Salario mínimo subirá 13% en 2026: alcance real, riesgos de “efecto faro” y lo que viene para precios y empleo
El gobierno federal anunció que el salario mínimo general aumentará 13% a partir del 1 de enero de 2026, al pasar de 278.80 a 315.04 pesos diarios. En la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN), el ajuste será de 5%, con un nuevo nivel de 440.87 pesos. El alza beneficiará de forma directa a quienes perciben el mínimo y a los trabajadores con contratos indexados explícitamente a ese referente. Para la mayoría del empleo formal —que ya gana por encima del mínimo— los incrementos suelen definirse por negociación individual o colectiva y por la evolución de la inflación, hoy cercana a 3.8%.
De acuerdo con analistas laborales, el impacto más visible se concentrará en sectores intensivos en mano de obra con alta prevalencia de salarios bajos, como agricultura, comercio minorista, hospedaje y algunos servicios personales. En esos rubros el ajuste puede elevar la masa salarial y presionar costos, particularmente entre micro y pequeñas empresas. No obstante, no existe una obligación legal generalizada para elevar sueldos por encima del mínimo si no está previsto en contratos o convenios, por lo que la mayoría de las nóminas se revisará conforme a prácticas habituales de mercado y al comportamiento de los precios.
El anuncio reaviva el debate sobre el llamado “efecto faro”: la tendencia de trabajadores que no ganan el mínimo a solicitar aumentos proporcionales cuando éste sube con fuerza. Si bien esa dinámica puede ocurrir en ciertas ramas y escalas salariales, su traslape no es automático. En México, la sustitución de la UMA como referencia para multas, tramites y algunos cobros públicos ha reducido la indexación directa al mínimo y, con ello, el riesgo de una cascada inmediata de ajustes. El grado de traslado a precios dependerá del margen de las empresas, la competencia y la capacidad de absorber costos mediante productividad.
Para la política monetaria, el punto a vigilar serán los efectos de segunda ronda. Si las revisiones salariales más allá del mínimo se amplían y se trasladan a precios de bienes y servicios básicos, la inflación podría tardar más en converger a la meta de 3% del Banco de México, prolongando una postura de tasas relativamente restrictiva. En episodios recientes, el banco central ha señalado que los incrementos al salario mínimo han tenido impactos acotados y concentrados, pero advierte que alzas de gran magnitud y persistencia pueden alterar expectativas si no van acompañadas de ganancias de productividad.
El aumento eleva el ingreso mínimo mensual de referencia a 9,582.47 pesos, según equivalencias oficiales, y busca continuar la recuperación del poder adquisitivo iniciada en 2019. Desde entonces, el salario mínimo ha crecido por encima de la inflación, contribuyendo a mejorar el ingreso de los trabajadores con menores percepciones y a reducir la proporción de ocupados por debajo de la línea de bienestar. Sin embargo, más de la mitad del empleo total permanece en la informalidad, donde la transmisión de estos ajustes es heterogénea y depende de la dinámica local de demanda y competencia.
En la ZLFN, el nuevo nivel parte de una base más alta, en buena medida por la presión del mercado laboral estadounidense y el mayor costo de vida fronterizo. Manufactura exportadora y logística podrían absorber mejor el incremento, dados ingresos en dólares y productividad relativa más elevada, mientras que pequeños comercios y servicios locales podrían resentirlo con mayores costos operativos. En el resto del país, el comercio al detalle, restaurantes y servicios personales son los más expuestos a variaciones en costos laborales, con capacidad limitada para trasladarlos sin perder clientela.
La trayectoria futura de precios de bienes sensibles al salario —como alimentos preparados, servicios personales y algunos insumos básicos— dependerá de la competencia y del margen de maniobra de cada negocio. Productos de la canasta como tortilla, huevo y leche suelen moverse por múltiples factores (insumos, transporte, clima, tipo de cambio), por lo que el salario es solo uno de varios determinantes. Para atenuar presiones, la evidencia internacional sugiere acompañar los ajustes con mejoras en logística, apertura a la competencia y apoyos focalizados a Mipymes orientados a digitalización, formalización y eficiencia energética.
De cara a 2026, las negociaciones salariales en empresas medianas y grandes probablemente se estacionen en incrementos más cercanos a la inflación esperada, con ajustes adicionales atados a desempeño y productividad. El balance del mercado laboral —que se ha mantenido relativamente firme—, el crecimiento del crédito al consumo y la inversión asociada al nearshoring serán factores clave para determinar si el “efecto faro” se amplifica o se diluye. Una economía con inversión y productividad al alza puede sostener salarios reales más altos sin generar presiones inflacionarias persistentes.
En síntesis, el aumento de 13% al salario mínimo en 2026 eleva el piso de ingresos y beneficia sobre todo a trabajadores de menores percepciones, pero su efecto general dependerá de la respuesta de empresas y de la trayectoria de la inflación. El riesgo de un “efecto dominó” amplio existe, aunque no es mecánico; su alcance estará mediado por la productividad, la competencia y la política monetaria. El reto para 2026 será consolidar el poder de compra ganado, sin perder dinamismo en empleo formal ni encarecer de forma sostenida la canasta básica.






