Fitch ve un T-MEC vigente, pero con “vida operativa” debilitada: el riesgo para inversión y nearshoring en México

11:06 28/01/2026 - PesoMXN.com
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El T-MEC podría sobrevivir a su revisión programada, pero no necesariamente como un ancla de certidumbre para empresas e inversionistas. Fitch Ratings advirtió que el acuerdo comercial puede entrar en una fase tipo “zombi”: existe en lo formal, pero pierde capacidad para ordenar expectativas y limitar decisiones discrecionales, particularmente si Estados Unidos conserva margen para aplicar aranceles o medidas comerciales de manera selectiva. En ese entorno, el tratado seguiría vigente, aunque con reservas recurrentes que elevarían la volatilidad regulatoria y el costo de planear inversiones de largo plazo.

La calificadora apunta a un cambio relevante en el balance de riesgos: hoy preocupa menos la ruptura total del acuerdo que la posibilidad de una convivencia prolongada con reglas menos claras o con ventanas frecuentes de renegociación política. Para México, el impacto no sería menor. La narrativa del nearshoring —relocalización de cadenas de suministro hacia Norteamérica— depende tanto de costos y logística como de certidumbre institucional y comercial; si el marco se percibe frágil, la ventaja comparativa frente a otros destinos se reduce, incluso si las exportaciones mexicanas mantienen dinamismo por integración productiva con la economía estadounidense.

El telón de fondo incluye una relación comercial cada vez más atravesada por temas no estrictamente arancelarios: reglas de origen, controversias sectoriales, políticas industriales y estándares laborales y ambientales. En un “T-MEC zombi”, las empresas tenderían a incorporar primas de riesgo en sus proyectos: mayor cautela al instalar nuevas plantas, decisiones de expansión escalonadas y un énfasis más fuerte en flexibilidad de proveedores. Para sectores como el automotriz, equipo eléctrico-electrónico y dispositivos médicos —los más vinculados al comercio regional—, la claridad sobre cumplimiento y la estabilidad de reglas puede ser tan determinante como el tipo de cambio o el costo energético.

Fitch también subrayó que el panorama interno limita el margen para capitalizar el nearshoring. La discusión de reformas en ámbitos judiciales, laborales y económicos suele leerse por el mercado como un factor que puede elevar costos de transacción y alargar la resolución de disputas. A ello se suman retos estructurales bien conocidos: disponibilidad de energía y agua en polos industriales, cuellos de botella de infraestructura logística, y brechas de seguridad que encarecen operaciones. En conjunto, estos elementos influyen en el “timing” de la inversión: no necesariamente la cancelan, pero sí pueden retrasarla o redimensionarla.

En el frente macro, Fitch anticipa que México se mantendrá por debajo de su potencial de crecimiento, en línea con una región que avanza de forma moderada. El diagnóstico combina inversión débil con una productividad estancada, lo que limita el crecimiento tendencial. Aunque la economía mexicana ha mostrado resiliencia por exportaciones manufactureras y remesas, el impulso depende de que la inversión fija bruta recupere tracción y de que el consumo no se vea presionado por tasas reales aún restrictivas o por una creación de empleo formal menos dinámica.

El tema fiscal aparece como otra pieza del rompecabezas. Fitch reconoce avances regionales en consolidación tras la pandemia, pero en México observa un déficit todavía elevado y una trayectoria de deuda pública al alza. Un foco persistente es el apoyo financiero a Pemex, que ha presionado las finanzas públicas y se mantiene como variable relevante para el perfil crediticio soberano. Además, la consolidación —según el análisis— ha descansado más en contener el gasto de inversión que en fortalecer ingresos de manera estructural, una combinación que puede aliviar el corto plazo pero afectar capacidad de crecimiento futuro si se prolonga.

Para 2026, el “modo zombi” del tratado tendría implicaciones prácticas: mayor dispersión de escenarios para el comercio, más sensibilidad del mercado cambiario a titulares políticos y un entorno donde las compañías priorizan contratos, coberturas y cumplimiento estricto para mitigar riesgos. En ese contexto, México podría sostener su papel como plataforma manufacturera de Norteamérica, pero con una ruta más accidentada para atraer proyectos de alto valor agregado, especialmente si la incertidumbre regulatoria compite con incentivos de política industrial en otras jurisdicciones.

En perspectiva, la advertencia de Fitch no es un pronóstico de ruptura, sino una llamada de atención sobre la calidad de funcionamiento del marco comercial y su interacción con factores internos. Si el T-MEC se renueva sin restaurar certidumbre y si la consolidación fiscal se apoya demasiado en recortar inversión pública, el país corre el riesgo de crecer poco y desaprovechar parte del ciclo de relocalización; si, en cambio, se reduce la incertidumbre y se atienden cuellos de botella, el acuerdo puede seguir siendo un pilar para inversión, exportaciones y estabilidad macro.

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