Seguros en México: Moody’s ve más contratación en 2026 pese a primas al alza y presión en salud
La industria aseguradora en México perfila un 2026 de mayor dinamismo, incluso en un entorno de primas más caras en ramos clave como autos y gastos médicos. Un análisis de Moody’s Local estima que el sector podría acelerar su crecimiento a 9.6% en 2026, desde un estimado de 7.6% en 2025, apoyado por una mejor tracción de la actividad económica y por el avance del empleo formal. La lectura de la calificadora es que, aun con ajustes de tarifas y presiones de costos, la demanda de protección financiera seguirá ganando terreno conforme hogares y empresas normalicen el aseguramiento como parte de su planeación.
El argumento central detrás de la expectativa positiva es macroeconómico: con una expansión moderada del PIB y una base laboral formal más amplia, se amplía el universo de personas con capacidad de pago y acceso a productos vinculados al empleo. En particular, Moody’s anticipa que el segmento de vida será uno de los beneficiados, con un crecimiento proyectado de 7.8% en 2026 (desde 5.8% en 2025), por la mayor contratación asociada a prestaciones, crédito y protección patrimonial. En paralelo, la firma también espera un mejor desempeño de fianzas, impulsado por obra y proyectos de infraestructura, un rubro que suele repuntar cuando hay mayor ejecución de contratos y cadenas de proveeduría.
Detrás del encarecimiento de ciertas pólizas hay una combinación de factores regulatorios y de costo. En 2025 se incorporó un cambio fiscal relevante para las aseguradoras: se limitó la deducción del IVA pagado por siniestros, lo que elevó el costo efectivo de atender reclamaciones y obligó a integrar ese IVA como parte de la pérdida técnica. Este ajuste afecta principalmente a seguros de auto, gastos médicos y daños (como sismos, incendios e inundaciones), y ha llevado a incrementos de tarifas que en varios casos se ubican en un rango de 6% a 10%, dependiendo del perfil de riesgo y la siniestralidad de cada cartera.
Moody’s Local sostiene que, en términos de solvencia, el sector tiene “colchones” suficientes para absorber el golpe regulatorio; sin embargo, reconoce que la rentabilidad de algunas compañías podría seguir bajo presión en 2026 y que el reacomodo se reflejará gradualmente en renovaciones. En el mercado, el ajuste de precios no es homogéneo: cada aseguradora recalibra primas con base en variables actuariales —frecuencia y severidad de siniestros, costos de reparación, inflación de servicios médicos y reservas—, por lo que los aumentos varían según edad, zona, deducibles y suma asegurada.
En gastos médicos, el debate va más allá de impuestos. Intermediarios del sector apuntan a una presión estructural: el encarecimiento sostenido de la atención, la creciente demanda de servicios privados y la elevación de costos hospitalarios y de insumos. La llamada “inflación médica” suele ubicarse por arriba de la inflación general, lo que erosiona la viabilidad de primas estables; en la práctica, esto se traduce en renovaciones con incrementos de doble dígito y ajustes más pronunciados en adultos mayores. Para los hogares, el efecto es inmediato: mayor gasto fijo mensual o anual, y una decisión más difícil entre mantener cobertura amplia, elevar deducibles o reducir sumas aseguradas.
El seguro de auto, por su parte, enfrenta presiones distintas. A los costos fiscales se suman el precio de refacciones, el robo y la siniestralidad por accidentes, aunque el mercado ha mostrado amortiguadores: mayor competencia en modelos y una oferta creciente de vehículos importados —incluidos los de origen asiático— ha contenido parcialmente el precio de algunas pólizas. Con todo, Moody’s prevé que la contratación en autos crezca alrededor de 11.5% en 2026, después de 9.5% el año previo, reflejando una mayor penetración del seguro y el aumento del parque vehicular, particularmente en zonas metropolitanas.
En el trasfondo también pesa el ciclo de tasas. Con Banxico en una fase de normalización monetaria tras el episodio inflacionario de años recientes, el costo del crédito y la evolución del consumo inciden en la demanda de seguros vinculados a financiamiento (autos, hipotecario, vida). Si las tasas continúan bajando de forma ordenada, el crédito podría recuperar dinamismo y, con ello, empujar productos aseguradores asociados; si, en cambio, se reavivan presiones inflacionarias o se deteriora el entorno externo, el gasto de los hogares podría reorientarse hacia lo indispensable, afectando la compra de coberturas voluntarias.
En suma, 2026 se perfila como un año de expansión para el sector asegurador, pero con un consumidor más sensible a precio y con aseguradoras obligadas a afinar sus modelos de riesgo. La combinación de empleo formal, mayor actividad en proyectos y una cultura financiera gradualmente más orientada a la prevención puede sostener el crecimiento; el reto será que el encarecimiento —especialmente en salud— no frene la penetración, y que los ajustes fiscales y de costos se traduzcan en productos más eficientes y transparentes para el usuario final.






