Inflación en Estados Unidos se enfría: implicaciones para el peso mexicano y las tasas en México
El menor avance de precios en EE. UU. al inicio de año reabre el debate sobre recortes de tasas y su efecto en el tipo de cambio y el financiamiento en México.
La inflación en Estados Unidos arrancó el año con una desaceleración mayor a la prevista, al ubicarse en 2.4% anual en enero, por debajo del 2.7% reportado en diciembre. El dato refuerza la lectura de que las presiones de precios han perdido fuerza, en particular por la moderación en combustibles y algunos bienes duraderos, aunque persisten incrementos en rubros como servicios y energéticos regulados.
Para México, el comportamiento de los precios en Estados Unidos es un insumo relevante por su impacto sobre las expectativas de política monetaria de la Reserva Federal y, en consecuencia, sobre los flujos financieros hacia mercados emergentes. Cuando el mercado percibe que la inflación estadounidense cede, suele aumentar la probabilidad de que la Fed recorte su tasa de referencia más pronto o con mayor intensidad, lo que puede reducir la fortaleza del dólar estadounidense (USD) frente a monedas como el peso.
En el mercado local, esa dinámica tiende a reflejarse en menor presión sobre el tipo de cambio, una disminución del costo de cobertura cambiaria y, potencialmente, condiciones financieras menos restrictivas. Sin embargo, el canal no es automático: la paridad peso-dólar también reacciona a factores internos (disciplina fiscal, percepción de riesgo, inversión y comercio) y a episodios de aversión global al riesgo.
El dato de inflación también llega en un momento en que la economía mexicana enfrenta un crecimiento moderado, con un consumo que ha mostrado resiliencia, pero con señales de enfriamiento en algunos segmentos de la manufactura vinculada al ciclo industrial estadounidense. A ello se suma que el proceso desinflacionario en México ha sido más lento en servicios que en mercancías, lo que obliga a mantener cautela en el ritmo de relajamiento monetario.
Banxico: el margen para bajar tasas depende del diferencial con la Fed y de la inflación subyacente
La trayectoria de la inflación en Estados Unidos suele influir en el espacio de maniobra del Banco de México (Banxico), no porque el banco central mexicano replique decisiones, sino porque el diferencial de tasas entre México y EE. UU. es una pieza clave para la estabilidad financiera y cambiaria. Si la Fed se acerca a un ciclo de recortes y México mantiene una postura prudente, el diferencial puede seguir favoreciendo al peso; pero si los recortes en México se aceleran más que en EE. UU., el mercado podría exigir una prima adicional, elevando la volatilidad del tipo de cambio.
En la práctica, Banxico ha enfatizado que la decisión sobre la tasa depende de la inflación local —en particular, la subyacente— y de las expectativas de mediano plazo. Para hogares y empresas, el efecto se observa en el costo del crédito: una convergencia ordenada de la inflación abre la puerta a tasas menos altas, con impacto en hipotecas, financiamiento automotriz y capital de trabajo, aunque el traspaso suele ser gradual y heterogéneo por segmento.
Hacia adelante, el principal punto de vigilancia para México será si la desinflación en Estados Unidos se consolida sin un repunte en energéticos y si la economía estadounidense evita un sobrecalentamiento en servicios. Un escenario de inflación más controlada y tasas estadounidenses a la baja puede favorecer un entorno de menor presión para el peso y un costo de financiamiento externo más manejable; aun así, el balance de riesgos incluye episodios de volatilidad global, ajustes en expectativas de tasas y choques en precios de energía o alimentos.
En síntesis, el enfriamiento de la inflación en Estados Unidos es una señal positiva para el entorno financiero, pero México seguirá dependiendo de la evolución de su inflación subyacente y de una coordinación implícita entre estabilidad cambiaria y política monetaria para sostener un ajuste ordenado.





