Cetes arrancan 2026 con tasas a la baja, pero aún por arriba de la inflación
Los Certificados de la Tesorería de la Federación (Cetes) comenzaron 2026 con rendimientos ligeramente menores frente al cierre de 2025, en un entorno donde el mercado sigue descontando que el Banco de México (Banxico) continuaría con una relajación monetaria gradual. Aun con estos ajustes, los Cetes se mantienen como una referencia clave para el ahorro de bajo riesgo en México, especialmente para personas que buscan preservar poder adquisitivo sin asumir la volatilidad de instrumentos más agresivos.
El telón de fondo es una inflación que repuntó a 3.72% anual en la primera quincena de diciembre, de acuerdo con el Inegi. Aunque ese nivel se mantiene dentro del rango compatible con el objetivo de estabilidad de precios (3% +/- 1 punto porcentual), el movimiento refuerza la idea de que el proceso desinflacionario no es lineal. Para los inversionistas, esto importa porque las expectativas de inflación y de tasas de referencia suelen trasladarse a los rendimientos de los instrumentos gubernamentales, incluido el mercado de Cetes.
En la primera fotografía de 2026, los Cetes mostraron una estructura de tasas que, si bien se ha venido moderando, todavía ofrece rendimientos nominales relativamente elevados. El papel a 28 días se ubicó en 7.07%, sin cambios respecto a la última subasta de 2025. El plazo de 91 días bajó 0.09 puntos para cerrar en 7.15%, mientras que el instrumento a 182 días se colocó en 7.26%. A un año, el rendimiento quedó en 7.44%, nivel que, en términos nominales, supera con holgura el ritmo inflacionario reciente.
Para entender cómo funciona este instrumento conviene recordar que cada Cete tiene un valor nominal de 10 pesos, pero se compra con descuento: el inversionista paga menos hoy y, al vencimiento, recibe el valor nominal completo. La diferencia entre el precio pagado y lo recibido es el rendimiento. En la práctica, esto significa que las tasas publicadas se traducen en un precio de compra y en una ganancia conocida desde el inicio, siempre que el inversionista mantenga el papel hasta el vencimiento.
La atracción principal de los Cetes en el ciclo actual es que, a pesar de que las tasas han cedido respecto a los picos observados cuando la política monetaria estaba más restrictiva, siguen ofreciendo rendimientos reales positivos. Una forma sencilla —aunque aproximada— de estimar el rendimiento real consiste en restar la inflación anual al rendimiento nominal. Con los datos disponibles, un Cete a 28 días con tasa de 7.07% frente a una inflación de 3.72% arroja un diferencial cercano a 3.35 puntos porcentuales. En la realidad, el rendimiento real depende del comportamiento futuro de la inflación durante el periodo de inversión, además de impuestos y comisiones, pero el ejercicio sirve para dimensionar el “colchón” frente al alza de precios.
Este contexto se enlaza con tendencias más amplias del panorama económico mexicano. En los últimos años, el ahorro e inversión minorista en deuda gubernamental ha ganado visibilidad, impulsado por mayor digitalización de servicios financieros y por la preferencia de hogares por alternativas relativamente seguras. Al mismo tiempo, la economía enfrenta una combinación de factores: crecimiento moderado, sensibilidad a la actividad de Estados Unidos —principal socio comercial— y una trayectoria fiscal que el mercado monitorea de cerca por su impacto en primas de riesgo y tasas de interés. En ese entorno, los instrumentos gubernamentales suelen funcionar como “piso” para comparar otros rendimientos, desde pagarés bancarios hasta fondos de inversión.
De cara a los siguientes meses, el principal foco para Cetes será la velocidad y profundidad de cualquier ajuste adicional en la tasa de referencia de Banxico, además de la evolución de la inflación subyacente y de presiones externas como el tipo de cambio, energéticos y costos logísticos. Si la inflación se estabiliza y la economía se enfría, las tasas podrían seguir bajando gradualmente; si aparecen choques inflacionarios o mayor incertidumbre financiera, la trayectoria podría ser más cautelosa. Para el ahorrador, esto se traduce en una disyuntiva práctica: aprovechar tasas actuales “amarrando” plazos más largos, o mantener liquidez en plazos cortos para reinvertir conforme cambie el entorno.
En síntesis, aunque 2026 inició con rendimientos de Cetes ligeramente menores, sus tasas continúan por encima de la inflación observada, lo que mantiene su atractivo como instrumento de bajo riesgo. El comportamiento futuro dependerá, sobre todo, de la ruta de la inflación y de la postura de Banxico, variables que marcarán si el inversionista prioriza la certidumbre de una tasa hoy o la flexibilidad para ajustarse a un escenario cambiante.





