Banca y gobierno elevan la apuesta por el crédito a pymes, pero el salto a 45% del PIB será gradual

05:55 23/03/2026 - PesoMXN.com
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Banqueros ven alcanzable el objetivo de ampliar el financiamiento, aunque advierten que dependerá de proyectos rentables, reglas claras y tiempo de maduración.

BENITO JUÁREZ, Quintana Roo.- La industria bancaria en México coincide en que la meta planteada por la presidenta Claudia Sheinbaum —llevar el financiamiento a pequeñas y medianas empresas (pymes) a un nivel equivalente a 45% del PIB— es posible, pero no inmediata. Ejecutivos del sector señalan que subir varios puntos porcentuales la penetración del crédito requiere una combinación de demanda solvente, certidumbre regulatoria y un flujo constante de proyectos productivos, particularmente ligados a infraestructura.

El planteamiento implica un cambio de escala respecto a compromisos previos: el sistema bancario había avanzado en iniciativas para ampliar el acceso de las pymes al crédito, y ahora enfrenta una vara más alta que, en la práctica, demanda acelerar la formalización, mejorar la información financiera de las empresas y fortalecer esquemas de mitigación de riesgo. Directivos consultados en el marco de la Convención Bancaria sostienen que el objetivo es “retador” porque ampliar el crédito no depende solo de la oferta bancaria, sino también de la calidad de los proyectos y de condiciones que hagan viable el repago.

En el trasfondo está un reto estructural: México mantiene una intermediación financiera menor a la de otras economías comparables, en parte por la alta informalidad, la baja bancarización en algunos segmentos y la limitada trazabilidad de ingresos de muchas unidades económicas. Para las pymes, además, el costo financiero suele incorporar primas por riesgo asociadas a su volatilidad, su menor escala y su dependencia de ciclos de consumo e inversión.

Los banqueros también subrayan el papel de la banca de desarrollo para “empujar” el crédito donde el mercado, por sí solo, avanza más lento. Garantías, programas de primer pérdida y esquemas de coinversión pueden reducir el riesgo para la banca comercial y abaratar el financiamiento para empresas que hoy quedan fuera por falta de historial o colateral suficiente. La lectura del sector es que, si el gobierno pone instrumentos de cobertura y consolida una cartera de proyectos, la expansión puede ser más ordenada.

La conversación ocurre en un momento en que la economía mexicana combina señales mixtas: por un lado, el país mantiene ventajas competitivas por integración manufacturera con Norteamérica y oportunidades asociadas al reacomodo de cadenas de suministro; por otro, persisten riesgos por desaceleración global, costos logísticos y presiones internas como inseguridad en corredores productivos y brechas de infraestructura. En ese contexto, el crédito a pymes se vuelve una pieza clave para sostener inversión, productividad y empleo formal.

Infraestructura y certidumbre: el “pipeline” que puede destrabar crédito

Una palanca central para el crecimiento del financiamiento, de acuerdo con el sector, es la agenda de infraestructura impulsada por el gobierno federal, que contempla proyectos bajo inversión pública y esquemas mixtos con participación privada. Para los bancos, la infraestructura no solo genera oportunidades directas de financiamiento —por ejemplo, a contratistas, proveedores y cadenas regionales—; también eleva la rentabilidad esperada de múltiples sectores al reducir costos de transporte, mejorar acceso a energía y fortalecer conectividad. Sin embargo, la banca advierte que el crédito se activa cuando hay visibilidad: calendarios de ejecución, reglas de participación, mecanismos de pago y asignación de riesgos bien definidos. Sin ese “pipeline” confiable, el financiamiento tiende a ser más conservador o a concentrarse en empresas con mayor tamaño y mejores garantías.

El objetivo de elevar el financiamiento a pymes a una proporción relevante del PIB también plantea implicaciones operativas para el sistema: mayor capacidad de originación, uso intensivo de analítica y modelos alternativos de evaluación (por ejemplo, datos transaccionales), y una profundización de productos como factoraje, crédito revolvente y arrendamiento. A esto se suma la necesidad de educación financiera y asesoría para pymes, pues muchas requieren apoyo para ordenar contabilidad, flujo de caja y cumplimiento fiscal, condiciones que suelen determinar el acceso y el costo del crédito.

En términos prospectivos, el avance dependerá de que converjan varios frentes: estabilidad macroeconómica, un marco regulatorio predecible, tasas de interés que permitan costos manejables para empresas y una política pública que incentive la formalidad. Si esas piezas se alinean, el crédito a pymes puede convertirse en un motor más visible del crecimiento. Si no, la meta podría alcanzarse más lentamente, con avances graduales por sectores y regiones.

En síntesis, la banca ve espacio para expandir el financiamiento a pymes hacia el objetivo planteado, pero enfatiza que no se trata de un ajuste mecánico: requerirá proyectos viables, instrumentos de garantía y continuidad en la ejecución de infraestructura para que el aumento del crédito sea sostenible y no comprometa la calidad de cartera.

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