México activa nuevos aranceles a importaciones sin TLC: presión comercial, empleo y reacomodo rumbo al T-MEC

15:03 01/01/2026 - PesoMXN.com
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Este jueves entraron en vigor en México nuevos aranceles a la importación de diversos productos provenientes de China y de otros países con los que no existe un tratado de libre comercio, una medida que busca contener prácticas de competencia desleal y dar oxígeno a industrias con alta exposición a importaciones. El ajuste ocurre en un entorno global de mayor proteccionismo y tensiones comerciales, con Estados Unidos endureciendo su política arancelaria y elevando el escrutinio sobre las cadenas de suministro en Norteamérica.

Los gravámenes —aprobados por el Congreso en diciembre pasado— alcanzan bienes de sectores como calzado, textil, automotriz y juguetes, rubros donde el mercado mexicano ha visto una mayor penetración de mercancías importadas a bajo costo. En el caso del calzado, los aranceles quedaron entre 25% y 35% según el tipo de producto; para juguetes, el impuesto se fijó en 30%. Las cifras oficiales muestran la magnitud del vínculo: en 2024 México importó alrededor de 2,163 millones de dólares en calzado, con China como origen de poco más de 40% del total; y en juguetes las compras externas sumaron 3,281 millones de dólares, de las cuales China aportó más de 60%, según datos del Inegi citados en el anuncio.

La Secretaría de Economía sostuvo que la medida pretende “salvaguardar” cerca de 350 mil empleos y contribuir a una estrategia de reindustrialización. En el trasfondo está también el debate sobre cómo fortalecer proveedores locales y regionales en un momento en el que México ha ganado peso como plataforma manufacturera para exportar a Estados Unidos, impulsado por el “nearshoring”, la reconfiguración logística pospandemia y las tensiones geopolíticas entre Washington y Pekín.

Analistas han interpretado estos aranceles como una señal de mayor alineamiento con Estados Unidos en vísperas de la revisión del T-MEC, un proceso que suele elevar la sensibilidad política en torno a reglas de origen, disciplina laboral, cumplimiento regulatorio y mecanismos de solución de controversias. En los últimos años, Washington ha presionado a sus socios para reducir la dependencia de insumos chinos en sectores considerados estratégicos; al mismo tiempo, la administración estadounidense ha utilizado con mayor frecuencia instrumentos comerciales para proteger industrias domésticas.

La reacción de China no se hizo esperar: un vocero del Ministerio de Comercio cuestionó la decisión y llamó a México a corregir lo que calificó como una postura proteccionista. Por su parte, la autoridad mexicana ha insistido en que la medida no se dirige a un país en particular, argumento con el que busca sostener que se trata de una acción de política comercial aplicable a socios sin TLC, y no de un castigo bilateral.

En el corto plazo, el impacto podría sentirse en precios y márgenes a lo largo de la cadena comercial, en particular en segmentos donde los importadores dependían de proveedores asiáticos por costo y volumen. Si parte de los aranceles se traslada al consumidor, podría haber presiones puntuales sobre precios en productos de consumo frecuente —como ciertos juguetes o textiles—, aunque el efecto agregado sobre la inflación dependerá del grado de sustitución hacia producción local o hacia importaciones de países con preferencias arancelarias. Para México, donde el Banco de México mantiene un mandato prioritario de control inflacionario y la política monetaria ha sido restrictiva en los últimos años, cualquier choque de costos se observa con atención, sobre todo si coincide con episodios de volatilidad cambiaria.

Para la industria nacional, la medida puede abrir una ventana para recuperar participación de mercado, pero el resultado no es automático. La capacidad de sustituir importaciones depende de inversión, productividad, acceso a financiamiento, disponibilidad de insumos y formalidad laboral. Sectores como el calzado y el textil han enfrentado históricamente retos por contrabando, subvaluación y competencia informal; sin mejoras en aduanas, verificación y trazabilidad, los aranceles por sí solos podrían ser insuficientes o incluso incentivar esquemas de elusión.

El movimiento de México ocurre mientras Estados Unidos ajusta su propio tablero arancelario. El presidente Donald Trump, de acuerdo con el reporte incluido en el artículo base, decidió posponer por un año un incremento de aranceles a ciertos muebles importados —con tasas previstas de 30% y 50% para categorías específicas— para dar margen a negociaciones sobre productos de madera. La decisión refleja un dilema recurrente en la política comercial estadounidense: proteger producción local sin agravar el costo de vida. Para México, estos vaivenes importan porque el país está estrechamente integrado al mercado estadounidense y cualquier cambio en tarifas o en reglas sectoriales puede modificar flujos de comercio, inversión y demanda externa de manufacturas.

A futuro, el efecto neto de los aranceles mexicanos dependerá de si se convierten en un puente hacia una política industrial más consistente —con capacitación, infraestructura logística, energía competitiva y certidumbre regulatoria— o si quedan como una respuesta coyuntural ante la presión del entorno. En un país donde las exportaciones manufactureras son un motor central del crecimiento y donde la inversión privada busca señales claras para expandirse, la clave estará en equilibrar defensa comercial, cumplimiento de compromisos internacionales y un marco interno que permita escalar la producción nacional sin deteriorar la competencia ni encarecer innecesariamente insumos para otras industrias.

En perspectiva, la entrada en vigor de estos aranceles confirma que México está ajustando su política comercial en un mundo más proteccionista y con cadenas de suministro en reacomodo. La medida puede fortalecer sectores específicos y enviar señales rumbo a la revisión del T-MEC, pero su eficacia dependerá de la capacidad de sustituir importaciones, de la vigilancia aduanera y de cómo se mitiguen impactos en precios y en la competitividad de empresas que usan insumos importados.

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