eficiencia productiva ante un entorno global más incierto: tasas de interés aún relativamente altas en términos reales, presiones por costos energéticos y cadenas de suministro en reconfiguración. Aunque el cambio en monedas no altera la política monetaria —atribución de Banco de México— sí refleja cómo decisiones técnicas pueden ayudar a administrar costos recurrentes del Estado y a mantener la infraestructura del efectivo con menor exposición a la volatilidad internacional.

Hacia adelante, el reto será que la transición sea ordenada: que las nuevas piezas convivan sin fricciones con las anteriores, que no se generen confusiones en comercios y usuarios, y que la cadena de producción y distribución mantenga calidad homogénea. En paralelo, la demanda de efectivo podría seguir ajustándose gradualmente conforme crezcan transferencias y pagos electrónicos; aun así, el efectivo seguirá siendo una pieza clave del ecosistema de pagos en México por su aceptación universal y por el papel que juega en transacciones de bajo monto.

En síntesis, el cambio de materiales en la moneda de 10 pesos apunta a una meta pragmática: fabricar con menor costo y mayor resiliencia ante el alza de metales, sin afectar el uso cotidiano del circulante. La medida se inscribe en una tendencia de modernización gradual de la acuñación y su éxito dependerá de la consistencia técnica, la comunicación al público y la capacidad de mantener seguridad y durabilidad en condiciones reales de uso.

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