México acelera como potencia exportadora de dispositivos médicos, pero su reto es subir en la cadena de valor
El auge exportador de dispositivos médicos consolida clústeres en el norte y occidente del país, mientras el reto es desarrollar más proveedores y tecnología propia.
La exportación de dispositivos médicos en México dejó de ser un segmento periférico dentro de la manufactura para convertirse en una pieza cada vez más visible del motor externo del país. En un periodo de cinco años, el valor de las ventas al exterior se duplicó: pasó de 10,668 millones de dólares en 2020 a 20,550 millones en 2025, de acuerdo con cifras de Banco de México. El salto confirma que, además de la industria automotriz y la electrónica, México está construyendo un frente competitivo en bienes de salud con alto contenido técnico y exigencias regulatorias crecientes.
El crecimiento se entiende por una mezcla de factores: mayor demanda global posterior a la pandemia, reorganización de cadenas de suministro en América del Norte, maduración de clústeres manufactureros y disponibilidad de talento técnico. En un entorno donde el nearshoring sigue siendo un tema central para la economía mexicana —por su cercanía logística con Estados Unidos (EE. UU.) y su red de tratados—, los dispositivos médicos han encontrado terreno fértil por la necesidad de entregas rápidas, trazabilidad, controles de calidad y certificaciones internacionales.
En términos de posicionamiento, México se mantiene como el principal exportador de dispositivos médicos de América Latina y figura entre los grandes jugadores globales por volumen. Una característica clave del modelo es la alta concentración del destino: alrededor de 90% de estas exportaciones se dirigen a Estados Unidos, lo que vuelve al sector particularmente sensible al ciclo industrial y a las decisiones regulatorias y de compras del mercado estadounidense, pero también le da estabilidad por la integración productiva regional.
El atractivo para corporativos globales no se limita al costo. La industria opera con procesos regulados, pruebas, validaciones y auditorías que requieren disciplina industrial. En ese terreno, México ha desarrollado capacidades: ingeniería de manufactura, control de calidad, metrología y manejo de materiales especializados. La combinación de escala, experiencia exportadora y cercanía con el mayor mercado del mundo ha consolidado al país como plataforma para líneas de producción que van desde consumibles (jeringas, catéteres) hasta componentes y ensambles de mayor precisión.
Clústeres, empleo especializado y la “segunda ola” del nearshoring
La geografía industrial del sector se apoya en polos que ya eran fuertes en manufactura avanzada. Baja California y Sonora han crecido como corredores vinculados a la demanda estadounidense; Chihuahua sostiene una base industrial robusta; y Guadalajara se ha vuelto un punto de convergencia entre manufactura, electrónica y capacidades de diseño, mientras la zona metropolitana de la Ciudad de México concentra servicios especializados, investigación y actividades corporativas. Esta red permite integrar proveedores, servicios de calibración, empaque estéril, logística y talento técnico, elementos críticos para competir en un negocio donde los errores cuestan certificaciones y contratos.
El impacto en el mercado laboral también es relevante: el sector tiende a generar empleo formal con perfiles técnicos —operadores especializados, técnicos en procesos, ingenieros de calidad, validación y automatización— y demanda capacitación continua por cambios en normas y equipos. En un contexto nacional donde el empleo manufacturero ha enfrentado presiones por desaceleraciones sectoriales y por la transición tecnológica, los dispositivos médicos aportan una ruta de crecimiento con mayor sofisticación y, en muchos casos, mejores prácticas de cumplimiento y trazabilidad.
La industria también se beneficia de la participación de empresas globales que han instalado plantas para exportación y procesos regulados, lo que empuja estándares hacia su cadena de suministro. Esto abre oportunidades para proveedores nacionales de plásticos de grado médico, empaques, componentes metálicos, maquinados de precisión, electrónica, esterilización y servicios de laboratorio. Sin embargo, el desafío es que más empresas mexicanas logren certificaciones internacionales y escala para convertirse en proveedores recurrentes y no solo en suministradores marginales.
Desde la óptica macroeconómica, el desempeño exportador aporta divisas y ayuda a diversificar la canasta manufacturera, algo especialmente valioso para México en momentos de volatilidad externa. Al mismo tiempo, la concentración en un solo mercado obliga a gestionar riesgos: variaciones en el ciclo de consumo e inversión de EE. UU., cambios en políticas de compras hospitalarias, episodios de disrupción logística o ajustes regulatorios pueden traducirse rápidamente en ajustes de órdenes de producción.
En paralelo al auge exportador, México mantiene una dependencia importante de importaciones en segmentos de alta complejidad: equipos avanzados, ciertos insumos de diagnóstico y componentes críticos. Las importaciones del sector salud rondaron 10,550 millones de dólares en 2024, según referencias sectoriales, lo que sugiere que el país exporta con fuerza en manufactura, pero aún compra tecnología y partes estratégicas. Esta dualidad —exportador relevante y, a la vez, importador neto en rubros sofisticados— marca el siguiente paso: impulsar contenido nacional, capacidades de diseño, pruebas clínicas y desarrollo de propiedad intelectual.
El gobierno federal, por su parte, ha colocado a la industria farmacéutica y de dispositivos médicos dentro de sus sectores prioritarios de política industrial. En la práctica, la efectividad de ese impulso dependerá de condiciones habilitantes: certidumbre regulatoria, infraestructura eléctrica y de agua confiable en regiones industriales, seguridad en corredores logísticos, agilidad aduanera y formación de talento técnico. La asistencia a ferias internacionales y la promoción de paquetes de atracción ayudan, pero el salto estructural se medirá por el número de proveedores certificados, la complejidad del producto fabricado y el crecimiento de actividades de ingeniería, validación y diseño dentro del país.
En el horizonte, el mercado apunta a segmentos de expansión: imagenología, dispositivos para cirugía mínimamente invasiva, sensores, componentes para equipos de monitoreo, salud digital y logística especializada de cadena de frío. Además, la competencia tecnológica entre potencias —y la sensibilidad geopolítica de las cadenas de suministro— podría acelerar decisiones de regionalización en América del Norte, con México como candidato natural si mantiene condiciones de inversión y capacidad de respuesta.
En síntesis, el sector de dispositivos médicos está reforzando el perfil exportador de México con manufactura regulada y empleo especializado, pero el reto de fondo es elevar el contenido tecnológico y reducir dependencias en insumos críticos, sin perder competitividad frente a cambios de ciclo en Estados Unidos.





