Récord del déficit comercial de Estados Unidos reaviva el debate sobre aranceles y sus efectos en México
El desequilibrio externo de Estados Unidos y su giro arancelario vuelven a poner bajo la lupa a las cadenas de suministro donde México es un socio clave.
El déficit comercial de Estados Unidos (EU) volvió a colocarse en el centro de la conversación económica global tras registrarse un nuevo récord en 2025, de acuerdo con cifras oficiales. Aunque el desbalance total de bienes y servicios mostró una variación marginal frente al año previo, el dato subraya que los aranceles generalizados impulsados por la administración de Donald Trump no han logrado, al menos por ahora, revertir la brecha estructural entre importaciones y exportaciones de la mayor economía del mundo.
Para México, el tema no es menor: la economía mexicana está profundamente integrada a los flujos manufactureros de Norteamérica. Cambios en la política comercial de EU —en especial cuando implican incrementos arancelarios amplios o medidas de “contenido nacional”— suelen trasladarse a decisiones de inversión, a la planeación de inventarios y a la demanda de insumos intermedios en sectores como automotriz, electrónico, maquinaria y equipo.
Los datos publicados por el Departamento de Comercio de EU indicaron que el déficit de bienes se ubicó en 1.24 billones de dólares en 2025, con un incremento ligero frente a 2024. En contraste, al incorporar servicios el déficit total bajó marginalmente, a 901,500 millones de dólares. En diciembre, el déficit se amplió por una combinación de menores exportaciones y mayores importaciones, con movimientos relevantes en suministros industriales y bienes de capital.
En el trasfondo, los aranceles más altos —que elevaron el arancel efectivo promedio de EU a máximos no vistos desde la década de 1930— han reordenado incentivos de corto plazo, pero no necesariamente han cambiado determinantes estructurales como el ahorro interno, el consumo, la inversión y el tipo de cambio real. Para México, la lectura clave es cómo se reconfiguran las cadenas de valor y qué tan durable es el impulso del “nearshoring” bajo un entorno comercial más rígido.
Implicaciones para México: exportaciones, nearshoring y volatilidad cambiaria
En México, el desempeño exportador depende en gran medida del ciclo industrial de EU, especialmente en manufacturas. Un déficit estadounidense elevado suele reflejar una demanda interna robusta y un nivel alto de importaciones, lo que puede sostener pedidos para plantas mexicanas; sin embargo, cuando esa dinámica viene acompañada de aranceles generalizados o de mayor discrecionalidad comercial, el efecto puede ser ambivalente: por un lado, México podría ganar participación si empresas sustituyen proveedores lejanos por producción regional; por otro, aumentan los costos de cumplimiento, la incertidumbre regulatoria y el riesgo de medidas espejo que terminen afectando flujos transfronterizos.
La industria automotriz es un buen ejemplo: su integración regional hace que el impacto no se limite a un solo país. Un arancel amplio a componentes o equipos puede elevar costos a lo largo de la cadena, presionar márgenes y acelerar ajustes en logística y abastecimiento. En el caso de electrónica y telecomunicaciones, el repunte de importaciones de bienes de capital en diciembre en EU sugiere un ciclo de inversión que podría beneficiar a proveedores mexicanos, aunque el balance dependerá de reglas específicas, certificaciones de origen y tiempos de adaptación.
En el frente financiero, la incertidumbre comercial suele traducirse en episodios de mayor volatilidad del peso frente al dólar estadounidense (USD). Para empresas mexicanas con deuda en moneda extranjera o con insumos importados, movimientos abruptos del tipo de cambio pueden modificar estructuras de costos y decisiones de cobertura. A nivel macro, Banco de México monitorea de cerca estos choques por su potencial impacto en inflación —vía bienes importados y expectativas—, especialmente cuando coinciden con presiones en energéticos, logística o alimentos.
Otro elemento a observar es la evolución del déficit bilateral de EU con China, que se redujo en el acumulado anual según los datos. Un menor déficit con China, en un contexto de tensiones comerciales que suben y bajan, puede incentivar un reacomodo de proveedores hacia Norteamérica. México ha buscado capitalizar esa tendencia mediante nuevos parques industriales, expansión de infraestructura fronteriza y mayor oferta de energía y agua en polos manufactureros; no obstante, persisten cuellos de botella en transmisión eléctrica, permisos, seguridad en rutas logísticas y disponibilidad de talento técnico.
Hacia adelante, el efecto neto para México dependerá de si la política comercial de EU se enfoca en aranceles generalizados o en estrategias más selectivas, así como de la coordinación bajo el marco del T-MEC. Para el mercado mexicano, el escenario base suele combinar oportunidades de relocalización con riesgos de choque regulatorio, lo que exige a empresas y gobiernos estatales mejorar certidumbre, infraestructura y capacidades de cumplimiento.
En síntesis, el récord del déficit comercial de Estados Unidos confirma que los aranceles por sí solos difícilmente corrigen desequilibrios macro, pero sí reconfiguran incentivos. Para México, el reto es convertir la integración regional en inversión y productividad, sin perder de vista los riesgos de volatilidad y nuevas fricciones comerciales.





