Finsus acelera su apuesta por las pymes y busca licencia bancaria en un momento clave del crédito en México
La sofipo Finsus quiere dar más certidumbre a la tesorería pyme y sustituir el uso de tarjetas personales como crédito de operación.
En México, el financiamiento a pequeñas y medianas empresas (pymes) sigue siendo uno de los principales cuellos de botella para crecer, invertir y sostener el empleo formal. En ese terreno, Finsus —una sociedad financiera popular (sofipo) dirigida por Carlos Marmolejo— está apostando por un modelo enfocado en empresas y por dar el siguiente paso regulatorio: convertirse en banco, trámite que inició ante la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) desde el año pasado y que, de acuerdo con la compañía, podría concretarse hacia finales de este año.
La estrategia contrasta con la de otros jugadores digitales que han priorizado el crédito al consumo. En el caso de Finsus, el énfasis está en resolver necesidades cotidianas de tesorería de negocios: acceso a capital de trabajo, herramientas de pagos y cobros, y una administración financiera más ordenada. La empresa reporta que alrededor de 90% de su cartera de crédito —que al cierre de diciembre ascendía a 14,566 millones de pesos— está colocada en empresas pequeñas y medianas, mientras el 10% restante corresponde a crédito al consumo, como tarjetas y préstamos personales.
El diagnóstico detrás de esta apuesta es contundente: una parte relevante del empresariado de micro, pequeña y mediana escala opera sin financiamiento formal y, en la práctica, sustituye el crédito empresarial con tarjetas personales. Finsus sostiene que el nivel de endeudamiento vía tarjetas entre dueños y socios es particularmente alto, al grado de que en la gran mayoría de las solicitudes los solicitantes reportan líneas prácticamente agotadas, lo que presiona su historial en buró y encarece —o bloquea— el acceso a mejores condiciones de financiamiento.
Este patrón ocurre en un contexto de tasas todavía elevadas a nivel sistémico. Aunque la inflación ha mostrado una trayectoria de desaceleración respecto a picos previos, el costo del dinero se ha mantenido restrictivo y las tasas de tarjetas de crédito pueden rebasar niveles muy altos, lo que vuelve riesgoso usar crédito revolvente para cubrir nómina, inventarios o pagos a proveedores. El resultado suele ser una tesorería frágil, con poca capacidad de absorber choques y con mayor probabilidad de caer en impagos si las ventas se ralentizan.
Finsus también reporta recursos captados por 18,120 millones de pesos a diciembre, y plantea que la transición a banco le permitiría competir con un atributo clave para las pymes: mayor confianza para concentrar saldos de operación. Hoy, el seguro de depósito de las sofipos tiene un límite relativamente bajo para empresas con flujos mayores; una pyme con pagos quincenales de nómina o con compras recurrentes a proveedores puede manejar saldos significativamente superiores, y la protección acotada del seguro puede influir en dónde decide mantener su tesorería.
Tarjetas personales como “capital de trabajo”: un síntoma de subfinanciamiento
El uso de tarjetas de crédito personales para financiar costos operativos se ha normalizado entre muchos negocios pequeños: se pagan insumos, renta o servicios con crédito revolvente y luego se intenta “patear” el saldo conforme entra la cobranza. En términos financieros, esto equivale a fondear capital de trabajo con uno de los instrumentos más caros y volátiles del mercado, además de mezclar finanzas personales con las del negocio. Para el sistema, el problema es doble: por un lado, el crédito formal a pymes sigue siendo limitado frente a su peso en la economía y el empleo; por otro, el sobreuso de tarjetas deteriora el perfil crediticio del dueño, que en México suele ser quien funge como aval o pieza central del análisis de riesgo. En periodos de menor demanda o de retrasos en cobros, el negocio puede entrar rápidamente en una espiral de intereses, comisiones y pagos mínimos, reduciendo margen y capacidad de inversión.
Para competir en este espacio, Finsus afirma que está desarrollando una oferta de servicios transaccionales empresariales: web banking, dispersión de nómina, transferencias, pagos a proveedores y herramientas de cobro. Más allá del “producto crédito”, el componente transaccional es clave porque permite observar flujos, estacionalidad y calidad de ingresos, y con ello afinar la originación y el seguimiento del riesgo. La firma sostiene que combina buró de crédito con modelos de análisis digital y procesos de prevención de lavado de dinero, y que incluso puede incorporar analítica avanzada para identificar patrones de pago por giro, región o temporada.
En un entorno donde la banca y las fintech compiten por datos, el acceso a la información transaccional puede hacer la diferencia para ofrecer crédito más a la medida. Para las pymes, esto puede traducirse en líneas acordes a su ciclo de negocio —por ejemplo, comercio con picos en fin de año o servicios con cobros diferidos— y en productos menos costosos que el crédito revolvente, siempre que el análisis de riesgo se mantenga prudente.
La empresa presume una morosidad de 1.81%, por debajo de niveles observados en segmentos de la banca tradicional. Si bien estos indicadores deben leerse con cautela por diferencias de portafolio, madurez de cartera y criterios de originación, el dato sugiere que existe espacio para modelos alternativos de evaluación y para una mayor competencia en financiamiento empresarial, particularmente en nichos donde la banca tradicional tiende a ser más conservadora.
Hacia adelante, la posible conversión de Finsus en banco llega en un momento en el que México combina oportunidades y retos: el reacomodo de cadenas de suministro y la inversión ligada a manufactura y logística abren espacio para proveedores locales, pero la mayoría de las pymes necesita crédito, digitalización y mejor gestión de tesorería para integrarse a esas cadenas. Si más intermediarios logran escalar con controles sólidos y productos transaccionales completos, el mercado podría ver una mayor formalización financiera del segmento y una menor dependencia de tarjetas personales como salvavidas.
En perspectiva, el caso de Finsus ilustra cómo el problema de fondo no es solo la falta de crédito, sino el costo y la forma en que se usa: sustituir financiamiento empresarial por tarjetas personales encarece la operación y debilita al negocio. La evolución regulatoria y la competencia por ofrecer soluciones integrales de tesorería serán determinantes para mejorar la salud financiera de las pymes.