Subsidios al IEPS reconfiguran el precio de gasolinas y diésel en México ante el repunte internacional del crudo

19:29 24/03/2026 - PesoMXN.com
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Con estímulos fiscales, el IEPS reduce su peso en el precio final, pero la presión de costos en terminales y la volatilidad externa mantienen el riesgo de alzas.

El precio que pagan los automovilistas por gasolinas y diésel en México se está explicando cada vez menos por la carga impositiva y más por el costo “base” del combustible —la molécula, la importación, el almacenamiento, el transporte y los márgenes de comercialización—, luego de que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) activó estímulos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para contener incrementos derivados del repunte del petróleo en el mercado internacional.

El ajuste fiscal ocurre en un momento en el que los choques externos suelen transmitirse con rapidez a los precios energéticos locales. Aunque México produce crudo, su sistema de refinación no cubre toda la demanda interna de gasolinas y parte del diésel, por lo que el componente importado y su referencia internacional siguen siendo determinantes. En ese entorno, el estímulo al IEPS funciona como “amortiguador” temporal: reduce el impuesto que se cobra por litro y, en consecuencia, recorta su participación dentro del precio al público.

En el caso del diésel, los descuentos recientes a la cuota del IEPS muestran con claridad el efecto contable: al reducirse el impuesto, cae su proporción sobre el precio final, mientras que el precio en terminales —donde se concentran costos de producto, logística e internación— gana peso relativo. Estimaciones del consultor Ramses Pech indican que, con el estímulo, el precio promedio nacional del diésel se sostuvo alrededor de 28.5 pesos por litro, cuando sin apoyo fiscal el ajuste habría sido sensiblemente mayor. En términos prácticos, el consumidor ve estabilidad, pero esa estabilidad depende de la continuidad del estímulo y de que no se agraven los costos del componente internacional.

La gasolina regular (Magna) también entró en el esquema de apoyo fiscal, en línea con el objetivo de evitar que el alza del crudo se traduzca de inmediato en el precio al público. Para este combustible, además, pesa un compromiso del gobierno federal con el sector gasolinero para mantener el litro por debajo de 24 pesos en buena parte del país, lo que vuelve más relevante el uso del IEPS como herramienta de contención en episodios de volatilidad.

En Premium, el estímulo fue más moderado, pero llega en un contexto en el que el precio en terminales se elevó, reflejando presiones por referencias internacionales, costos de logística y movimientos del mercado. Cuando el componente de terminales sube, el margen de maniobra se acota: si el estímulo no crece o se retira, la transmisión al consumidor tiende a acelerarse, sobre todo en regiones con mayores costos de transporte o menor competencia logística.

Recaudación, Banxico e inflación: el costo fiscal del “amortiguador”

El estímulo al IEPS no es gratuito: implica una menor recaudación por litro vendido y, por tanto, una renuncia fiscal que puede ampliarse si el apoyo se mantiene por más semanas o si la referencia internacional del combustible sigue al alza. La autoridad tributaria, a través del SAT, ha señalado que el comportamiento de combustibles es altamente dinámico y volátil, por lo que el gobierno aprovecha márgenes de ingresos cuando existen excedentes para suavizar el impacto en el bolsillo. Sin embargo, en el mediano plazo la política enfrenta un dilema: sostener el subsidio ayuda a moderar la inflación —particularmente en el componente no subyacente—, pero prolongarlo reduce ingresos disponibles para otros rubros y puede volver más rígida la administración del presupuesto.

Desde la óptica macroeconómica, la gasolina y el diésel tienen un efecto indirecto amplio: inciden en costos de transporte y distribución de mercancías, lo que puede filtrarse a precios de alimentos y servicios. Para el Banco de México (Banxico), un episodio prolongado de choques energéticos puede complicar la trayectoria de desinflación si se propaga a expectativas y a la formación de precios. Por ello, aunque el IEPS es una herramienta fiscal, su uso termina interactuando con el objetivo de estabilidad de precios, en especial cuando la inflación muestra resistencia en ciertos componentes.

También entra en juego el tipo de cambio frente al dólar estadounidense, dado que el mercado de combustibles se referencia en moneda extranjera y el costo de importación se encarece cuando el peso se debilita. Aun con estímulos, una depreciación rápida puede elevar el precio en terminales y aumentar la necesidad de apoyo fiscal para sostener precios al público, presionando la recaudación y elevando la sensibilidad del consumidor a ajustes futuros.

Hacia delante, el principal riesgo es que el mercado internacional mantenga precios elevados o episodios de volatilidad por tensiones geopolíticas y ajustes de oferta. Si eso ocurre, la autoridad podría optar por extender estímulos, focalizarlos por combustible o permitir una mayor transferencia al consumidor. La elección dependerá del balance entre inflación, recaudación, disciplina fiscal y el entorno de demanda interna, donde el consumo sigue siendo una variable clave para el crecimiento.

En síntesis, la reducción del IEPS vía estímulos ha bajado el peso del impuesto en el precio final y ha contenido alzas visibles en gasolinas y diésel, pero el aumento del costo en terminales revela que la presión principal proviene del mercado internacional, la logística y el tipo de cambio; la estabilidad actual es útil, aunque condicionada a la duración y alcance del apoyo fiscal.

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