Aranceles de la Sección 232 frenan el acero hacia Estados Unidos y elevan la presión sobre la industria mexicana

05:55 26/02/2026 - PesoMXN.com
Compartir:
Aranceles de la Sección 232 frenan el acero hacia Estados Unidos y elevan la presión sobre la industria mexicana

La caída de importaciones de acero en Estados Unidos por aranceles reconfigura costos y producción en Norteamérica, con efectos directos en México.

La política arancelaria de Estados Unidos bajo la Sección 232 volvió a mostrar su fuerza en 2025: las importaciones de acero disminuyeron de forma marcada, tanto en valor como en volumen, en un entorno donde Washington busca blindar a su industria siderúrgica y reducir su dependencia de proveedores externos. Datos oficiales apuntan a importaciones por 25,091 millones de dólares, una caída anual de 21%, mientras que el volumen retrocedió 12.6%, señal de que las restricciones comerciales están conteniendo el flujo internacional del metal.

Para México, el ajuste no es menor. El país se mantuvo entre los principales abastecedores del mercado estadounidense, pero con una contracción anual relevante en sus envíos. En un sector donde el acero funciona como insumo transversal —desde autopartes y electrodomésticos hasta maquinaria, infraestructura y equipo industrial—, cualquier distorsión arancelaria se traduce en presión sobre márgenes, decisiones de inversión y continuidad de pedidos, especialmente en corredores manufactureros orientados a exportación.

Del lado estadounidense, la industria mantiene una defensa abierta de los aranceles: argumenta que el acero es un activo estratégico para infraestructura y defensa, y que el mercado global está afectado por subsidios y políticas industriales que han generado sobrecapacidad. En ese contexto, estimaciones internacionales ubican el exceso de capacidad siderúrgica mundial en cientos de millones de toneladas, un desequilibrio que, en opinión del sector, incrementa el riesgo de oleadas de exportación a precios bajos y de choques de importación que desestabilicen al productor local.

Sin embargo, dentro de Estados Unidos también crece la presión por los costos: las tarifas —que han llegado a 50% para ciertos productos— no solo pegan al metal primario, sino a una gama amplia de bienes manufacturados que incorporan acero y aluminio. Para empresas que compiten por precio o que operan con contratos de largo plazo, el encarecimiento de insumos puede trasladarse parcialmente al consumidor o absorberse como menor rentabilidad, con efectos sobre inversión, empleo y planeación de inventarios.

En este marco, autoridades comerciales estadounidenses han reconocido la posibilidad de ajustes operativos para simplificar el cumplimiento y reducir costos administrativos. Entre las opciones discutidas figura un rediseño por categorías —bienes de consumo, intermedios e industriales— con tasas diferenciadas, un mecanismo que podría aliviar a ciertos importadores pero elevar la carga a otros, dependiendo de si el arancel se calcula sobre el contenido metálico o sobre el valor total del producto final.

Impacto en México: capacidad ociosa, cadenas automotrices y negociación comercial

La siderurgia mexicana llega a este episodio con retos propios: la demanda interna suele ser procíclica y depende de construcción, infraestructura y manufactura; además, el dinamismo exportador está íntimamente ligado al ciclo industrial de Estados Unidos. Con los aranceles en vigor, cámaras y empresas del sector han advertido que varias plantas operan con utilización de capacidad por debajo de niveles históricamente cómodos, lo que presiona costos unitarios y pone en pausa planes de expansión en un momento en que México compite por captar inversión manufacturera en Norteamérica.

El efecto se amplifica por la integración regional. En industrias como la automotriz, el acero viaja “dentro” de cadenas de valor: entra como lámina, se transforma en autopartes y vuelve a cruzar como componente o bien final. Cuando los gravámenes se extienden a productos derivados, el golpe no se queda en la acerera: se traslada a proveedores de segundo y tercer nivel, a la logística, y a decisiones de abastecimiento de grandes ensambladoras. Esto ocurre además en un entorno donde México busca consolidar ventajas por cercanía geográfica y costos, pero enfrenta cuellos de botella como disponibilidad de energía, agua en ciertas regiones y necesidades de infraestructura de transporte.

En el frente diplomático, el gobierno mexicano ha insistido en que estas barreras son costosas para ambas economías y ha buscado colocarlas como prioridad en el diálogo comercial. Un argumento recurrente es que México no representa un riesgo sistémico de “inundación” de acero al mercado estadounidense, y que, al contrario, la relación bilateral en el sector puede mostrar déficits del lado mexicano, lo cual debilita la lógica económica de mantener una restricción generalizada. En la práctica, la discusión se cruza con el clima político en Estados Unidos y con la agenda de cumplimiento comercial, lo que sugiere que cualquier cambio podría ser gradual y altamente condicionado.

Hacia adelante, el principal riesgo para México es que la incertidumbre arancelaria se traduzca en menores pedidos y en decisiones de inversión más cautelosas, no solo en acero sino en manufacturas intensivas en metal. La oportunidad, si se materializan ajustes más quirúrgicos, sería recuperar flujo en segmentos específicos y reducir fricciones en cadenas productivas. En cualquier escenario, la señal es clara: la política industrial y comercial de Estados Unidos seguirá siendo un factor determinante para el desempeño de la industria mexicana orientada a exportación.

En síntesis, la caída de importaciones de acero en Estados Unidos confirma el efecto de la Sección 232 y abre una etapa de negociación donde México busca certidumbre. La evolución de los aranceles influirá en costos, capacidad operativa y decisiones de inversión a lo largo de la manufactura norteamericana.

Compartir:

Comentarios