BofA ve cuesta arriba que México toque 3% de inflación este año y pone presión al guion de Banxico

12:46 26/01/2026 - PesoMXN.com
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BofA ve cuesta arriba que México toque 3% de inflación este año y pone presión al guion de Banxico

Bank of America (BofA) elevó el tono sobre el panorama de precios en México: estima que la inflación general cerrará el año alrededor de 4.1%, por encima de la trayectoria que ha comunicado el Banco de México (Banxico), que busca la convergencia al objetivo de 3%. Para Carlos Capistrán, economista en jefe del banco, “sería difícil” ver una lectura sostenida en torno a 3% desde el tercer trimestre, y en el mejor de los casos podría presentarse algún mes cercano a ese nivel si los rubros más volátiles —como frutas y verduras— juegan a favor.

El contraste de previsiones ocurre en un momento en el que la desinflación se ha vuelto más lenta y desigual. En México, el componente subyacente —que excluye energéticos y agropecuarios— suele ser el termómetro que más sigue el banco central por su persistencia. Aunque en el último año la tendencia general ha sido a la baja respecto de los picos observados tras la pandemia, los servicios (restaurantes, educación, vivienda y otros) han mostrado rigidez por la inercia de salarios, la indexación de algunos contratos y una demanda interna que, sin ser exuberante, se ha mantenido relativamente resiliente por el mercado laboral y el impulso del gasto en ciertos segmentos.

Capistrán atribuye riesgos al alza a factores específicos: ajustes impositivos a bebidas azucaradas, aranceles aplicados a importaciones de países asiáticos y un posible efecto transitorio de eventos masivos, como el Mundial, que tienden a presionar precios de servicios y actividades turísticas. En términos más amplios, analistas también vigilan choques de oferta (clima, logística) y la volatilidad de energéticos, que pueden “meter ruido” a la inflación general aun cuando la subyacente descienda gradualmente.

El debate no es menor porque se entrelaza con la discusión sobre credibilidad. En meses recientes, el banco central ha recortado la tasa de referencia pese a que la inflación todavía no converge al 3%, lo que ha alimentado cuestionamientos sobre si el relajamiento monetario ha sido prematuro. Dentro de la Junta de Gobierno, voces como la del subgobernador Jonathan Heath han advertido que bajar la tasa con inflación elevada puede interpretarse como complacencia. En paralelo, un análisis de Moody’s apuntó que la divergencia entre recortes y la lenta convergencia inflacionaria podría erosionar la confianza del mercado en el compromiso de estabilidad de precios.

Hacia la decisión de política monetaria de febrero, BofA anticipa que Banxico podría pausar los recortes y, más adelante, reanudarlos entre marzo y mayo para cerrar el año con una tasa cercana a 6%, que el banco considera terminal. El dilema para la autoridad monetaria es fino: recortar demasiado rápido podría reavivar presiones en precios —sobre todo en servicios—, pero mantener una postura restrictiva por más tiempo también enfría el crédito, la inversión y el consumo en un entorno en el que el crecimiento ya enfrenta retos por menor impulso externo, costos de financiamiento y cautela empresarial.

El contexto internacional añade capas de complejidad. Las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos influyen en el diferencial de tasas y en la percepción de riesgo de los activos mexicanos. Movimientos abruptos del tipo de cambio pueden trasladarse a precios de mercancías importadas, aunque el traspaso cambiario en México suele ser menor que en décadas pasadas. Aun así, para empresas con insumos dolarizados y para cadenas comerciales, un episodio de depreciación sostenida puede complicar la trayectoria desinflacionaria, especialmente si coincide con aumentos de costos logísticos o energéticos.

En la economía mexicana, la discusión sobre inflación se cruza con temas de salario real y política fiscal. Los incrementos al salario mínimo han contribuido a recuperar poder adquisitivo, pero también pueden incidir en estructuras de costos de servicios intensivos en mano de obra. Del lado fiscal, cualquier modificación a impuestos especiales o cambios regulatorios con impacto en precios administrados puede alterar la lectura mensual de inflación y, por ende, el margen de maniobra de Banxico. En este tablero, el mercado seguirá de cerca la actualización de pronósticos del banco central: si se alinean más con el consenso, podría reducirse la fricción sobre credibilidad; si se mantienen optimistas, la brecha con los analistas podría persistir.

En perspectiva, el mensaje de BofA no es que el objetivo de 3% deba cambiar —Capistrán lo descartó—, sino que el camino para llegar será más largo y accidentado. La velocidad de convergencia dependerá de que el componente subyacente, especialmente servicios, siga cediendo sin que choques temporales se vuelvan persistentes, y de que la política monetaria encuentre un balance entre apoyar la actividad y reforzar la ancla de expectativas.

Observaciones: el principal foco para 2026 es si Banxico logra mantener la credibilidad mientras recorta tasas en un entorno de desinflación lenta; la clave estará en la evolución de servicios, en choques de oferta (alimentos/energía) y en el efecto de condiciones financieras externas ligadas a Estados Unidos. Si los pronósticos oficiales se acercan al consenso, el mercado podría tener una lectura más estable del rumbo monetario.

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