Remesas en México: tras el tropiezo de 2025, analistas prevén años de crecimiento moderado y mayor presión por el tipo de cambio

05:55 04/02/2026 - PesoMXN.com
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Después de un 2025 marcado por la mayor contracción de las remesas en más de una década, economistas y áreas de análisis de intermediarios financieros coinciden en que México entró en una etapa de “normalización” de los envíos, con tasas de avance más bajas hacia el cierre de la década. La lectura central es que el ciclo extraordinario observado entre 2020 y 2024 —impulsado por estímulos, un mercado laboral atípico en el extranjero y un dólar estadounidense por encima de 20 pesos en varios periodos— difícilmente se repetirá en el corto plazo.

En 2025, México captó 61,791.2 millones de dólares por remesas, su nivel más bajo desde 2022, con una caída anual cercana a 4.6%. Si bien el monto sigue siendo elevado en términos históricos y continúa aportando liquidez a millones de hogares, el retroceso encendió alertas por su impacto regional: en varios estados las remesas funcionan como amortiguador del consumo, complementan ingresos laborales y apuntalan el gasto en alimentos, vivienda, salud y educación.

Para 2026, los pronósticos se mueven entre un rebote modesto y un estancamiento prácticamente nominal. El consenso es que, aun con una recuperación de alrededor de 3% en el mejor escenario, no se compensaría plenamente la caída previa. En el fondo, la expectativa es que el flujo se estabilice en una meseta —con picos estacionales como mayo (Día de las Madres) y el regreso a clases—, pero sin retomar con facilidad el umbral de más de 60,000 millones de dólares de forma sostenida, salvo que se presenten choques positivos inusuales en el empleo y los salarios de la comunidad migrante.

El principal factor de riesgo sigue viniendo de Estados Unidos: una desaceleración del mercado laboral, particularmente en sectores intensivos en mano de obra migrante como construcción y ciertas manufacturas, reduce el ingreso disponible para enviar dinero. A ello se suma el endurecimiento de la política migratoria bajo la administración de Donald Trump, con mayor vigilancia fronteriza, operativos al interior y una dinámica de deportaciones que, aunque variable, tiende a elevar la incertidumbre y a modificar decisiones financieras de los hogares migrantes (por ejemplo, guardar liquidez ante un escenario de riesgo).

Otro componente clave es el tipo de cambio. La apreciación del peso observada en 2025 —de niveles cercanos a 20.56 por dólar a alrededor de 18.11 al cierre del año— implicó que, aun enviando montos similares en dólares, el receptor en México obtuviera menos pesos. En la práctica, esto reduce el poder de compra de las familias receptoras y puede “enfriar” el consumo local, sobre todo en municipios con alta dependencia de remesas. Además, presiona a negocios pequeños orientados a la demanda local (tiendas, servicios y algunas actividades de comercio), que suelen resentir rápido los ajustes en el ingreso disponible.

El cambio de régimen de las remesas también llega en un momento complejo para la economía mexicana: la inflación ha mostrado avances respecto a los picos de años anteriores, pero el costo de vida sigue alto para los hogares de menores ingresos; el mercado laboral se mantiene relativamente sólido, aunque con retos de informalidad; y las tasas de interés, aun con espacio para recortes graduales conforme ceda la inflación, continúan elevadas en términos reales, lo que encarece el crédito al consumo y limita el dinamismo de algunos sectores. En ese entorno, las remesas dejan de ser un motor en expansión para convertirse en un soporte estable, pero menos dinámico.

De cara a 2026-2029, los analistas plantean que el proceso de normalización podría extenderse varios años. El escenario base incorpora un crecimiento bajo, con episodios de volatilidad por factores externos: decisiones de política migratoria en EUA, cambios en salarios y empleo, y fluctuaciones en el peso mexicano. A nivel interno, el reto será que el consumo y la inversión doméstica compensen la menor tracción de las remesas, especialmente en regiones receptoras, mediante creación de empleo formal, mayor productividad y mecanismos de inclusión financiera que permitan canalizar parte de esos flujos a ahorro e inversión (por ejemplo, vivienda, educación o microemprendimientos) sin asumir riesgos excesivos.

En síntesis, las remesas siguen siendo un pilar para la economía de los hogares y para la entrada de divisas, pero el “boom” parece haber quedado atrás: el rumbo para los próximos años apunta a crecimientos marginales y a una mayor sensibilidad al ciclo económico y político de Estados Unidos, así como al comportamiento del tipo de cambio.

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