Inflación repunta en enero por ajustes al IEPS en refrescos y tabaco; Banxico gana argumentos para pausar recortes
La inflación en México arrancó el año con un repunte: en enero el Índice Nacional de Precios al Consumidor avanzó 3.79% anual, de acuerdo con el Inegi, presionado principalmente por el aumento de impuestos a bebidas azucaradas y cigarros. El dato superó el 3.69% observado en diciembre y reaviva el debate sobre la velocidad a la que puede relajarse la política monetaria en los próximos meses, especialmente cuando la meta del banco central es 3% +/- un punto porcentual.
El componente subyacente —que suele reflejar mejor la tendencia de mediano plazo al excluir energéticos y agropecuarios— se ubicó en 4.52% anual. Esta lectura sugiere que, aunque el choque fiscal (IEPS) explica parte del repunte, persisten inercias en servicios y en ciertos rubros de consumo fuera del “ruido” habitual de los precios más volátiles. En términos prácticos, el panorama sigue siendo de desinflación gradual, pero a un ritmo irregular y con riesgos de rebrotes temporales.
Los incrementos más visibles se concentraron en cigarros y refrescos envasados, además de servicios de comida corrida —fondas, loncherías, torterías y taquerías—, así como en restaurantes. También se registraron alzas en vivienda y electricidad, rubros que suelen tener un peso relevante en el bolsillo. Del lado agroalimentario destacó el encarecimiento del limón y el plátano, en un contexto donde la estacionalidad, los costos logísticos y los márgenes comerciales tienden a amplificar movimientos de corto plazo.
En contraste, las mayores bajas del mes se observaron en el transporte aéreo, el huevo y el gas LP, además de algunas verduras como chile serrano, cebolla, lechuga y col. Este comportamiento mixto es consistente con un entorno en el que los choques puntuales conviven con una moderación general: por ejemplo, la energía puede aliviar la inflación por periodos, mientras que servicios y alimentos preparados mantienen presiones por costos laborales, rentas y demanda interna.
Para el Banco de México, el dato refuerza el argumento de cautela. Tras recortes previos, la Junta de Gobierno decidió recientemente mantener la tasa de referencia en 7% para calibrar el impacto del ajuste al IEPS y la trayectoria de la inflación subyacente. En el mercado, el escenario central sigue contemplando recortes adicionales más adelante en el año, pero con mayor dependencia de los datos: si los servicios no ceden y los choques fiscales se transmiten más de lo previsto, la ventana para bajar tasas podría desplazarse hacia la segunda mitad del año.
El contexto internacional también importa: la estabilidad del tipo de cambio ha contribuido en los últimos trimestres a contener presiones importadas, pero episodios de volatilidad global —por tasas externas, precios de energéticos o aversión al riesgo— pueden alterar esa contribución. Dado el peso del comercio con Estados Unidos, cualquier cambio en el ciclo económico norteamericano se filtra a México vía exportaciones manufactureras, remesas y condiciones financieras, lo que termina influyendo tanto en la demanda como en los precios.
Hacia adelante, analistas también ponen atención a factores estacionales y a eventos extraordinarios que podrían elevar temporalmente ciertos precios, particularmente en servicios. Un repunte acotado —si se materializa— no necesariamente cambiaría la tendencia desinflacionaria, pero sí puede afectar expectativas de inflación y, por lo tanto, el ritmo al que Banxico se sienta cómodo relajando su postura. En ese equilibrio, el banco central suele privilegiar señales claras de moderación de la subyacente, especialmente en servicios, para evitar que la inflación se “reacelere” por efectos de segunda vuelta.
En síntesis, enero confirma que el proceso de desinflación continúa, pero no en línea recta: el IEPS a refrescos y tabaco empujó la cifra general y la subyacente sigue elevada. Con ello, Banxico tiene más margen para mantener una postura prudente y condicionar futuros recortes a una mejora sostenida en la inflación subyacente, mientras hogares y negocios enfrentan un arranque de año con presiones selectivas en consumo cotidiano y servicios.





