Rendimientos de Cetes bajan y acortan su ventaja sobre la inflación: qué implica para el ahorro en 2026
La reducción de tasas en Cetes, junto con una inflación aún contenida, está estrechando el “colchón” de rendimiento real para los ahorradores.
Los rendimientos de los Certificados de la Tesorería (Cetes) volvieron a ajustarse a la baja en las subastas más recientes, un movimiento que refleja un entorno de política monetaria menos restrictivo y expectativas de que el ciclo de recortes continúe, aun cuando la inflación se mantiene dentro del rango objetivo. Para el inversionista minorista, el efecto más visible es que la brecha entre lo que pagan los Cetes y el aumento de precios se está haciendo más pequeña, reduciendo el rendimiento real.
La inflación general repuntó a 3.79% anual en enero, de acuerdo con cifras del Inegi, un nivel que sigue cerca del objetivo de estabilidad de precios de Banco de México (Banxico). Sin embargo, la trayectoria de los rendimientos sugiere que el mercado ya incorpora una continuidad en la relajación monetaria, en línea con la desaceleración observada desde los picos inflacionarios de 2022-2023 y con un crecimiento económico que ha mostrado episodios de enfriamiento.
En la curva corta, el Cete a 28 días se ubicó en 6.84%, mientras que el de 91 días quedó en 6.95%. Para horizontes más largos, el instrumento a 182 días se colocó en 7.11% y el Cete a 364 días en 7.22%. Aunque estas tasas siguen por encima de la inflación, el diferencial se ha venido estrechando conforme el mercado ajusta precios a un costo del dinero menor y a una prima de riesgo más acotada.
Este movimiento es particularmente relevante en México porque los Cetes suelen ser el “punto de partida” para fijar el costo del crédito y para comparar alternativas de ahorro de bajo riesgo, desde pagarés bancarios hasta fondos de deuda. Cuando los Cetes bajan, también se reduce el atractivo relativo de mantener liquidez remunerada, y se vuelve más importante evaluar plazos, comisiones y la tributación efectiva del rendimiento.
Conviene recordar el mecanismo básico: el valor nominal del Cete es de 10 pesos, pero se compra con descuento; al vencimiento, el gobierno paga el valor nominal y la diferencia representa la ganancia. En general, la ventaja de estos instrumentos es su alta liquidez, su transparencia y el hecho de que suelen ser un referente de inversión conservadora para hogares y empresas.
Rendimiento real: el indicador que el ahorrador no debe perder de vista
Una forma práctica de aproximar el rendimiento real es restar la inflación anual al rendimiento nominal del instrumento. Con una inflación de 3.79% y un Cete a 28 días en 6.84%, el diferencial aritmético es de alrededor de 3.05 puntos porcentuales. Esa diferencia funciona como un “colchón” contra la pérdida de poder adquisitivo, pero no es una garantía: puede variar si la inflación repunta o si las tasas siguen bajando con mayor velocidad. Además, el rendimiento real efectivo puede verse afectado por impuestos sobre intereses y por la reinversión a tasas futuras, especialmente en plazos cortos.
En el contexto macroeconómico, el balance es delicado. Por un lado, tasas más bajas pueden aliviar el servicio de deuda y apoyar el crédito al consumo y a empresas; por otro, si la inflación subyacente se resiste a bajar o si hay choques de oferta (por ejemplo, en alimentos o energéticos), Banxico podría optar por moderar el ritmo de recortes para no reavivar presiones inflacionarias. El mercado, a su vez, ajusta la curva de rendimientos conforme cambian las expectativas.
Para los inversionistas, el estrechamiento de la brecha entre Cetes e inflación también reabre la discusión sobre diversificación: plazos escalonados, fondos de deuda de corto y mediano plazo, o incluso instrumentos indexados a inflación, dependiendo del perfil de riesgo. En México, donde una parte importante del ahorro familiar sigue concentrada en efectivo o cuentas sin rendimiento competitivo, la comparación contra la inflación resulta clave para dimensionar el costo de oportunidad de no invertir.
Hacia adelante, la evolución de los Cetes dependerá de tres variables centrales: la trayectoria de la inflación (sobre todo la subyacente), el tono de Banxico y el desempeño de la actividad económica. También influirán factores externos como la volatilidad financiera global y las condiciones de liquidez, que pueden mover primas y apetito por riesgo en mercados emergentes, incluido México.
En síntesis, los Cetes continúan ofreciendo rendimientos nominales superiores a la inflación, pero el margen se está reduciendo conforme el mercado anticipa un costo del dinero menor; en este entorno, el rendimiento real, el plazo y la reinversión se vuelven determinantes para proteger el poder adquisitivo del ahorro.