Bankaool acelera su expansión física tras un año de presión por señalamientos de lavado
El banco apuesta por más sucursales y crédito a pymes para recuperar rentabilidad, mientras sostiene que su cumplimiento antilavado ya es robusto.
Bankaool, institución de origen chihuahuense que en los últimos años ha buscado escalar su presencia nacional, cerró 2025 con una caída relevante en utilidades en medio de inversiones extraordinarias y un entorno de mayor escrutinio regulatorio para el sistema financiero. El banco reportó ganancias por 165 millones de pesos, casi 50% por debajo de los 327 millones de 2024, luego de absorber operaciones, personal y ubicaciones provenientes de otras entidades y de reforzar costos asociados a integración y cumplimiento.
El episodio ocurre en un momento en que México enfrenta presiones crecientes para fortalecer los controles contra el lavado de dinero, en parte por el mayor flujo de recursos ilícitos asociado a economías criminales y por el papel del país como corredor comercial y financiero. Para bancos pequeños y medianos, el reto es doble: sostener el crecimiento sin elevar de forma desproporcionada el gasto en cumplimiento, y al mismo tiempo demostrar trazabilidad y gobierno corporativo ante supervisores y contrapartes.
Juan Antonio Pérez Simón, director general de Bankaool, sostuvo que la institución no planea “reforzar” de forma adicional su estrategia de prevención de lavado de dinero (PLD) porque, afirma, el área “nació fuerte” y está integrada por perfiles con larga trayectoria. En paralelo, el banco ha mantenido reuniones con autoridades de Estados Unidos (EE. UU.) y, de acuerdo con el directivo, sus procesos han sido revisados y validados, un punto particularmente sensible para cualquier intermediario que aspire a operar con corresponsalías, transferencias y servicios vinculados al sistema financiero internacional.
El golpe a la rentabilidad se explica, en buena medida, por la estrategia de expansión y crecimiento inorgánico ejecutada durante 2025. Bankaool integró parte de la operación cambiaria de Intercam y sumó alrededor de 250 extrabajadores, además de acordar la compra de más de 40 sucursales de CI Banco en una lista amplia de estados, desde Veracruz y Puebla hasta Baja California, Nuevo León y la Península de Yucatán. Estas ubicaciones se adicionan a su base histórica en Chihuahua.
La apuesta es contracíclica frente al discurso de digitalización acelerada: el banco busca “presencia construida” para captar depósitos, originar crédito y consolidar relación con clientes que aún privilegian la atención física, particularmente en regiones donde la bancarización avanza, pero la confianza en canales 100% digitales sigue siendo desigual. En México, la expansión de pagos electrónicos ha sido notable, pero coexiste con una economía con alto uso de efectivo, informalidad elevada y brechas de conectividad, factores que mantienen relevante la infraestructura tradicional.
Más crédito a pymes en un entorno de tasas altas y crecimiento moderado
Tras el salto de tamaño, Bankaool busca consolidar su operación y acelerar la colocación de crédito, con énfasis en pequeñas y medianas empresas. En 2025 otorgó financiamiento por 15,860 millones de pesos, según cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). El enfoque en pymes llega en un momento en que el costo del dinero se ha mantenido restrictivo y la demanda interna muestra señales mixtas: el consumo ha resistido en algunos segmentos, pero la inversión privada suele resentir los periodos prolongados de tasas elevadas y mayor incertidumbre regulatoria.
En este contexto, el banco ha buscado apalancarse en líneas y programas de la banca de desarrollo. Con FIRA mantiene una línea de crédito y pretende participar en “Cosechando Soberanía” para financiar actividades del campo; además, reporta conversaciones con Nacional Financiera (Nafin) para ampliar el fondeo a pymes. Este tipo de esquemas, comunes en la arquitectura financiera mexicana, funcionan como amortiguadores cuando la banca comercial se vuelve más selectiva: reducen riesgo, abaratan fondeo y permiten ampliar cobertura, aunque también exigen disciplina operativa y trazabilidad, especialmente en sectores con informalidad y flujos de efectivo significativos.
En contraste, Bankaool descarta incursionar en crédito al consumo mediante tarjetas, al considerarlo un producto de mayor riesgo por la posibilidad de sobreendeudamiento. La decisión refleja una lectura conservadora sobre morosidad y márgenes: aunque el crédito al consumo suele ser más rentable en términos de tasa, también es más volátil frente a choques de empleo e inflación, y exige sofisticación en originación, cobranza y analítica.
De cara al Mundial de futbol que se celebrará en México, el banco anticipa oportunidad para atender necesidades de liquidez de empresas —incluidas soluciones de cobro—, aunque el propio director general matiza expectativas sobre el volumen de visitantes. En términos macro, los grandes eventos tienden a generar picos temporales en servicios (hospitalidad, transporte, comercio), pero su impacto estructural depende de la inversión en infraestructura, seguridad y capacidad urbana, así como del grado en que el gasto se quede en economías locales y no se fugue a proveedores externos.
Finalmente, el caso ilustra un dilema vigente en la banca mexicana: crecer mediante adquisiciones y capilaridad física en un mercado aún heterogéneo, mientras aumenta la exigencia de controles PLD y la presión por transparencia para mantener relaciones con el sistema financiero global. La recuperación de utilidades de Bankaool dependerá de cómo convierta su expansión en captación y cartera rentable, sin que el costo de integración y cumplimiento erosione de nuevo sus márgenes.





