Remesas arrancan 2026 a la baja: menor empleo en Estados Unidos y cautela migrante presionan los envíos
La caída de remesas en enero refleja un entorno laboral más frágil en Estados Unidos y mayor incertidumbre para migrantes, con efectos en el consumo regional.
Las remesas hacia México iniciaron 2026 con una señal de enfriamiento. En enero ingresaron 4,594 millones de dólares, cifra reportada por el Banco de México (Banxico) que implicó una disminución anual de 1.4% y un retroceso de 13.5% frente a diciembre, en un arranque de año marcado por mayores dudas sobre la fortaleza del empleo en Estados Unidos y por un clima de cautela entre comunidades migrantes.
Más allá del monto, el ajuste también se observó en la dinámica de operaciones: el número de envíos se redujo a 11,461, un descenso de 5.2% en comparación con enero de 2025. Esta combinación —menos transferencias y un total menor— sugiere que el flujo no sólo se moderó por factores estacionales, sino por una reducción efectiva en la capacidad o disposición de los hogares migrantes para mandar dinero.
Analistas han vinculado el comportamiento reciente con el aumento del desempleo entre trabajadores de origen mexicano en Estados Unidos, así como con el endurecimiento del ambiente migratorio. En ese contexto, el temor a exponerse en actividades cotidianas —incluidas salidas para trabajar, trasladarse o realizar trámites— puede traducirse en menos horas laboradas o en una mayor informalidad, lo que termina por afectar el ingreso disponible para enviar remesas.
El ajuste cobra relevancia macroeconómica porque las remesas han sido uno de los amortiguadores del consumo en México durante los últimos años, en particular para entidades con alta dependencia de estos recursos. En 2025, México captó 61,791.2 millones de dólares, un nivel menor al de años previos y consistente con la idea de que el periodo 2020-2024 concentró flujos excepcionalmente elevados, influenciados por un mercado laboral estadounidense más dinámico y por un tipo de cambio que, en varios episodios, superó los 20 pesos por dólar, elevando el poder de compra de cada envío.
Implicaciones para el consumo y la economía regional
En la economía cotidiana, las remesas suelen financiar gasto corriente —alimentos, vivienda, salud, educación— y, en menor medida, mejoras del hogar o inversión en pequeños negocios. Por ello, una menor entrada de recursos puede sentirse primero en el comercio local y en servicios en municipios donde estos ingresos son un componente central del presupuesto familiar. Distintos diagnósticos han mostrado, además, que las remesas son una fuente relevante de ingreso para mujeres en México, lo que amplifica su papel en el sostén del consumo del hogar y en la estabilidad financiera de comunidades que enfrentan empleos locales de baja remuneración.
La lectura regional importa: estados tradicionalmente receptores como Zacatecas, Guerrero y Michoacán suelen mostrar una sensibilidad mayor ante cambios en el flujo. Cuando el ingreso por remesas se desacelera, el impacto puede reflejarse en ventas minoristas, demanda de ciertos servicios y capacidad de pago de créditos de consumo en zonas donde estos recursos complementan salarios locales. Si bien el sistema financiero no depende de manera directa de las remesas, una menor liquidez familiar puede influir en la morosidad de segmentos específicos y en la dinámica de depósitos en instituciones con presencia fuerte en regiones receptoras.
En el frente cambiario, la apreciación del peso mexicano también puede restar incentivos a aumentar envíos, porque reduce el monto recibido en moneda local por cada dólar transferido. Aunque el tipo de cambio no es el único determinante, sí afecta la percepción de “rendimiento” del esfuerzo del migrante y puede acelerar la normalización del flujo tras los máximos observados en años recientes.
Hacia adelante, el comportamiento de las remesas dependerá en buena medida de la trayectoria del empleo en Estados Unidos, de la política migratoria y de la evolución del tipo de cambio. Un escenario de desaceleración económica al norte de la frontera suele traducirse en menor contratación en sectores intensivos en mano de obra migrante, mientras que episodios de mayor incertidumbre regulatoria elevan la cautela y pueden interrumpir rutinas laborales. Del lado mexicano, si el consumo interno se enfría y el crecimiento se mantiene moderado, el papel de las remesas como soporte de ingreso familiar seguirá siendo un punto clave para evaluar el pulso de la demanda en varias regiones.
En síntesis, el descenso de enero no implica por sí mismo un quiebre estructural, pero sí refuerza la señal de que el ciclo extraordinario de remesas de años recientes se está normalizando; el reto será medir qué tan persistente resulta la moderación y cómo se transmite al consumo regional y a la estabilidad financiera de los hogares receptores.





