IEPS y aranceles: nuevos choques de precios ponen a prueba la ruta de Banxico hacia la meta de inflación

05:55 05/01/2026 - PesoMXN.com
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IEPS y aranceles: nuevos choques de precios ponen a prueba la ruta de Banxico hacia la meta de inflación

El arranque de 2026 perfila un frente adicional para la política monetaria en México: la combinación de mayores impuestos —en particular el IEPS a bebidas azucaradas— y un endurecimiento de aranceles a ciertas importaciones, principalmente de origen asiático, podría traducirse en alzas puntuales de precios que complicen el proceso de desinflación. En este escenario, analistas del sector financiero anticipan que el Banco de México (Banxico) mantendrá un enfoque prudente y que el ciclo de recortes a la tasa de referencia avanzaría con mayor cautela, en un entorno donde el balance de riesgos para la inflación aún no termina de inclinarse a la baja.

La discusión se da en un momento en el que la inflación en México ha mostrado resistencia para converger con claridad a la meta puntual de 3% (±1 punto porcentual). Aunque la inflación general se ha moderado respecto a los máximos observados tras la pandemia y los choques energéticos globales, el componente subyacente —que excluye productos de alta volatilidad— suele ser la guía clave para el banco central, y su trayectoria es la que determina qué tan rápido puede relajarse la postura monetaria sin reavivar presiones de precios.

Dentro de la propia Junta de Gobierno, uno de los puntos de atención ha sido el riesgo de recortar la tasa antes de que la desinflación sea más consistente. En meses recientes, voces como la del subgobernador Jonathan Heath han advertido sobre el desajuste entre una tasa a la baja y una inflación que no termina de “ceder” con la claridad deseada, lo que explica por qué el mercado sigue dividido sobre el momento en el que la inflación regresará de forma sostenida al objetivo.

En el frente fiscal, el incremento del IEPS a bebidas azucaradas se perfila como un factor de impacto inmediato en el Índice Nacional de Precios al Consumidor, sobre todo en los datos de enero y febrero, por su transmisión relativamente rápida a anaqueles. De acuerdo con estimaciones oficiales citadas por analistas, Hacienda prevé una recaudación relevante por este concepto, en línea con una estrategia que busca fortalecer ingresos tributarios. Si bien estos ajustes no necesariamente provocan una espiral inflacionaria por sí mismos, sí tienden a “empujar” el nivel de precios en el corto plazo y a contaminar la lectura mensual, algo que Banxico suele observar con detalle para evaluar si los efectos son transitorios o si se filtran hacia la inflación subyacente.

El segundo vector de presión proviene del comercio exterior: nuevos aranceles a determinados productos importados —con énfasis en mercancías asiáticas— pueden encarecer insumos y bienes finales, dependiendo de la capacidad de las empresas para sustituir proveedores, renegociar contratos o absorber costos. Analistas señalan que algunas industrias pudieron adelantar inventarios para amortiguar el golpe en los primeros meses, pero el efecto podría reaparecer conforme se normalicen existencias, sobre todo en cadenas donde México depende de componentes importados para manufactura, electrónica, equipo de cómputo, textiles o productos de consumo.

Un tercer elemento a vigilar es el costo laboral. El aumento reciente al salario mínimo (de dos dígitos) tiende a reflejarse con mayor fuerza en servicios intensivos en mano de obra, como restaurantes, turismo, comercio y ciertos servicios personales. En la práctica, estos rubros han sido parte del “núcleo duro” de la inflación, porque su ajuste suele ser más persistente y menos sensible a la caída de precios internacionales de energéticos o alimentos. Si el traspaso a precios se acelera, Banxico podría encontrar menos espacio para recortar tasas sin poner en riesgo expectativas inflacionarias.

Aun con esas presiones, el tipo de cambio sigue siendo una pieza central del rompecabezas. Un peso relativamente fuerte frente al dólar ayuda a moderar el costo en pesos de importaciones y puede compensar parcialmente choques arancelarios o fiscales. Sin embargo, el entorno externo luce más complejo: cambios en la política monetaria global —por ejemplo, ajustes de tasas en Japón tras años de condiciones ultraexpansivas— pueden reconfigurar flujos hacia activos en yenes y modificar el apetito por riesgo, con posibles repercusiones en monedas emergentes. Además, la trayectoria de la economía de Estados Unidos, el diferencial de tasas y los episodios de volatilidad global suelen trasladarse con rapidez al mercado cambiario mexicano.

Para 2026, varias mesas de análisis esperan que Banxico avance con recortes limitados y mantenga una tasa relativamente elevada por más tiempo, si la inflación general se mantiene por arriba de 4% y, sobre todo, si la subyacente no baja al ritmo esperado. En paralelo, el débil crecimiento interno —con consumo más selectivo, inversión privada sensible a tasas y un ciclo industrial ligado a la demanda estadounidense— podría actuar como freno natural de precios, aunque no siempre es suficiente cuando hay choques de oferta o ajustes administrados (impuestos, tarifas, aranceles).

Hacia adelante, el reto será distinguir entre efectos de una sola vez (como un impuesto específico) y presiones persistentes (servicios, salarios, expectativas). Si los choques de inicio de año elevan la inflación mensual pero no contaminan la subyacente, Banxico tendría margen para retomar gradualmente los recortes. En cambio, si se observa un traspaso más amplio a precios de servicios o a mercancías no alimenticias, el banco central podría extender el tono restrictivo para proteger el anclaje de expectativas, aun a costa de una recuperación más lenta.

En síntesis, el arranque de 2026 combina decisiones fiscales y comerciales que pueden elevar precios en el corto plazo, con un mercado laboral que mantiene presiones en servicios y un tipo de cambio que podría funcionar como amortiguador o como fuente de volatilidad. La lectura de inflación de los primeros meses será clave para calibrar la velocidad de los recortes de Banxico y, con ello, el costo del crédito para hogares y empresas.

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