Mercado laboral mexicano abre 2026 con desempleo bajo, pero más informalidad y menor participación

11:12 26/02/2026 - PesoMXN.com
Compartir:
Mercado laboral mexicano abre 2026 con desempleo bajo, pero más informalidad y menor participación

La ENOE de enero sugiere que el empleo resiste en cantidad, pero pierde fuerza en calidad por el avance de la informalidad y el retroceso de la participación laboral.

El mercado laboral en México comenzó 2026 con señales encontradas: la desocupación se mantuvo en niveles históricamente bajos, pero la informalidad repuntó y la participación laboral retrocedió, un combo que suele anticipar un entorno menos dinámico para los ingresos de los hogares. La lectura general del arranque de año es que el empleo sigue “aguantando” en número, aunque enfrenta presiones crecientes en calidad, estabilidad y acceso a prestaciones.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en enero la tasa de desocupación se ubicó en 2.7%, el mismo nivel observado un año antes. Sin embargo, el dato convive con una reducción de la Población Económicamente Activa (PEA) en términos relativos: la tasa de participación se colocó en 58.5%, por debajo del 59.4% de enero de 2025. En la práctica, esto sugiere que una parte de la población en edad de trabajar no está buscando empleo o no puede incorporarse al mercado, lo que reduce la “presión” estadística sobre el desempleo abierto, pero no necesariamente implica mayor bienestar.

En términos de ocupación, el país registró 59.7 millones de personas ocupadas, un incremento anual de 229,000. No obstante, el indicador de condiciones críticas de ocupación —que captura presiones por ingresos insuficientes y/o jornadas problemáticas— subió a 38.3% desde 36.4% un año antes. Es decir, más personas están trabajando, pero una proporción mayor lo hace con remuneraciones y/o condiciones menos favorables, un tema relevante en un contexto donde el consumo interno depende de la masa salarial y de la estabilidad del empleo.

Una de las señales más claras del deterioro en la calidad laboral fue el avance de la informalidad. La tasa de informalidad laboral se elevó a 54.9% desde 54.1% en enero de 2025, equivalente a 32.7 millones de personas en esquemas informales. También aumentó la ocupación en el sector informal —micronegocios no registrados— a 29.3% de la población ocupada, 1.3 puntos porcentuales más que hace un año.

Por sectores, el desempeño fue desigual: la construcción sumó 276,000 ocupados en términos anuales, los servicios diversos añadieron 223,000 y transportes 123,000. En contraste, la agricultura recortó 271,000 empleos y el comercio 120,000. El sector secundario destacó con un aumento anual de 310,000 personas ocupadas, un matiz importante para evaluar la tracción de actividades ligadas a obra, manufactura y cadenas de suministro.

¿Por qué importa la caída en la participación laboral?

La disminución de la participación laboral suele interpretarse como una señal de enfriamiento o de barreras de acceso al empleo, especialmente cuando coincide con mayor informalidad. En México, la participación puede verse afectada por factores como desaliento ante oportunidades limitadas, costos de cuidado (infancias y adultos mayores), cambios en la oferta de empleo local, estacionalidad y decisiones de estudio o retiro. También puede reflejar que parte de la población se mueve hacia actividades de baja productividad o fuera del radar estadístico del empleo formal, lo que termina presionando el ingreso disponible y la capacidad de ahorro, además de debilitar el acceso a seguridad social.

Desde una óptica macroeconómica, una participación menor tiende a acotar el crecimiento potencial en el mediano plazo si no se compensa con aumentos de productividad. Además, al concentrarse el crecimiento del empleo en segmentos informales, se vuelve más difícil consolidar avances en cobertura de salud, pensiones y recaudación, y se mantiene la dependencia de ingresos laborales más volátiles. Para las empresas, un mercado laboral con alta informalidad puede implicar rotación, menor capacitación y una competencia desbalanceada frente a negocios que no asumen costos regulatorios.

Implicaciones para consumo, salarios y política económica

El mercado laboral es el principal canal de transmisión hacia el consumo de los hogares, que en los últimos años ha sido un soporte relevante de la actividad económica. Un avance de la informalidad y del empleo con condiciones críticas puede traducirse en un consumo más cauteloso, mayor uso de endeudamiento de corto plazo y menor resiliencia ante choques de precios. Aunque los aumentos al salario mínimo y la desaceleración de la inflación han ayudado a recomponer parte del poder adquisitivo, el beneficio es desigual cuando una gran porción de trabajadores permanece fuera de esquemas formales o con ingresos variables.

En el frente de política económica, el reto es doble: sostener un entorno que facilite la creación de empleo formal —con certidumbre regulatoria y costos de formalización manejables para pequeñas unidades económicas— y, al mismo tiempo, elevar productividad mediante inversión, capacitación y encadenamientos regionales. En la lectura prospectiva, si la actividad económica se modera y el empleo formal no repunta, es probable que el ajuste se vea primero en participación e informalidad antes que en un aumento pronunciado del desempleo abierto, manteniendo la tasa de desocupación baja pero con mayor fragilidad en la calidad del empleo.

En síntesis, enero de 2026 confirma un mercado laboral que luce estable en desempleo, pero más presionado en participación, informalidad y condiciones de ocupación. El foco hacia adelante estará en si la creación de empleo se desplaza de vuelta a la formalidad y si la mejora del ingreso real se consolida con productividad, o si la economía sigue generando trabajo principalmente en esquemas más precarios.

Compartir:

Comentarios

Otros Noticias sobre el peso mexicano >>