El “súper peso” retoma fuerza: dólar débil, tasas altas y volatilidad política marcan el arranque de 2026
El peso mexicano volvió a colocarse entre las divisas con mejor desempeño al inicio de 2026, impulsado por una combinación de factores externos —principalmente la pérdida de tracción del dólar estadounidense en los mercados globales— y el atractivo relativo de los rendimientos en México. En las últimas jornadas, el tipo de cambio ha rondado niveles no vistos desde mediados de 2024, reavivando la narrativa del “súper peso” en un contexto internacional donde la incertidumbre política y comercial en Estados Unidos vuelve a ocupar el centro de la conversación financiera.
En el mercado spot, la moneda mexicana ha registrado avances que se suman a una apreciación acumulada en lo que va del año. La lectura dominante entre analistas es que el movimiento se explica más por la debilidad generalizada del billete verde que por un cambio estructural en los fundamentales locales. La discusión pública en torno a nuevas decisiones del presidente Donald Trump —incluyendo anuncios internacionales que han generado ruido diplomático— se ha interpretado como un factor adicional de volatilidad y de reposicionamiento de portafolios, con flujos que buscan alternativas fuera del dólar.
El telón de fondo externo importa: cuando los inversionistas ajustan su exposición ante tensiones geopolíticas, dudas sobre la trayectoria fiscal estadounidense o presiones sobre la credibilidad institucional, suelen aumentar las apuestas por monedas líquidas de economías emergentes con tasas atractivas. En ese grupo, el peso destaca por su profundidad de mercado, su elevada participación en instrumentos de cobertura y el diferencial de tasas frente a economías avanzadas, que históricamente ha sido un ancla para estrategias de “carry”.
En el frente interno, el dato reciente de inflación volvió a mostrar resistencia en componentes subyacentes, lo que reduce el margen para recortes acelerados en la tasa de referencia. Ese panorama refuerza la expectativa de que Banco de México (Banxico) mantenga una postura cautelosa: si bien el ciclo previo apuntaba a una normalización gradual, el banco central enfrenta el reto de evitar que los choques de corto plazo —ajustes fiscales, presiones en servicios y persistencia en mercancías— se filtren a las expectativas. Para el mercado cambiario, la consecuencia es clara: una tasa relativamente alta por más tiempo sostiene la demanda por activos en pesos.
Sin embargo, un peso fuerte no es una historia unidimensional. Para la economía real, una apreciación prolongada tiende a abaratar importaciones y a ayudar, en el margen, a la contención de precios de bienes transables; pero también puede restar competitividad a exportadores, sobre todo en sectores sensibles al tipo de cambio y con márgenes estrechos. El dilema se vuelve más relevante por la elevada integración manufacturera de México con Norteamérica y por el peso de las exportaciones automotrices, electrónicas y de equipo industrial. Además, el desempeño del tipo de cambio se cruza con la agenda comercial regional: cualquier señal de renegociación dura, revisiones regulatorias o fricciones políticas puede traducirse en episodios de volatilidad.
Otro canal a observar es el financiero. Un peso apreciado suele incentivar emisiones y financiamiento en moneda local, y mejora temporalmente algunos indicadores de riesgo; pero también puede elevar la sensibilidad del mercado ante cambios abruptos en la percepción global. Si el motor principal es externo —un dólar debilitado—, un giro en la narrativa en Washington, un repunte inesperado en rendimientos estadounidenses o una escalada de tensiones comerciales podría revertir parte de la ganancia en poco tiempo. En ese sentido, la fortaleza del peso convive con la fragilidad típica de un mundo de choques frecuentes.
Hacia adelante, el mercado seguirá calibrando tres variables: la trayectoria de la inflación y la respuesta de Banxico; la evolución del apetito global por riesgo y el desempeño del dólar; y el entorno comercial norteamericano, clave para inversión y exportaciones. Si el diferencial de tasas se mantiene amplio y no hay choques externos severos, el peso podría conservar fortaleza durante una parte importante de 2026. Pero, como en ciclos previos, el mismo atractivo financiero que impulsa entradas rápidas puede amplificar salidas cuando cambia el sentimiento.
En perspectiva, el regreso del “súper peso” refleja más el reacomodo global alrededor del dólar y la expectativa de tasas altas en México que una mejora súbita de los fundamentales. La fortaleza cambiaria ofrece beneficios en inflación importada y estabilidad financiera, pero plantea retos de competitividad para exportadores y mantiene al país expuesto a virajes de política y riesgo en Estados Unidos.





