México endurece su postura comercial frente a China mientras el gigante asiático gana terreno en América Latina

07:38 23/01/2026 - PesoMXN.com
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En los últimos 20 años, China dejó de ser un socio periférico para convertirse en un actor central en la economía de América Latina. Hoy es el segundo socio comercial de la región, solo detrás de Estados Unidos, y en Sudamérica ya ocupa el primer lugar como contraparte comercial. Este reposicionamiento ocurre en un momento en que México ajusta su política comercial con medidas arancelarias y mayores controles a ciertas importaciones asiáticas, en medio de presiones industriales internas y de la necesidad de cumplir con las reglas del T-MEC.

El avance chino en la región responde a una estrategia de largo plazo: asegurar acceso a materias primas, ampliar mercados para sus manufacturas y construir presencia en sectores estratégicos. En términos de comercio, el intercambio entre China y América Latina se disparó desde inicios de siglo: entre 2000 y 2020 se multiplicó más de dos decenas de veces, y para 2024 el flujo total superó el medio billón de dólares. Diversas proyecciones apuntan a que esta relación seguirá creciendo en la próxima década, en línea con la demanda de minerales críticos, la transición energética y la expansión de cadenas de suministro más regionalizadas.

La canasta exportadora latinoamericana hacia China sigue altamente concentrada en productos primarios. Minerales, oleaginosas (como la soya) y combustibles dominan los envíos; del otro lado, China coloca bienes manufacturados de mayor valor agregado, desde maquinaria y equipo eléctrico hasta vehículos y autopartes. Ese patrón —materias primas a cambio de manufacturas— ha impulsado ingresos por exportaciones en países sudamericanos, pero también alimenta debates sobre dependencia, poca diversificación productiva y vulnerabilidad a ciclos de precios de commodities.

Más allá del comercio, la inversión china ha ganado peso, con una huella particularmente visible en energía, minería e infraestructura. América Latina figura entre los destinos más relevantes para el capital chino fuera de Asia, con un acervo acumulado que se concentra en proyectos vinculados a recursos naturales y logística. Aunque los montos anuales han mostrado altibajos en los últimos años, la diversificación geográfica es clara: Brasil se mantiene como principal receptor, pero economías como Perú, México, Argentina y Chile han incrementado su participación en la captación de proyectos.

En minería, el litio y el cobre son piezas clave de esta ecuación. China ha reforzado inversiones en el “triángulo del litio” (Argentina, Bolivia y Chile), que concentra una porción relevante de las reservas globales, mientras que Chile y Perú —potencias del cobre— canalizan una parte sustancial de sus exportaciones hacia el mercado chino. La tendencia está conectada con la electrificación del transporte, el despliegue de redes eléctricas y el crecimiento de industrias de baterías, lo que mantiene la competencia global por insumos estratégicos.

En infraestructura, Beijing ha expandido su Iniciativa de la Franja y la Ruta hacia América Latina, con proyectos emblemáticos como el megapuerto de Chancay en Perú, que busca acortar rutas marítimas hacia Asia y reconfigurar la logística regional. A la par, bancos de desarrollo chinos han otorgado financiamiento relevante desde mediados de los 2000, en varios casos atado a energía e infraestructura, lo que ha contribuido a acelerar proyectos, pero también ha elevado el escrutinio sobre condiciones de deuda, transparencia y riesgos geopolíticos.

En México, la relación con China está marcada por una dualidad: por un lado, el país compite con manufacturas chinas en segmentos sensibles (textil, calzado, acero, electrónicos y bienes de consumo); por otro, se integra con proveedores chinos en cadenas industriales que abastecen al mercado de Norteamérica. En años recientes, el gobierno mexicano ha recurrido a aranceles, revisiones aduaneras y medidas contra prácticas desleales en ciertos productos, en un contexto donde el déficit comercial con China se mantiene como un tema recurrente para la industria nacional.

Al mismo tiempo, la inversión vinculada a empresas chinas ha ganado visibilidad, especialmente desde la reconfiguración global de cadenas de suministro tras la pandemia, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y el impulso del nearshoring hacia México. Reportes internacionales estiman flujos netos relativamente modestos si se observan solo los registros directos, pero análisis privados sugieren montos mayores debido a que parte de la inversión se canaliza mediante filiales en terceros países. En cualquier caso, el peso sigue siendo significativamente menor que el capital estadounidense, que continúa siendo el principal origen de inversión extranjera directa en el país.

El sector automotriz y de autopartes destaca como vía de entrada: decenas de empresas chinas ya operan en México, principalmente como proveedores, integrándose a clústeres del norte del país. También hay presencia en electrónica, maquinaria, manufactura ligera, generación renovable y logística portuaria. En paralelo, el reto para México es capitalizar el nearshoring elevando contenido nacional, infraestructura eléctrica y de transporte, y certidumbre regulatoria, sin tensar la relación comercial con sus principales socios del T-MEC ni abrir flancos en sectores estratégicos.

Hacia adelante, el equilibrio será delicado. Si México endurece medidas contra importaciones subvaluadas o que eluden reglas de origen, podría favorecer a productores locales, pero también elevar costos para empresas que dependen de insumos asiáticos. En un entorno donde Banxico ha mantenido una postura restrictiva para consolidar la desinflación, y donde el crecimiento enfrenta límites por inversión pública acotada, disponibilidad de energía y riesgos externos, la política comercial se vuelve un instrumento con efectos de segunda vuelta sobre precios, competitividad y atracción de capital.

En síntesis, China continúa consolidándose como socio comercial e inversionista clave en América Latina, especialmente en Sudamérica, mientras México ajusta su estrategia para proteger sectores sensibles y, a la vez, aprovechar la relocalización productiva hacia Norteamérica. El desenlace dependerá de qué tan rápido el país fortalezca su base industrial, infraestructura y reglas de competencia, y de cómo evolucione el tablero geopolítico y comercial entre Washington y Beijing.

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