Bancomext apunta a 190 mil mdp en crédito nuevo: impulso a exportación, energía y nearshoring pese a la incertidumbre comercial
En un entorno donde las empresas siguen calibrando riesgos por la política comercial y la posibilidad de ajustes al TMEC, el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) prevé colocar hasta 190,000 millones de pesos en nuevos créditos durante 2026, un monto similar al del año previo. La institución, pieza central de la banca de desarrollo para el financiamiento a exportadores, busca sostener el flujo de recursos hacia sectores estratégicos justo cuando la economía mexicana transita por un ciclo de menor crecimiento, pero con oportunidades ligadas a la relocalización de cadenas productivas.
De acuerdo con directivos del banco, en 2025 la demanda de financiamiento se moderó frente a un contexto de cautela empresarial, particularmente en proyectos intensivos en capital. La lectura coincide con señales recientes del ciclo económico: inversión privada más selectiva, costos financieros todavía relevantes pese al inicio de recortes en tasas, y una mayor sensibilidad de los planes de expansión a la demanda externa, sobre todo la proveniente de Estados Unidos, principal socio comercial de México y destino de la mayor parte de las exportaciones manufactureras.
El plan crediticio de Bancomext se está alineando con objetivos del gobierno federal, en coordinación con Nacional Financiera (Nafin), para apuntalar proyectos productivos y de infraestructura vinculados al llamado “Plan México” y a los Polos de Desarrollo Económico del Bienestar. En la práctica, la banca de desarrollo suele operar como catalizador: puede asumir parte del riesgo, extender plazos y estructurar garantías para detonar inversión que, de otro modo, tardaría más en llegar por condiciones de mercado o por incertidumbre regulatoria y comercial.
Los números de la cartera también muestran hacia dónde se está orientando el esfuerzo. En 2025, el saldo total de la cartera de Bancomext rondó los 259,000 millones de pesos. Dentro de ese portafolio, destacaron los financiamientos a proyectos de energía y a naves industriales, dos rubros directamente relacionados con la competitividad exportadora y con el fenómeno de nearshoring. En particular, el financiamiento a infraestructura industrial es clave en regiones del norte y el Bajío, donde la demanda por espacios logísticos y manufactura se ha mantenido elevada, aunque condicionada por retos de energía, agua, seguridad y disponibilidad de talento.
Otra línea relevante es el turismo, que se perfila como uno de los sectores con proyectos específicos de cara a la organización del Mundial de Futbol 2026, que se celebrará en México, Canadá y Estados Unidos. La expectativa de mayor flujo de visitantes suele traducirse en inversiones en hoteles, movilidad, servicios y mejoras urbanas. Sin embargo, el impacto económico dependerá de la ejecución de obras, la conectividad y la capacidad de elevar el gasto por turista, además de la percepción de seguridad y la calidad de la oferta en destinos y ciudades sede.
En paralelo al crédito directo, Bancomext y Nafin están ampliando esquemas de garantías para que pymes accedan a financiamiento a través de la banca comercial en condiciones más competitivas. En estos programas, la banca de desarrollo cubre una parte significativa del riesgo —por ejemplo, entre 60% y 70%— para destrabar préstamos que suelen frenarse por falta de colateral, historial crediticio limitado o por el costo de los procesos de cobranza y recuperación de garantías. La estrategia apunta a un problema estructural: el bajo acceso al crédito de las pequeñas y medianas empresas, pese a su peso en empleo y actividad económica.
El énfasis en garantías también refleja una realidad del sistema financiero mexicano: aunque la banca es sólida y rentable, la intermediación hacia segmentos pequeños suele ser costosa, y los requerimientos prudenciales y operativos elevan el umbral de entrada para muchas empresas. En ese contexto, la banca de desarrollo funciona como puente para ampliar el alcance del crédito, especialmente en cadenas de proveeduría exportadora, donde la integración con empresas tractoras puede mejorar el perfil de riesgo y la trazabilidad de flujos.
En el corto plazo, el principal factor a monitorear seguirá siendo el frente externo. Una desaceleración más marcada en la economía de Estados Unidos afectaría manufacturas, autopartes y electrónica; y cualquier episodio de mayor fricción comercial o cambios en reglas de origen incrementaría la necesidad de financiamiento para ajustes de procesos, certificaciones e inversiones en capacidad instalada. En el frente interno, el desempeño de la inversión pública y privada, la certidumbre regulatoria en sectores clave —particularmente energía— y la trayectoria de tasas e inflación definirán si el crédito de la banca de desarrollo se traduce en más producción, exportaciones y empleo formal.
En síntesis, el objetivo de Bancomext de colocar 190 mil millones de pesos en 2026 sugiere continuidad de una estrategia contracíclica: sostener el financiamiento a exportación, energía, naves industriales, turismo y pymes mediante crédito y garantías. El efecto final dependerá de la confianza empresarial, del entorno comercial con Estados Unidos y de que los proyectos financiados se conviertan en inversión productiva con impactos medibles en competitividad y crecimiento.





