Aranceles en EU elevan ingresos y recortan el déficit: señales mixtas para México en comercio e inversión
El déficit fiscal de Estados Unidos mostró una reducción en el cuarto trimestre de 2025, apoyado por un incremento en la recaudación tributaria donde destacaron los ingresos por derechos aduaneros, de acuerdo con información del Departamento del Tesoro. El dato es relevante para México no solo por el peso del mercado estadounidense en las exportaciones nacionales, sino porque anticipa un entorno comercial potencialmente más volátil en el corto plazo.
Según el reporte, el déficit bajó 15% frente al último trimestre de 2024, al pasar de 711 mil millones de dólares a 602 mil millones. En paralelo, los ingresos totales aumentaron 13% a 1.2 billones de dólares, mientras el gasto avanzó 2% hasta 1.8 billones; ambos rubros se ubicaron en niveles récord. Por componentes, el cobro de derechos aduaneros se elevó con fuerza, al saltar de 23 mil millones a 94 mil millones de dólares, impulsado principalmente por aranceles más altos.
El repunte de ingresos por comercio exterior ocurre en un contexto de expansión de medidas arancelarias de amplio alcance por parte de la administración estadounidense. Aunque el ajuste fiscal puede interpretarse como una mejora coyuntural de las finanzas públicas de EU, el mecanismo —más ingresos por aranceles— suele trasladarse a precios, modificar cadenas de suministro y elevar costos para empresas importadoras, con efectos secundarios que pueden repercutir en socios comerciales estrechamente integrados como México.
Para la economía mexicana, el canal más inmediato es el comercial. México mantiene una alta dependencia de la demanda de Estados Unidos, en especial en manufacturas vinculadas a la industria automotriz, electrónica, equipo eléctrico y dispositivos médicos. Aun cuando el T-MEC ofrece un marco de certidumbre relativa, la experiencia de años recientes muestra que el uso de aranceles, cuotas o medidas administrativas puede aumentar la incertidumbre operativa, encarecer insumos y tensar tiempos de entrega, factores críticos en esquemas de producción “justo a tiempo”.
En el frente macroeconómico, un entorno de mayores fricciones comerciales podría influir en el balance externo mexicano por varias vías: (1) cambios en el volumen exportado si ciertos sectores enfrentan barreras; (2) ajustes de precios relativos si se encarecen insumos importados; y (3) reconfiguraciones de inversión en Norteamérica. México ha buscado capitalizar el “nearshoring” —la relocalización de procesos productivos hacia la región—, pero la materialización de esos flujos depende de condiciones como energía suficiente, seguridad, infraestructura logística, disponibilidad de agua en polos industriales y certidumbre regulatoria.
En mercados financieros, las señales de política comercial de EU también importan porque pueden afectar expectativas de inflación y de tasas. Si los aranceles alimentan presiones inflacionarias en Estados Unidos, la Reserva Federal podría mantener una postura monetaria más restrictiva por más tiempo, elevando el costo global del financiamiento. Para México, eso se traduce en un entorno donde Banco de México debe calibrar recortes de tasa con cautela para no reavivar presiones sobre el tipo de cambio o sobre la inflación, particularmente en un país donde el traspaso cambiario puede ser relevante en ciertos bienes importados.
Hacia adelante, el efecto neto para México dependerá de la instrumentación concreta de los aranceles y de posibles excepciones o reglas por origen bajo el T-MEC. Una mayor recaudación aduanera en EU sugiere que las medidas ya están teniendo impacto cuantificable en flujos comerciales. Para empresas mexicanas, el reto será reforzar cumplimiento de reglas de origen, diversificar mercados cuando sea viable, y acelerar inversiones en productividad y logística para sostener competitividad. Para el país, el tema también se entrelaza con la agenda interna: consolidación fiscal, inversión pública en infraestructura, y un entorno de negocios que permita aprovechar oportunidades de relocalización sin elevar costos estructurales.
En síntesis, la reducción del déficit estadounidense impulsada por mayores ingresos —en particular por aranceles— ofrece una fotografía de corto plazo que combina disciplina fiscal relativa con mayor proteccionismo. Para México, el dato es una señal de que el comercio con su principal socio podría enfrentar episodios de mayor fricción, lo que vuelve más valioso fortalecer competitividad, certidumbre y capacidad logística para sostener exportaciones e inversión en un entorno externo más exigente.