El alza del petróleo por el conflicto en Irán presiona el déficit de México vía estímulos a gasolinas

05:55 26/03/2026 - PesoMXN.com
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El encarecimiento del crudo obliga a ampliar estímulos al IEPS, lo que protege precios al consumidor pero recorta ingresos y complica la consolidación fiscal.

El repunte de los precios internacionales del petróleo, detonado por la escalada bélica en Medio Oriente con Irán como foco, volvió a colocar a las finanzas públicas mexicanas ante una disyuntiva conocida: amortiguar el golpe en el precio de las gasolinas para contener la inflación, o preservar la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para no desviar la trayectoria del déficit. En las últimas semanas, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) reactivó estímulos fiscales a combustibles, una medida que suele funcionar como “válvula” antiinflacionaria, pero que reduce ingresos tributarios en un momento de presión por gasto rígido y mayores costos financieros.

La decisión ocurre en un contexto en el que el balance fiscal venía tensionado desde 2024 y 2025, cuando el déficit (medido por Requerimientos Financieros del Sector Público) alcanzó niveles elevados frente a la década previa. El objetivo oficial de reducirlo hacia 4.1% del PIB enfrenta ahora el riesgo de quedar rebasado si el choque externo se prolonga: los estímulos al IEPS suelen crecer justo cuando el precio internacional empuja al alza el costo de importación de combustibles, y México todavía depende en buena medida de compras externas de gasolinas.

En los datos publicados en el Diario Oficial de la Federación (DOF), Hacienda elevó los descuentos al IEPS para diésel y reintrodujo apoyos para gasolina regular, además de aplicar estímulos menores para la Premium. El mecanismo se actualiza semanalmente y busca evitar que el consumidor absorba por completo la volatilidad internacional; sin embargo, el costo fiscal aparece de inmediato como menor recaudación. Analistas han advertido que, si el episodio se prolonga, el déficit podría ubicarse más cerca de 4.5% del PIB o incluso aproximarse a niveles observados en 2025, dependiendo de la magnitud del estímulo y del tiempo que permanezca vigente.

Para México, el alza del crudo tiene un efecto dual. Por un lado, mayores precios de exportación pueden elevar los ingresos petroleros; por otro, el estímulo al IEPS reduce la entrada de recursos no petroleros. Además, el beneficio por un precio más alto del petróleo no siempre compensa el costo por subsidios implícitos en combustibles, especialmente cuando el país importa gasolinas y cuando parte de los mayores ingresos se canaliza a necesidades operativas y financieras de Pemex.

El episodio también reaviva el debate sobre la sostenibilidad fiscal: con una carga creciente por pensiones, transferencias y el servicio de la deuda —que tiende a encarecerse con tasas elevadas o condiciones financieras más restrictivas—, la capacidad del gobierno para absorber choques sin deterioro de balance se reduce. En ese entorno, un desvío persistente del déficit puede incrementar las necesidades de financiamiento y, con ello, mantener la atención de inversionistas y calificadoras sobre la trayectoria de deuda.

Inflación, IEPS y el “colchón” del precio en México frente a Estados Unidos

Una razón por la que el gobierno suele recurrir al IEPS como amortiguador es que el componente fiscal puede ajustarse rápidamente sin modificar el precio objetivo al público. En términos prácticos, México suele tener un “colchón” por la carga impositiva incluida en el litro, lo que permite recortar temporalmente el impuesto cuando sube el precio internacional. En episodios previos, este instrumento ayudó a suavizar la transmisión del choque energético a la inflación general y, en particular, a la inflación no subyacente, que es la más sensible a combustibles y alimentos.

El problema es que el IEPS a combustibles es una fuente relevante de ingresos tributarios. Cuando se reduce de forma prolongada, el faltante recaudatorio puede ser significativo y no necesariamente se compensa con ingresos petroleros, sobre todo si Pemex enfrenta sus propias presiones de inversión, refinación, deuda y apoyos presupuestales. El efecto final sobre el déficit dependerá, además, de cuánto se mantenga el estímulo, de la mezcla mexicana, del volumen exportado y de si el gobierno decide absorber costos adicionales en otros frentes.

A la ecuación se suma el encarecimiento de insumos agrícolas como fertilizantes, que puede presionar precios de alimentos y complicar el panorama inflacionario. Un choque simultáneo en energéticos y alimentos tiende a afectar con mayor fuerza a hogares de menores ingresos, lo que incrementa el incentivo político para contener precios administrados o semiadministrados. Sin embargo, cuando esa contención se traduce en menores ingresos fiscales, la consecuencia suele ser un ajuste más difícil después: recortes de gasto, mayor endeudamiento o una combinación de ambos.

Otro canal relevante es el costo de generación eléctrica. Si suben los precios del gas natural o de combustibles usados en plantas térmicas, las finanzas de la CFE pueden resentirlo y, en determinados casos, requerir mayores subsidios o apoyos del gobierno federal para evitar trasladar el incremento a tarifas finales, especialmente en segmentos donde el componente social pesa. En términos fiscales, esto puede convertirse en una presión adicional paralela a la del IEPS.

Hacia adelante, el foco del mercado estará en la duración del conflicto y en el comportamiento del precio del crudo, pero también en la respuesta de política pública: si Hacienda prioriza la meta de déficit podría acotar estímulos; si prioriza el control de precios, la consolidación fiscal podría postergarse. En cualquier escenario, el reto estructural permanece: reducir vulnerabilidades requiere aumentar la eficiencia recaudatoria no petrolera, contener el crecimiento del gasto rígido y fortalecer la inversión productiva, mientras se maneja el legado financiero del sector energético.

En síntesis, el encarecimiento del petróleo por el conflicto en Irán vuelve a tensar el balance entre estabilidad de precios y disciplina fiscal en México: los estímulos al IEPS ayudan a contener la inflación en el corto plazo, pero elevan el riesgo de un déficit mayor si se vuelven persistentes.

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