México escala en el índice de confianza de IED de Kearney: nearshoring impulsa, pero la certidumbre manda

10:55 09/04/2026 - PesoMXN.com
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México escala en el índice de confianza de IED de Kearney: nearshoring impulsa, pero la certidumbre manda

México subió al lugar 19 del ranking 2026 de Kearney, en un avance asociado al nearshoring, aunque persisten retos de regulación e infraestructura.

México mejoró su posición en el Índice de Confianza de Inversión Extranjera Directa (IED) 2026 de Kearney, al avanzar seis lugares y colocarse en el sitio 19 entre las 25 economías con mayor atractivo para el capital global. El resultado se construye a partir de una encuesta a 500 inversionistas internacionales levantada a inicios de año y refleja un cambio en percepciones sobre la capacidad del país para captar nuevos proyectos, en un entorno global marcado por tensiones geopolíticas, mayor proteccionismo industrial y reacomodos de cadenas de suministro.

El ascenso ocurre mientras Norteamérica se mantiene como polo de atracción: Estados Unidos y Canadá conservaron los primeros lugares del índice, con Japón y China también dentro de la parte alta del ranking. Para México, el dato es relevante porque confirma que el “factor región” —integración productiva, reglas del T-MEC y logística transfronteriza— sigue siendo un activo diferenciador frente a otros mercados emergentes, aun cuando la competencia por nuevas plantas, centros de datos y manufactura avanzada se ha intensificado.

En la lectura de Kearney, México destaca por su política industrial y por la narrativa de nearshoring y reshoring: empresas que buscan producir más cerca del consumidor final o reducir dependencia de rutas largas y riesgosas. A ello se suma la capacidad de integración de cadenas de suministro en Norteamérica y la disponibilidad de infraestructura clave para mover mercancías y sostener operaciones: energía, agua y servicios locales que, cuando funcionan, aceleran decisiones de inversión.

Los inversionistas consultados señalan como factores determinantes para colocar capital en México la facilidad para hacer negocios, la disponibilidad de talento y fuerza laboral, el desempeño económico y el acceso a recursos naturales, con innovación tecnológica y gobernanza como variables cada vez más escrutadas. En paralelo, el índice reporta que México registró en 2025 un flujo de IED de 40,870 millones de dólares, uno de los niveles más elevados de su historia, apoyado en reinversión de utilidades y en anuncios de expansión en manufactura, logística y servicios.

Nearshoring: oportunidad estructural con cuellos de botella visibles

La oportunidad del nearshoring para México no se limita a atraer nuevas plantas: también implica elevar el contenido regional, desarrollar proveedores locales y fortalecer la infraestructura logística para reducir costos. En la práctica, el reto es que la llegada de proyectos se concentra en ciertos corredores industriales —principalmente en el norte y el Bajío— y presiona capacidades locales: disponibilidad de energía eléctrica, acceso a agua, permisos, vivienda y movilidad para trabajadores. Estos factores pueden definir si la inversión se materializa en tiempo y forma o si migra a otros destinos. En un contexto de tasas todavía elevadas y decisiones de capital más selectivas, la velocidad de ejecución gubernamental y la coordinación con el sector privado se vuelven parte central de la “competitividad país”.

Kearney también subraya que, para seguir escalando, México necesita reforzar habilitadores de inversión: mayor innovación tecnológica, mejora regulatoria y un desempeño doméstico más sólido. Esto apunta a retos de productividad que el país arrastra desde hace años, así como a la necesidad de capacitar talento en áreas críticas (automatización, software industrial, ciberseguridad, metrología y calidad), si el objetivo es atraer proyectos de mayor valor agregado y no sólo expansión de capacidad instalada.

Un punto recurrente entre inversionistas es la certidumbre jurídica y la protección de derechos de propiedad como condición para comprometer capital a plazos largos. En la economía mexicana, donde buena parte de la IED se decide con horizontes de 10 a 20 años, la previsibilidad regulatoria —desde permisos municipales hasta reglas sectoriales— puede pesar tanto como el costo laboral o la cercanía con el mercado estadounidense. La colaboración público-privada y la integración regional aparecen, en este sentido, como palancas para destrabar inversiones en infraestructura, parques industriales, aduanas y conectividad.

Sobre sectores, el índice identifica como especialmente atractivos telecomunicaciones, aeroespacial y defensa, transporte, bienes primarios, tecnologías de la información, salud y farmacéutica, industria pesada y servicios financieros. El mensaje de fondo es que el portafolio de interés se está diversificando: además de manufactura tradicional, crece el apetito por servicios digitales y actividades intensivas en conocimiento, lo que puede mejorar salarios y derramas locales si se logra vincular a proveedores nacionales y centros de formación.

En el balance, el avance en el ranking de Kearney sugiere que México mantiene un lugar relevante en la conversación global de inversión, apoyado en la integración con Norteamérica y el impulso del nearshoring. Al mismo tiempo, el país enfrenta una prueba de ejecución: convertir la confianza en proyectos concretos y sostenibles dependerá de infraestructura, regulación eficiente y certidumbre para invertir a largo plazo.

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