Acuerdo China-Canadá reconfigura rutas comerciales: oportunidades y riesgos para México en el tablero del nearshoring

08:06 16/01/2026 - PesoMXN.com
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Acuerdo China-Canadá reconfigura rutas comerciales: oportunidades y riesgos para México en el tablero del nearshoring

China y Canadá anunciaron un acuerdo de asociación estratégica con implicaciones directas para el comercio y el turismo, tras varios años de fricciones diplomáticas y disputas arancelarias. El entendimiento incluye concesiones específicas: Ottawa abrirá un cupo para la entrada de vehículos eléctricos fabricados en China con una tarifa preferencial, mientras que Beijing reduciría aranceles sobre derivados de canola y facilitaría el turismo canadiense mediante exenciones de visado. El pacto, presentado por ambas partes como un giro hacia la cooperación, ocurre en un entorno global marcado por presiones comerciales y una reconfiguración de cadenas de suministro.

El acercamiento no es menor si se considera el trasfondo: la relación bilateral se deterioró desde 2018 tras el arresto en Canadá de una directiva de Huawei a solicitud de Estados Unidos y la posterior detención de ciudadanos canadienses en China, además de una escalada de aranceles recíprocos. En los últimos meses, sin embargo, el incentivo para normalizar la relación ha crecido por la incertidumbre externa, particularmente por el tono más proteccionista en la política comercial estadounidense y el uso de aranceles como herramienta de negociación. En ese contexto, Canadá busca diversificar mercados sin romper su fuerte dependencia de Estados Unidos, mientras China procura sostener exportaciones y asegurar insumos estratégicos.

Para México, aunque el acuerdo es bilateral, sus efectos pueden sentirse por vías indirectas. La economía mexicana está altamente integrada a Norteamérica: cerca de cuatro quintas partes de las exportaciones nacionales se dirigen a Estados Unidos, y el dinamismo reciente del “nearshoring” —la relocalización de producción hacia México— descansa en el acceso preferencial al mercado estadounidense bajo el T-MEC. Cualquier movimiento que altere flujos de comercio, costos de insumos o decisiones de inversión en la región puede modificar el mapa competitivo de manufacturas, logística y atracción de capital.

Uno de los puntos sensibles es el componente automotriz. La apertura canadiense a un volumen de vehículos eléctricos chinos con arancel preferencial sugiere una estrategia para ampliar oferta y competencia en un segmento clave de la transición energética. Para México, donde el sector automotriz es columna vertebral de exportación y empleo industrial, el mensaje es doble: por un lado, la electrificación global seguirá presionando a la cadena de proveeduría a adaptarse (baterías, electrónica, materiales críticos, infraestructura); por otro, se mantiene la interrogante sobre cómo responderá Norteamérica ante el avance de autos chinos, ya sea mediante medidas defensivas, reglas de origen más estrictas o revisiones regulatorias vinculadas al T-MEC.

En el terreno agroalimentario, la reducción arancelaria china a derivados de canola beneficia directamente a Canadá, un jugador relevante en oleaginosas. Sin embargo, el movimiento confirma que China continúa reordenando su canasta de proveedores para productos estratégicos, lo que puede abrir o cerrar espacios a terceros países según precio, calidad y condiciones sanitarias. México, que busca ampliar exportaciones agroindustriales y depende de importaciones de granos y oleaginosas para su mercado interno, podría enfrentar cambios en precios internacionales y en competencia por proveedurías, especialmente si el reacomodo comercial aumenta la volatilidad de commodities.

El acuerdo también se da en un momento en que México navega un ciclo de tasas de interés todavía elevadas en términos reales —aunque con recortes graduales frente a la desinflación— y un tipo de cambio sensible a noticias externas. La reconfiguración comercial global y el riesgo de nuevas rondas de aranceles entre grandes economías suelen reflejarse en primas de riesgo, flujos hacia mercados emergentes y expectativas de inversión. Para las empresas mexicanas, esto se traduce en un entorno donde decisiones de cobertura cambiaria, costos de financiamiento y planeación de inventarios pueden volverse más relevantes.

A futuro, el principal ángulo para México es cómo este tipo de acuerdos influye en la competencia por inversión productiva en Norteamérica. Si Canadá mejora su acceso a bienes chinos específicos sin romper con Estados Unidos, podría ganar flexibilidad en costos para ciertas industrias. México, por su parte, mantiene ventajas por cercanía geográfica, costos laborales y redes manufactureras, pero enfrenta retos persistentes: limitaciones de infraestructura eléctrica, disponibilidad de agua en regiones industriales, seguridad en corredores logísticos y certidumbre regulatoria. En un mundo donde la geopolítica y la política industrial pesan más, la atracción de proyectos dependerá tanto de la estabilidad local como de la capacidad de integrarse a cadenas de valor con trazabilidad y cumplimiento de reglas de origen.

En síntesis, el acuerdo China-Canadá es una señal de que las alianzas comerciales se están recalibrando bajo presiones proteccionistas y necesidades de diversificación. Para México, el impacto será indirecto pero relevante: puede influir en la competencia en autos eléctricos, en el acomodo de precios e insumos agroindustriales y en el clima financiero que acompaña al nearshoring. La lectura neutral es que México gana margen si fortalece condiciones internas para inversión y logística, y pierde terreno si se rezaga en energía, infraestructura y certidumbre frente a un entorno internacional cada vez más transaccional.

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