Cetes bajan rendimiento pese a la pausa de Banxico; el “colchón” contra la inflación se hace más pequeño

20:39 10/02/2026 - PesoMXN.com
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Los rendimientos de los Certificados de la Tesorería (Cetes) volvieron a retroceder en la segunda subasta de valores gubernamentales de febrero, aun cuando el Banco de México decidió recientemente pausar el ritmo de ajustes de su tasa de referencia. El movimiento confirma que el mercado de deuda ya está operando con la idea de que el costo del dinero tenderá a bajar en los próximos meses, y que parte de ese ajuste se está reflejando primero en los instrumentos de corto plazo.

En la subasta, el Cete a 28 días se ubicó en 6.88%, el de 91 días en 7.00% y el de 182 días alrededor de 7.10%. Para horizontes más largos, el apetito por rendimiento mantuvo tasas relativamente más elevadas: el instrumento a dos años se colocó cerca de 7.58%. En términos prácticos, la curva sugiere que los inversionistas aceptan menores retornos en el corto plazo ante la expectativa de un ciclo de relajamiento monetario gradual, mientras que exigen una prima adicional para comprometer su dinero por más tiempo.

El ajuste ocurre en un momento en el que la inflación general repuntó a 3.79% anual en enero, todavía dentro del objetivo de estabilidad de precios. Sin embargo, la narrativa hacia adelante es menos lineal: por un lado, la desinflación ha avanzado frente a los máximos de 2022-2023; por otro, persisten focos de presión en servicios y en algunos componentes sensibles al mercado laboral. Además, el comportamiento del tipo de cambio y los precios internacionales de energéticos siguen siendo variables relevantes para el trayecto inflacionario de México.

La consecuencia inmediata para los ahorradores es que la brecha entre el rendimiento nominal de los Cetes y la inflación —el llamado “rendimiento real” aproximado— se estrecha. Con la referencia actual, un Cete a 28 días en 6.88% frente a una inflación anual de 3.79% implica un diferencial cercano a 3 puntos porcentuales. Ese margen sigue siendo positivo y atractivo frente a alternativas de bajo riesgo, pero ya no luce tan holgado como en periodos recientes cuando las tasas de mercado se mantuvieron en niveles más elevados.

Para el inversionista minorista, el contexto importa tanto como la tasa. Si el mercado anticipa que Banxico recortará más adelante, los instrumentos de corto plazo tienden a reflejarlo rápidamente, y reinvertir cada mes podría implicar hacerlo a tasas crecientemente menores. En cambio, fijar un plazo mayor puede ayudar a “amarrar” un rendimiento por más tiempo, aunque con el costo de perder flexibilidad si surge una necesidad de liquidez. En la práctica, muchos portafolios conservadores combinan vencimientos (“escalera” de plazos) para equilibrar tasa y disponibilidad.

Del lado macroeconómico, tasas gubernamentales ligeramente más bajas suelen aliviar el costo financiero del sector público y facilitar condiciones para el crédito, pero también ponen a prueba el atractivo relativo del peso frente a otros mercados. Si Estados Unidos mantiene tasas altas por más tiempo, el diferencial de rendimientos —uno de los soportes del flujo hacia activos en pesos— podría reducirse. En ese escenario, el desempeño del dólar estadounidense frente a la moneda mexicana y la percepción de riesgo país se vuelven más determinantes para la estabilidad financiera.

Hacia adelante, el principal “dato” que seguirá moviendo las tasas es la trayectoria de la inflación subyacente y la señal que Banxico envíe sobre el momento y la velocidad de posibles recortes. A esto se suman factores domésticos como el dinamismo del consumo, la inversión ligada al nearshoring y el manejo fiscal en un entorno de mayores necesidades de gasto. Para el ahorrador, la lectura central es que los Cetes continúan ofreciendo rendimiento por encima de la inflación, pero el premio real podría seguir reduciéndose si la política monetaria se suaviza y los precios no ceden con la misma velocidad.

En perspectiva, la baja en Cetes pese a la pausa de Banxico refleja expectativas de menores tasas en el horizonte, mantiene retornos reales todavía positivos y reabre el debate sobre qué plazo conviene según liquidez y tolerancia al riesgo, con el tipo de cambio y la inflación como variables clave a monitorear.

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