Amenaza arancelaria de Trump reabre la discusión del T-MEC y eleva la cautela sobre el peso y la inversión en México

10:18 26/01/2026 - PesoMXN.com
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Amenaza arancelaria de Trump reabre la discusión del T-MEC y eleva la cautela sobre el peso y la inversión en México

La nueva advertencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre imponer “aranceles del 100%” a importaciones canadienses si Ottawa profundiza un acuerdo comercial con China volvió a colocar al comercio norteamericano en modo defensivo. Aunque el primer ministro canadiense Mark Carney minimizó el mensaje y lo describió como una táctica rumbo a la próxima revisión del T-MEC, el episodio anticipa un ciclo de negociación más áspero y, por extensión, un entorno de mayor incertidumbre para México, cuya economía depende de manera crítica del acceso al mercado de Estados Unidos.

Para México, el principal riesgo no se limita a un diferendo bilateral entre Washington y Ottawa. La dinámica de presión —amenazas arancelarias como herramienta para inducir cambios de política— puede trasladarse a la mesa trilateral en temas sensibles: reglas de origen, contenido regional en sectores estratégicos, verificación aduanera, paneles laborales, energía, y medidas relacionadas con China en cadenas de suministro. En los últimos años, el T-MEC ha operado como ancla de certidumbre para la inversión manufacturera; por eso, cada señal de fricción se traduce en ajustes de expectativas empresariales, sobre todo en industrias integradas como automotriz, autopartes, electrodomésticos y equipo eléctrico.

El impacto potencial para México se observa primero en el canal financiero. Una retórica más dura suele elevar la volatilidad del tipo de cambio y modificar el apetito por riesgo en activos locales. En ese contexto, los participantes del mercado suelen seguir de cerca los mensajes del Banco de México y la trayectoria de tasas, ya que el diferencial de rendimientos ha sido un amortiguador importante para el peso en episodios de tensión externa. Sin embargo, si la incertidumbre comercial se vuelve persistente, el soporte de tasas altas podría ser insuficiente para evitar episodios de depreciación, especialmente si se combinan con datos débiles de actividad o con un entorno global de aversión al riesgo.

En el frente real, el “nearshoring” —impulso de relocalización productiva hacia México— sigue siendo un argumento estructural a favor, pero no es inmune a la política comercial. Empresas que evalúan instalar líneas de producción en el norte del país o ampliar capacidad en corredores industriales suelen requerir reglas claras, tiempos de cruce fronterizo estables y certidumbre sobre el cumplimiento del T-MEC. Una revisión con tonos proteccionistas podría retrasar decisiones de capital, encarecer costos de cumplimiento y elevar la prima de riesgo en proyectos orientados a exportación, particularmente si se endurecen las exigencias relacionadas con insumos asiáticos.

También hay implicaciones fiscales y de balanza externa. México mantiene una alta concentración de exportaciones hacia Estados Unidos; cualquier amenaza creíble de aranceles o de restricciones no arancelarias puede afectar el volumen exportado, la dinámica del empleo manufacturero y, con ello, el consumo en regiones altamente integradas a la cadena norteamericana. Al mismo tiempo, una mayor volatilidad cambiaria modifica costos de importación y puede influir en la trayectoria de inflación, un tema que Banxico observa de cerca al calibrar recortes o pausas en su ciclo monetario.

La lectura de Carney —que las amenazas forman parte de una estrategia de negociación— coincide con un patrón histórico: antes de hitos comerciales relevantes, la administración estadounidense suele elevar el tono para mejorar su posición. Para México, el reto será combinar diplomacia económica con una agenda interna de competitividad: infraestructura fronteriza, energía confiable, seguridad logística, certidumbre regulatoria y facilitación comercial. En paralelo, la diversificación de mercados hacia la Unión Europea o Asia puede ayudar en el margen, pero difícilmente sustituye, en el corto plazo, la escala del mercado estadounidense.

De cara a los próximos meses, el desenlace dependerá tanto del calendario político en Estados Unidos como de la capacidad de los tres socios para encauzar disputas mediante mecanismos del propio T-MEC. Si las amenazas se quedan en el terreno retórico, México podría conservar el impulso exportador y de inversión asociado al nearshoring; si se materializan en medidas concretas, el país enfrentaría un entorno de mayor volatilidad financiera y decisiones empresariales más cautelosas.

En síntesis, la advertencia de Trump a Canadá funciona como recordatorio de que el T-MEC no elimina el riesgo político en la relación comercial de Norteamérica: para México, el foco estará en preservar certidumbre para inversión y exportaciones, contener episodios de volatilidad cambiaria y fortalecer condiciones internas que reduzcan la vulnerabilidad ante una negociación más ríspida.

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