Tomate mexicano busca oxígeno en Canadá tras el antidumping de EE. UU.; la diversificación pone a prueba al agroexportador
El golpe comercial que representó la cuota antidumping aplicada por Estados Unidos al tomate mexicano desde julio de 2025 aceleró un reacomodo que el sector venía posponiendo: depender menos del mercado estadounidense y abrir, aunque sea gradualmente, nuevas rutas de exportación. En ese giro, Canadá se ha convertido en una válvula de escape más visible, con un repunte notable en los envíos de tomate fresco o refrigerado durante la segunda mitad del año.
Entre enero y noviembre de 2025, las exportaciones mexicanas de tomate a Canadá sumaron 8.1 millones de dólares, un avance de 134% frente al mismo periodo de 2024, de acuerdo con cifras reportadas por autoridades económicas. El detalle temporal resulta clave: cerca de tres cuartas partes del monto se concentró entre agosto y noviembre, es decir, después de que entró en vigor la medida antidumping en el mercado estadounidense. El patrón sugiere un ajuste táctico de productores y comercializadoras para compensar parte del encarecimiento y la mayor incertidumbre al cruzar la frontera norte.
El rebote de 2025 contrasta con el año previo, cuando el tomate mexicano retrocedió en Canadá: las ventas fueron de alrededor de 4.1 millones de dólares, una caída anual de 24.5%. Aun con el avance reciente, Canadá sigue siendo marginal en el mapa exportador del tomate: en los primeros diez meses de 2025 concentró cerca de 0.34% del total exportado, desde 0.11% un año antes. El dato, aunque pequeño, es relevante por el contexto: en paralelo, la participación de EUA cedió terreno, reflejando el impacto del nuevo costo comercial.
La industria del tomate es una pieza central del agro mexicano: genera empleo en estados productores del noroeste y occidente, activa cadenas de empaque, transporte refrigerado y logística fronteriza, y aporta alrededor de 3,000 millones de dólares anuales en exportaciones en un año típico. En un país donde el crecimiento económico se ha moderado y donde el consumo interno enfrenta episodios de inflación de alimentos, el desempeño del sector agroexportador también influye en ingresos regionales, inversión y estabilidad de precios en el mercado doméstico.
El episodio de 2025 estuvo marcado por el fin del Acuerdo de Suspensión y la imposición de una cuota antidumping de 17% en el mercado estadounidense. Para el productor, el impacto no se limita al arancel: se traduce en mayor volatilidad en precios de referencia, renegociaciones de contratos, ajustes en calendarios de siembra y, en algunos casos, más presión sobre el capital de trabajo. Con tasas de interés que, aunque han empezado a relajarse frente a picos recientes, siguen elevadas en términos reales para muchas unidades productivas, financiar inventarios o reconvertir infraestructura puede resultar más costoso, especialmente para productores medianos.
La respuesta del lado mexicano incluyó el establecimiento de precios mínimos de exportación por tipo de tomate, buscando ordenar el mercado y reducir disputas sobre subvaluación. Sin embargo, el margen de maniobra es limitado mientras el principal comprador permanezca encarecido por la cuota. En el periodo enero-noviembre de 2025, los envíos totales a EE. UU. registraron una caída cercana a 16% anual, según los datos citados por el propio sector. A ello se suman riesgos no comerciales: clima más errático, presión hídrica en zonas agrícolas y costos logísticos que han mostrado episodios de repunte.
Canadá, por su parte, ofrece ventajas evidentes: consume cerca de 780,000 toneladas de tomate al año y, bajo el marco del T-MEC, mantiene acceso libre de aranceles para el producto mexicano. El reto está en la escala y en la competencia. México apenas abastece una fracción mínima del mercado canadiense, lo que revela espacio potencial, pero también la necesidad de construir relaciones comerciales más profundas, asegurar consistencia de calidad, cumplir especificaciones de empaque y fortalecer la logística de frío para recorridos más largos y calendarios más exigentes.
La diversificación, además, no se resuelve solo con “encontrar compradores”. Requiere inversión en tecnología agrícola (invernaderos, riego eficiente, control de plagas), innovación poscosecha para alargar vida de anaquel y una estrategia de valor agregado que permita competir sin depender de precios bajos. En el mediano plazo, también pesa el entorno macro: un dólar estadounidense fuerte o débil incide en ingresos por exportación, mientras que la volatilidad cambiaria afecta costos de insumos importados (fertilizantes, plásticos, tecnología). Asimismo, la reconfiguración manufacturera vinculada al nearshoring puede presionar infraestructura logística en corredores clave, elevando competencia por transporte y almacenamiento.
Hacia adelante, el desempeño del tomate mexicano dependerá de tres frentes: la evolución del conflicto comercial con Estados Unidos, la capacidad real de abrir y sostener mercado en Canadá y otros destinos, y la adaptación productiva frente a clima y costos. Si el sector logra consolidar exportaciones fuera del mercado estadounidense, podría reducir vulnerabilidad y estabilizar ingresos; si no, el arancel seguirá actuando como un freno estructural en una de las agroindustrias más relevantes del país.
En perspectiva, el repunte hacia Canadá en 2025 confirma una reacción rápida a un choque comercial, pero también subraya la concentración histórica del tomate mexicano en EUA. La diversificación luce viable, aunque lenta y exigente en inversión, logística y cumplimiento; el desenlace dependerá de cómo se reacomoden reglas comerciales, costos financieros y condiciones productivas en los próximos ciclos agrícolas.





