UE e India crean un megatrato comercial: nuevas rutas de inversión y competencia que México no puede ignorar
La Unión Europea e India cerraron un acuerdo de libre comercio tras cerca de dos décadas de negociaciones, con la promesa de reducir aranceles y ampliar el intercambio de bienes, servicios y movilidad de talento. El pacto busca dar certidumbre en un entorno marcado por tensiones geopolíticas y por la guerra arancelaria impulsada desde Estados Unidos, al tiempo que pretende acotar la presión competitiva de China en cadenas industriales estratégicas.
En términos prácticos, el acuerdo apunta a recortar gravámenes indios en rubros donde Europa es especialmente fuerte: automóviles, agroindustria de alto valor (como vino y aceite de oliva) y servicios. India, por su parte, busca fortalecer ventas externas de textiles, joyería, piedras preciosas y artículos de cuero, además de atraer inversión y tecnología europea para modernizar su base productiva. De acuerdo con cifras difundidas por Bruselas, el intercambio bilateral ya venía creciendo con fuerza y el nuevo marco pretende acelerar esa tendencia mediante reglas más claras y menores costos de acceso al mercado.
Para México, el movimiento es relevante por dos vías: competencia por inversión productiva y reconfiguración de flujos comerciales globales. La economía mexicana ha ganado terreno en los últimos años como plataforma de manufactura y exportación por el fenómeno de nearshoring, apoyado en la integración con Norteamérica (T-MEC), la fortaleza exportadora del sector automotriz y la cercanía logística con el mercado estadounidense. Sin embargo, un acceso preferencial de Europa a India —y viceversa— puede modificar decisiones corporativas en industrias donde México compite por nuevas plantas, desde autopartes y electrónica hasta farmacéutica y químicos.
En el corto plazo, el efecto directo sobre el comercio mexicano podría ser acotado, pero el impacto indirecto puede ser significativo: si grandes armadoras y proveedores europeos encuentran en India un mercado más rentable y menos protegido, una porción de inversión que hoy “mira” a México como trampolín exportador podría diversificarse hacia Asia. Al mismo tiempo, si India gana presencia en textiles, químicos finos o insumos intermedios dentro de Europa, eso puede presionar precios y desplazar proveedores de terceros países, obligando a México a subir contenido tecnológico y diferenciarse en nichos.
La señal de fondo es que las grandes economías están cerrando acuerdos para blindar cadenas de suministro y asegurar acceso a mercados. México llega a esta etapa con ventajas claras —mano de obra especializada en manufactura, experiencia exportadora, tratados comerciales y una base industrial integrada con EUA—, pero también con cuellos de botella: limitaciones en infraestructura logística, disponibilidad de energía y agua en polos industriales, así como incertidumbre regulatoria en sectores clave. En el frente macro, el país mantiene como ancla la política monetaria de Banco de México, con el reto de consolidar la desinflación sin frenar la actividad, mientras el tipo de cambio y los flujos financieros reaccionan a la trayectoria de tasas en EUA y al apetito global por riesgo.
También hay una lectura de oportunidad. México y la Unión Europea modernizaron recientemente su propio acuerdo global (pendiente de procesos internos de ratificación y ajustes finales), lo que abre espacio para profundizar comercio e inversión con el bloque europeo en manufacturas, agroalimentos y servicios. Si Europa acelera su presencia en India, empresas europeas podrían buscar capacidades complementarias en Norteamérica para atender el mercado estadounidense con reglas de origen y logística competitiva, y México puede colocarse como parte de esa estrategia si ofrece certidumbre, energía disponible y mejor conectividad ferroviaria/portuaria.
Hacia adelante, el reto para México será doble: sostener el atractivo del nearshoring y, al mismo tiempo, diversificar mercados y capacidades tecnológicas para no depender en exceso del ciclo político-comercial de EUA. En un mundo de acuerdos “gigantes” y bloques cada vez más activos, la ventaja ya no será solo geográfica: será institucional, energética y de productividad.
En perspectiva, el acuerdo UE-India refuerza la competencia global por inversión y por acceso preferencial a mercados. Para México, el mensaje es claro: el nearshoring no es automático ni permanente; requiere infraestructura, certidumbre y una estrategia industrial que aproveche tratados existentes y eleve el contenido de valor agregado para sostener su posición en las cadenas de Norteamérica.





