Empleo en EE. UU. sorprende al alza y reconfigura el panorama para el peso y las tasas en México
La creación de empleo en Estados Unidos superó las expectativas en enero, una señal de resiliencia económica que vuelve a colocar al mercado laboral como variable central para las decisiones de política monetaria y, por extensión, para los mercados financieros de México. El reporte del Departamento del Trabajo mostró 130,000 nuevas contrataciones y una baja en la tasa de desempleo a 4.3%, muy por encima de lo anticipado por analistas. Para México, esta sorpresa suele traducirse en dos canales: expectativas de tasas más altas por más tiempo en EE. UU. y un ajuste en el apetito por riesgo que impacta al tipo de cambio y a los flujos hacia mercados emergentes.
En el desglose sectorial, la expansión se concentró en salud, servicios sociales y construcción, mientras que finanzas y el gobierno federal recortaron plazas. El informe también subrayó la reducción acumulada de la plantilla federal desde finales de 2024, en un contexto de recortes administrativos y episodios de disrupción política —incluido el cierre parcial del gobierno— que retrasaron la publicación de datos. Además, se revisaron a la baja cifras de meses previos, recordatorio de que la fotografía del empleo puede cambiar con actualizaciones, un factor que suele aumentar la volatilidad alrededor de los anuncios macro.
Para la economía mexicana, un mercado laboral estadounidense fuerte tiene lecturas mixtas. Por un lado, sostiene la demanda por exportaciones manufactureras mexicanas —especialmente en industrias integradas a la cadena automotriz, electrónica y de equipo— y puede apoyar el flujo de remesas al mantener el ingreso laboral de los hogares mexicanos en EE. UU. Por el otro, si la fortaleza del empleo presiona salarios e inflación en la economía estadounidense, la Reserva Federal tiende a mantener un sesgo restrictivo por más tiempo, encareciendo el financiamiento global y presionando las valuaciones de activos en mercados como México.
En el frente cambiario, la combinación de datos sólidos en EE. UU. y expectativas de tasas elevadas suele fortalecer al dólar y elevar la sensibilidad del peso a episodios de “risk-off”. En México, el tipo de cambio también se mueve por factores internos: el diferencial de tasas, la percepción de riesgo país y la trayectoria fiscal. En ese sentido, la atención del mercado se reparte entre la ruta de recortes de tasa de Banco de México, el ritmo de desinflación local y el balance entre disciplina fiscal y gasto público. Cuando el diferencial de tasas se estrecha, el peso puede volverse más dependiente del entorno externo y de la narrativa sobre crecimiento global.
Para Banxico, el dato de empleo en EE. UU. no es determinante por sí mismo, pero sí relevante: una Fed más restrictiva por más tiempo puede complicar el balance entre reducir tasas para apoyar la actividad y evitar presiones cambiarias que se transmitan a precios. A nivel doméstico, México llega a este tramo del año con una economía que ha mostrado señales de desaceleración en algunos indicadores de inversión y consumo, al tiempo que el sector exportador y el turismo han funcionado como amortiguadores. En este contexto, la lectura del mercado laboral estadounidense se integra al rompecabezas que define el costo del crédito, el tipo de cambio y la confianza empresarial.
Hacia adelante, los inversionistas seguirán de cerca si la fortaleza del empleo en EE. UU. se mantiene o si las revisiones y la moderación en algunos sectores confirman un enfriamiento gradual. Para México, el escenario más favorable sería una desaceleración ordenada en EE. UU. —sin recesión— que permita recortes de tasas graduales y un entorno de comercio estable; el más retador, un repunte inflacionario que obligue a prolongar la restricción monetaria y eleve la volatilidad financiera. En cualquier caso, el mensaje inmediato es que la economía estadounidense continúa marcando el pulso de las condiciones financieras que enfrenta México.
En síntesis, el dato de empleo en EE. UU. refuerza la narrativa de una economía todavía sólida y reaviva el debate sobre cuánto tiempo permanecerán restrictivas las tasas internacionales; para México, eso implica oportunidades por demanda externa, pero también riesgos por un dólar más fuerte, financiamiento más caro y mayor sensibilidad del peso a cambios en el apetito por riesgo.





