Cinco entidades concentran casi 60% de las exportaciones de México y delinean el mapa industrial del país
El comercio exterior mexicano sigue mostrando una fuerte concentración geográfica. De acuerdo con cifras del Inegi correspondientes al tercer trimestre de 2025, cinco estados —Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Baja California y Jalisco— generaron en conjunto 58.6% del valor total de las exportaciones estatales. El dato confirma que el dinamismo exportador del país descansa, en gran medida, en unos cuantos polos manufactureros con alta integración a las cadenas de suministro de Norteamérica.
Chihuahua encabezó el listado con 18.9% de las exportaciones nacionales en el periodo, equivalentes a 28,907.9 millones de dólares. Su perfil se explica por el predominio de la manufactura, que aportó 98.8% de las ventas externas estatales, impulsada por la producción de equipo de cómputo, comunicación y componentes electrónicos, además de equipo de transporte. La cercanía con la frontera y la consolidación de plantas orientadas a exportación han convertido a la entidad en un engrane clave de la economía regional vinculada a Estados Unidos.
En segundo lugar se ubicó Coahuila, con exportaciones por 17,719.4 millones de dólares y una participación de 11.6%. Al igual que Chihuahua, su estructura exportadora está dominada por la manufactura (98.2%), con un peso notable del sector automotriz. Tan solo la fabricación de equipo de transporte sumó 11,665.9 millones de dólares, lo que lo coloca como uno de los estados más relevantes en ese subsector a nivel nacional, en un contexto donde las armadoras y proveedores buscan cadenas más cortas y resilientes en Norteamérica.
Nuevo León ocupó la tercera posición con 14,735.4 millones de dólares (9.7% del total nacional). La manufactura explicó prácticamente toda su canasta exportadora (alrededor de 99.7%), con presencia de maquinaria, equipo eléctrico y componentes electrónicos. Aunque el valor total registró una ligera contracción anual, el estado se mantiene como un centro industrial y logístico, apoyado en su base de proveedores, infraestructura y servicios especializados, además de su papel creciente en la relocalización de inversiones asociadas al “nearshoring”.
Baja California se colocó en cuarto sitio, con 14,145.8 millones de dólares y una participación de 9.3%. Su fortaleza está en manufacturas de alto contenido tecnológico —particularmente electrónicos y dispositivos vinculados a cadenas transfronterizas— que representaron más de 98% de sus exportaciones. La dinámica binacional en la frontera y la operación “justo a tiempo” con Estados Unidos explican su relevancia, aunque también la hacen más sensible a interrupciones logísticas, cambios regulatorios y ciclos de demanda del mercado estadounidense.
Jalisco completó el grupo de los cinco mayores exportadores con 13,839.7 millones de dólares y 9.1% de participación. Destacó por uno de los mayores crecimientos anuales del país, con un incremento de 89.1% en el valor exportado, sustentado en una canasta manufacturera (97.9%) donde el subsector electrónico tuvo un fuerte impulso. El estado se ha consolidado como un polo tecnológico e industrial en el occidente del país, con ecosistemas que combinan manufactura avanzada, servicios y proveeduría, aunque su reto será sostener el ritmo en un entorno de tasas de interés todavía elevadas y normalización gradual de la demanda externa.
La lectura económica detrás de esta concentración va más allá del volumen: refleja especialización productiva, infraestructura logística y cercanía a corredores clave hacia Estados Unidos, destino de la mayor parte de las exportaciones mexicanas en el marco del T-MEC. En los últimos años, la mayor integración regional, la búsqueda de proveedores más cercanos por parte de empresas estadounidenses y los ajustes a cadenas globales han favorecido a estados con capacidad instalada, capital humano y conectividad. Sin embargo, también deja ver un desafío estructural: una parte amplia del territorio participa menos del auge exportador, ya sea por limitaciones de infraestructura, menor base industrial o menores encadenamientos productivos.
Hacia adelante, el desempeño de estos cinco estados estará estrechamente ligado a la evolución de la economía de Estados Unidos, a los ciclos del sector automotriz y electrónico, y a factores internos como disponibilidad de energía, agua, seguridad y capacidad logística. También influirán las reglas de origen del T-MEC, la tendencia a automatizar procesos y el avance de nuevas inversiones vinculadas a electromovilidad, semiconductores y manufactura de precisión. Para México, el reto será aprovechar la fortaleza exportadora de estos polos sin profundizar brechas regionales, fortaleciendo infraestructura, formación técnica y condiciones de inversión en más entidades.
En perspectiva, las cifras confirman que el motor exportador mexicano se concentra en un puñado de estados altamente industrializados y conectados a Norteamérica. Esta concentración ha impulsado crecimiento y empleo formal en regiones específicas, pero también subraya la necesidad de ampliar la base exportadora y atender cuellos de botella —energía, logística y seguridad— para que el comercio exterior contribuya de forma más equilibrada al desempeño económico del país.





