San Valentín se consolida como termómetro del consumo interno en México
La derrama por el 14 de febrero crece y revela un consumo que privilegia experiencias, aunque sigue condicionado por precios e ingreso disponible.
El Día del Amor y la Amistad dejó de ser una fecha meramente comercial para convertirse en uno de los primeros grandes “cortes de caja” del año para el consumo interno. Para este 14 de febrero, el comercio, los servicios y el turismo estiman una derrama económica de 36,200 millones de pesos, 11.4% más que en 2025, de acuerdo con proyecciones de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur). La cifra se suma a una trayectoria ascendente: 25,000 millones en 2023, 28,000 millones en 2024 y 32,500 millones en 2025.
El aumento refleja una mezcla de factores: la inflación acumulada en rubros de consumo frecuente, ajustes salariales en diversos sectores, mayor formalización de pagos en negocios pequeños y, sobre todo, una preferencia creciente por “regalar tiempo” a través de cenas, salidas y hospedajes. A diferencia de campañas como el Buen Fin, la dinámica del 14 de febrero depende más del gasto inmediato en servicios presenciales y menos del financiamiento a plazos, por lo que suele impactar con rapidez la liquidez de miles de micro y pequeñas empresas.
Concanaco estima que el efecto económico se reparte sobre alrededor de 4.8 millones de unidades económicas vinculadas al comercio, servicios y turismo. Ese alcance explica por qué la fecha es relevante no solo para grandes cadenas, sino para floristerías, pastelerías, perfumerías, cafeterías, tiendas de regalos y, especialmente, restaurantes, donde el día se traduce en alta rotación de mesas y consumo de ticket medio superior al habitual.
El gasto promedio por persona se ubica cerca de 1,100 pesos, con variaciones amplias —desde consumos de alrededor de 550 pesos hasta niveles cercanos a 1,650—, una dispersión que retrata un mercado segmentado. En los hogares con mayor presión por costo de vida, el festejo tiende a concentrarse en detalles de bajo monto o en experiencias “en casa”; en otros segmentos, se privilegian cenas, escapadas de fin de semana y compras en tiendas departamentales.
En este contexto, los restaurantes vuelven a ser el principal termómetro. La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) prevé un incremento de ventas de entre 10% y 18%. Sin embargo, el propio sector ha subrayado que el crecimiento tiene un techo claro: la capacidad física. Cuando el 14 de febrero cae en fin de semana —un periodo de por sí intenso—, el límite es el número de mesas, turnos y personal disponible, más que una expansión “extraordinaria” por precios.
Precios, salarios y el peso del consumo en servicios
El desempeño del 14 de febrero ocurre en una economía donde el consumo ha mostrado resiliencia, aunque con señales de sensibilidad a precios. La desaceleración inflacionaria frente a los picos observados en años previos no elimina la presión sobre bolsillos: alimentos fuera del hogar, productos importados o con insumos dolarizados, y algunos servicios han mantenido incrementos que obligan a los consumidores a comparar más, reservar con anticipación o sustituir regalos tradicionales por opciones más accesibles. Al mismo tiempo, los ajustes al salario mínimo y a contratos colectivos han elevado el ingreso de ciertos grupos, lo que sostiene una parte del gasto discrecional, particularmente en experiencias.
Para las empresas, el 14 de febrero funciona como una prueba operativa: inventarios de alta rotación (flores, chocolates, pasteles), coordinación logística, personal eventual y estrategias de precio. En negocios de alimentos y bebidas, la clave suele ser maximizar la ocupación sin deteriorar la calidad del servicio, ya que la reputación digital puede afectar ventas posteriores. En turismo urbano, el impacto es más heterogéneo: algunos hoteles capitalizan escapadas cortas, mientras que otros ven un efecto marginal si compiten con destinos de playa o con eventos locales.
Más allá de la anécdota, la derrama de San Valentín sirve para leer tendencias: la transformación del gasto hacia servicios, la importancia de la economía local y la circulación de efectivo y pagos electrónicos en pequeños comercios. También ayuda a anticipar el tono del primer trimestre: si el consumidor se muestra dispuesto a gastar en experiencias, tiende a favorecer actividades intensivas en empleo, aunque el impulso puede ser estacional y concentrado en pocos días.
Hacia adelante, el reto para el sector será sostener márgenes en un entorno donde los costos —rentas, energía, insumos y nómina— siguen presionando, y donde el consumidor se ha vuelto más selectivo. Si la inflación continúa moderándose y el empleo mantiene estabilidad, fechas como el 14 de febrero pueden seguir aportando oxígeno a negocios de cercanía; si hay choques de precios o menor confianza, el gasto podría migrar nuevamente a celebraciones de bajo costo.
En síntesis, el 14 de febrero ya opera como un indicador práctico del pulso del mercado interno: muestra quién puede gastar, en qué rubros se concentra el consumo y qué tan rápido se mueve el dinero en la economía cotidiana, especialmente en servicios y comercios de escala pequeña y mediana.