Trump reactiva la guerra arancelaria con un gravamen general de 10%: el golpe potencial para México y el T-MEC
El nuevo arancel general en Estados Unidos eleva la incertidumbre para exportadores mexicanos y podría presionar precios, inversión y el tipo de cambio.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición de un nuevo arancel general de 10% sobre todas las importaciones, luego de que la Corte Suprema estadounidense acotara el uso de facultades ejecutivas para aplicar gravámenes amplios bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). En respuesta, la Casa Blanca informó que buscará otras rutas legales —incluido el marco comercial de 1974— para sostener la política arancelaria, en un movimiento que vuelve a colocar a la economía global en un terreno de alta volatilidad.
Para México, el anuncio reaviva un riesgo que había bajado de intensidad en meses recientes: un entorno comercial más incierto con su principal socio. La economía mexicana depende de manera estructural del mercado estadounidense: una porción significativa de sus exportaciones manufactureras —en especial autos y autopartes, electrónicos, equipo eléctrico, maquinaria y dispositivos médicos— se integra a cadenas regionales donde los cambios arancelarios alteran costos, inventarios y decisiones de producción con rapidez.
El fallo judicial en Estados Unidos delimitó el alcance de una herramienta clave utilizada por Trump para justificar aranceles generalizados, pero el nuevo anuncio sugiere que la estrategia no se abandona: cambia de fundamento. Eso introduce un componente adicional para empresas con operaciones binacionales, que ahora deberán seguir no solo la política comercial, sino también el litigio y el calendario legislativo estadounidense que podría determinar la duración y cobertura de los gravámenes.
En el corto plazo, el impacto sobre México dependerá de si el arancel se aplica sin excepciones, de cómo se trate el comercio regional bajo el T-MEC y de si habrá medidas sectoriales adicionales (por ejemplo, en autos, acero o aluminio). Aunque la sentencia se centró en aranceles “recíprocos” presentados de forma general, dejó margen para que continúen políticas por industrias específicas, un punto crítico para la manufactura mexicana.
Los mercados suelen reaccionar tanto al arancel como a la incertidumbre: un esquema generalizado puede elevar los costos de importación en Estados Unidos, afectar demanda final y presionar márgenes en empresas que dependen de insumos transfronterizos. Para México, eso puede traducirse en menor dinamismo exportador y, en consecuencia, en una desaceleración del crecimiento, particularmente en regiones altamente integradas a la manufactura de exportación del norte y el Bajío.
Presión sobre inversión, tipo de cambio y costos: la transmisión hacia la economía mexicana
El canal más inmediato para México no siempre es el arancel en sí, sino la combinación de menor visibilidad y cambios en expectativas. Si las empresas anticipan que el acceso al mercado estadounidense será más caro o más errático, podrían postergar decisiones de inversión, reconfigurar proveedores o buscar coberturas que encarecen la operación. En un país que ha capitalizado el “nearshoring” por su cercanía con Estados Unidos, un giro proteccionista tiende a moderar el ritmo de anuncios y ampliaciones, incluso cuando México mantiene ventajas logísticas y de costos frente a Asia.
En el frente financiero, un episodio de tensión comercial puede reflejarse en mayor volatilidad del peso mexicano frente al Dólar estadounidense, especialmente si se eleva la aversión al riesgo y se fortalecen activos refugio. La trayectoria del tipo de cambio también depende del diferencial de tasas y de la percepción sobre la solidez fiscal y externa de México, pero los choques comerciales con Estados Unidos suelen amplificarse por el peso de ese mercado en exportaciones y remesas.
Además, si el arancel general eleva precios en Estados Unidos, podría haber efectos mixtos: por un lado, presiones inflacionarias en el consumidor estadounidense; por otro, un posible enfriamiento de demanda si el poder de compra se reduce. Para México, la combinación es delicada: una demanda estadounidense más débil puede pegar a exportaciones, mientras que un encarecimiento de insumos importados y ajustes en logística pueden trasladarse a costos en industrias mexicanas integradas a cadenas norteamericanas.
Desde la perspectiva de política monetaria, un entorno externo más incierto tiende a volver más cautelosa la calibración de Banco de México. Si la volatilidad cambiaria se intensifica o si ciertos precios transables repuntan, el banco central podría enfrentar un balance más complejo entre consolidar la desinflación y evitar un deterioro de expectativas. En el margen, la señal que envíe la Reserva Federal también será relevante: si Estados Unidos enfrenta presiones de precios por aranceles, el camino de tasas podría no relajarse tan rápido como anticipa el mercado, con efectos sobre flujos hacia emergentes.
En el terreno político-comercial, México podría activar consultas y mecanismos de solución de controversias del T-MEC si considera que el arancel viola compromisos, aunque los tiempos suelen ser largos. En paralelo, sectores empresariales presionarían para preservar reglas claras de origen y trato preferencial a bienes regionales, ya que el valor de la integración depende precisamente de la previsibilidad.
Aun con estos riesgos, México mantiene amortiguadores: una base exportadora diversificada por industrias, un sistema financiero con regulación prudencial y un mercado interno que, aunque heterogéneo, ha mostrado capacidad de sostener consumo en ciertos periodos. No obstante, el margen de maniobra es menor cuando el choque proviene del principal socio comercial y cuando la inversión privada está altamente condicionada por el acceso estable al mercado estadounidense.
En síntesis, el arancel general de 10% anunciado por Trump reintroduce un foco de tensión que puede repercutir en exportaciones, inversión y volatilidad financiera para México. La magnitud final dependerá de su diseño, de posibles exenciones bajo el T-MEC y de la duración legal y política del esquema, pero el episodio confirma que el riesgo comercial seguirá siendo una variable clave para el panorama económico mexicano en 2026.





