Banxico anticipa que el SPEI rebase a las tarjetas en 2026 y acelere la transición a pagos digitales
Banxico prevé que en 2026 las transferencias vía SPEI superen el volumen de pagos con tarjetas, impulsadas por la digitalización y el uso móvil.
El Banco de México (Banxico) estima que en 2026 las transferencias realizadas a través del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) superarán, por volumen, a los pagos efectuados con tarjetas de débito y crédito. La proyección refleja un cambio estructural en los hábitos de pago de los mexicanos, en un entorno donde la banca, los comercios y los usuarios aceleran la adopción de canales digitales.
La señal más clara del giro es el alcance del propio SPEI: hacia 2025, alrededor de tres cuartas partes de los adultos ya habrían hecho al menos una transferencia por esta vía. Para Banxico, el siguiente paso natural es que el uso recurrente de transferencias —especialmente de persona a persona y para pequeños montos— desplace parte del terreno que tradicionalmente ocupan las tarjetas en el día a día.
El avance ocurre en paralelo a un fenómeno más amplio: la digitalización del consumo y de servicios financieros. En los últimos años, el crecimiento de las aplicaciones bancarias, la expansión de terminales y agregadores de pago, y la mayor familiaridad con operaciones móviles han reducido fricciones para transferir dinero en segundos. Al mismo tiempo, la competencia entre instituciones financieras ha empujado mejoras de experiencia de usuario y disponibilidad 24/7, un atributo que se ha vuelto crítico para pagos inmediatos.
Sin embargo, el salto no es homogéneo. Banxico ha señalado que México mantiene una alta dependencia del efectivo: en términos agregados, una mayoría de las transacciones cotidianas aún se liquidan con billetes y monedas, aunque en grandes zonas urbanas la proporción de pagos electrónicos ya es considerablemente mayor. Esta divergencia territorial implica que el despegue de medios digitales puede acelerar en ciudades con mayor conectividad, oferta comercial formal y penetración bancaria, mientras que en regiones con menor infraestructura y mayor informalidad el efectivo seguirá siendo dominante.
La brecha también es generacional. Los usuarios jóvenes tienden a concentrar más operaciones electrónicas —ya sea con tarjetas o transferencias— que los adultos de mayor edad, lo que sugiere que el cambio podría intensificarse conforme se renueven las cohortes de consumidores y se normalice el pago móvil como alternativa al efectivo para montos pequeños.
Fraude, confianza y la agenda pendiente para que el SPEI gane terreno
El principal reto para consolidar el avance de las transferencias inmediatas es la confianza. A mayor volumen de operaciones, mayor atractivo para esquemas de fraude, ingeniería social y suplantación de identidad. Para que SPEI y herramientas asociadas a pagos digitales masivos crezcan sin frenar su adopción, el sistema requiere reducir incidentes y elevar la precisión en validaciones, alertas y rastreo de operaciones. En la práctica, esto implica reforzar controles de seguridad en las instituciones, mejorar la experiencia de autenticación sin encarecerla para el usuario y fortalecer la coordinación entre bancos, autoridades y comercios para contener redes de fraude.
La discusión se enlaza con el objetivo de pagos instantáneos de persona a persona y transacciones de bajo monto, donde la rapidez es una ventaja pero también un riesgo si no existe una cultura de prevención. Para segmentos con menor educación financiera o menor familiaridad digital, la simplicidad de uso debe ir acompañada de comunicación clara sobre buenas prácticas y mecanismos de reclamación. De lo contrario, el crecimiento puede enfrentar resistencia, particularmente en zonas donde el efectivo se percibe como “más seguro” por ser tangible.
Otro frente es la interoperabilidad y facilidad de uso de soluciones orientadas a pagos desde el celular, como CoDi y los servicios de cobro por medio de identificadores simplificados. Si estas herramientas se vuelven más intuitivas y con aceptación amplia en comercios —incluidos micronegocios— podrían contribuir a reducir costos de cobro, mejorar la trazabilidad y ampliar la formalización gradual, aunque el impacto dependerá de conectividad, comisiones efectivas y soporte técnico en campo.
En el trasfondo macroeconómico, un ecosistema de pagos más digital puede ayudar a incrementar eficiencia y reducir costos de manejo de efectivo, pero también presiona a elevar estándares de ciberseguridad y resiliencia operativa. Para una economía como la mexicana —con alta proporción de empleo informal, fuerte presencia de remesas en los ingresos de hogares y una banca con rápida transformación tecnológica— la modernización de pagos puede ser un habilitador de inclusión financiera si se acompaña de infraestructura, educación y reglas claras.
En perspectiva, la previsión de Banxico para 2026 sugiere que el SPEI dejará de ser solo un canal de transferencias para convertirse en una pieza central del consumo cotidiano. El balance final dependerá de qué tan rápido se reduzcan los fraudes, se amplíe la aceptación en comercios y se cierre la brecha regional y generacional que aún sostiene al efectivo como el medio predominante.





