FMI ajusta al alza el crecimiento de México para 2026, pero la presión energética eleva los riesgos

08:41 14/04/2026 - PesoMXN.com
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El organismo prevé una recuperación moderada en México, aunque el encarecimiento del petróleo y la incertidumbre geopolítica podrían frenar el avance.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) mejoró ligeramente su previsión de crecimiento para México en 2026, al estimar una expansión de 1.6%, por arriba del 1.5% anticipado a inicios de año. El ajuste ocurre en un entorno global más complejo, marcado por el repunte esperado en los precios de la energía y un incremento de la aversión al riesgo en mercados financieros, factores que suelen traducirse en presiones inflacionarias y mayores costos de financiamiento para economías emergentes.

En su escenario central, el FMI plantea que México dejaría atrás el desempeño débil de 2025 —cuando el crecimiento fue de 0.6%— y entraría en una ruta de recuperación gradual, con una expansión que podría llegar a 2.2% en 2027. La proyección asume una normalización parcial de condiciones financieras y una mejora paulatina de la actividad productiva tras un año en el que pesaron tensiones comerciales y episodios de volatilidad asociados a la política comercial de Estados Unidos.

El telón de fondo es una desaceleración de la economía mundial, que el FMI ubica en 3.1% para 2026. Aun con el ajuste al alza para América Latina y el Caribe (2.3%), el organismo advierte que los choques actuales no se distribuyen de forma homogénea: los países importadores netos de energía tienden a resentir más el encarecimiento de combustibles y el traslado a precios de bienes y servicios.

Para México, el balance es particularmente sensible. Aunque el país es productor de crudo, en la práctica importa una parte relevante de combustibles refinados, y el aumento en precios internacionales puede reflejarse en costos logísticos, tarifas y presiones sobre cadenas de suministro. Además, el espacio fiscal para amortiguar choques mediante subsidios generalizados suele ser limitado por necesidades de consolidación y por la rigidez del gasto, lo que obliga a calibrar medidas para evitar distorsiones y presiones sobre las finanzas públicas.

Energía cara, inflación y el dilema de la política monetaria

El FMI anticipa que los precios de la energía aumenten alrededor de 19% en 2026, con un avance del petróleo superior a 21%. En México, un entorno así puede complicar el descenso de la inflación subyacente —la que mejor refleja presiones de demanda— si el impacto en transporte, alimentos procesados y servicios se vuelve persistente. Bajo ese escenario, Banco de México (Banxico) enfrenta el reto de equilibrar la convergencia inflacionaria con la necesidad de no asfixiar una recuperación todavía frágil, especialmente en sectores sensibles al crédito como consumo duradero, vivienda e inversión privada.

El canal financiero también importa: cuando suben los precios de energía y crece la incertidumbre, los mercados suelen exigir primas de riesgo más altas. Eso tiende a elevar el costo de fondeo para empresas y gobierno, y puede traducirse en un menor dinamismo de la inversión. Para México, donde la inversión fija ha mostrado avances, pero con episodios de cautela empresarial, la estabilidad macro y señales regulatorias claras se vuelven determinantes para sostener proyectos productivos.

Dependencia de EE. UU. y comercio: la variable externa más determinante

La economía mexicana mantiene una integración profunda con Estados Unidos (EE. UU.) a través de exportaciones manufactureras, cadenas automotrices y flujo de remesas. Si bien esa cercanía puede ser un amortiguador cuando la demanda estadounidense se mantiene firme, también representa una fuente de vulnerabilidad cuando se intensifican disputas comerciales o se endurecen medidas arancelarias. El FMI recuerda que México atravesó en 2025 un periodo de tensión por aranceles y una política comercial más agresiva desde Washington; una mejora de 2026 dependerá, en buena medida, de que el comercio y la inversión transfronteriza operen con menor fricción.

En el plano interno, el desempeño de 2026 y 2027 estará influido por la trayectoria del consumo (ligado al empleo y al poder adquisitivo), la inversión pública y privada, y la capacidad de la industria para capturar oportunidades de relocalización productiva. Sin embargo, un entorno global de mayor costo energético y financiamiento más caro puede recortar márgenes y posponer decisiones de expansión, especialmente en empresas medianas vinculadas a proveeduría.

En conjunto, la mejora del FMI para México sugiere un escenario de recuperación moderada, pero no exento de riesgos: el choque energético, la volatilidad financiera y la relación comercial con EE. UU. seguirán siendo los principales determinantes del ritmo de crecimiento. La lectura para 2026 es de avance, aunque condicionado a que la inflación continúe cediendo y a que los factores externos no se deterioren más.

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