Inflación repunta en marzo: alimentos y energéticos vuelven a presionar el bolsillo
El repunte de precios en alimentos frescos y energéticos llevó la inflación anual a 4.59% y complica el panorama para los próximos recortes de tasas.
La inflación en México volvió a acelerar en marzo y se ubicó otra vez por encima del rango objetivo del Banco de México (3% +/-1 punto porcentual), en un mes marcado por incrementos abruptos en algunos alimentos y por la presión de los energéticos. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) reportó un avance mensual de 0.86%, con lo que la tasa anual se colocó en 4.59%, de acuerdo con el Inegi.
El dato implica un tropiezo para el proceso de desinflación observado en meses previos y refuerza la cautela sobre el ritmo al que podrían continuar los ajustes de la política monetaria. La lectura también llega en un contexto de mayor volatilidad en los mercados energéticos internacionales ante la tensión geopolítica en Medio Oriente y su efecto sobre el precio del petróleo, un insumo clave para costos de transporte y producción.
El componente no subyacente —el más sensible a choques de oferta y estacionalidad— fue el principal motor del repunte: subió 2.46% en el mes y alcanzó 5.05% anual. Dentro de este rubro, las frutas y verduras aumentaron 10.75% mensual, mientras que los energéticos y las tarifas autorizadas por el gobierno avanzaron 0.85%, reflejando tanto factores estacionales como el traslado parcial de presiones externas a precios domésticos.
La inflación subyacente, seguida de cerca por Banco de México por su relación con la demanda interna, avanzó 0.38% mensual y se ubicó en 4.45% anual. Al interior, las mercancías subieron 0.29% y los servicios 0.48%, una combinación que sugiere que, si bien el golpe de marzo vino de rubros volátiles, las presiones de fondo en servicios —vinculadas a costos laborales, rentas y consumo— aún no terminan de ceder.
Entre los productos con mayor incidencia destacaron el jitomate, con un aumento mensual de 42.01%, el transporte aéreo (26.28%), la papa y otros tubérculos (14.92%) y el limón (18.26%). En energéticos, la electricidad subió 2.17% en el mes. También se observaron incrementos en alimentos preparados fuera del hogar, como loncherías, fondas y taquerías (0.92%), un rubro que suele capturar el encarecimiento de insumos y la dinámica de servicios.
Del lado contrario, algunos precios ayudaron a amortiguar el avance general, como paquetes de telecomunicaciones (-3.59%), el huevo (-2.69%) y la carne de cerdo (-1.28%). Estas bajas, sin embargo, no compensaron el choque en frutas, verduras y algunos energéticos, que tienden a impactar con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos por su peso en la canasta de consumo.
¿Qué implica para Banco de México y para la economía en 2026?
Con la inflación nuevamente fuera del rango objetivo, el banco central enfrenta un dilema: reconocer el carácter transitorio de ciertos choques (como algunos movimientos estacionales en agropecuarios) sin subestimar el riesgo de que la volatilidad energética y la persistencia en servicios contaminen expectativas. En México, la trayectoria de precios suele resentir con rapidez episodios de encarecimiento del crudo por su efecto en combustibles, fletes y cadenas de suministro; además, los precios de alimentos frescos pueden amplificar la percepción de inflación en el consumidor, lo que influye en decisiones de compra y en negociaciones salariales.
El panorama de tasas también depende del balance entre inflación y actividad. En lo interno, el consumo y los servicios han mostrado resiliencia, pero un entorno de costos más altos puede moderar el gasto de los hogares. En lo externo, la dinámica de comercio e inversión continúa estrechamente ligada al ciclo de Estados Unidos, por lo que cualquier enfriamiento adicional en la demanda externa o episodios de aversión al riesgo podrían presionar al tipo de cambio y, con ello, reavivar el debate sobre el traspaso cambiario a precios, particularmente en mercancías importadas.
Hacia adelante, la atención estará en si el rebote de marzo se revierte en los siguientes meses o si se consolida una meseta inflacionaria alrededor de niveles por encima de 4%. Para que la inflación retome una trayectoria descendente más clara, será relevante observar la normalización de precios agropecuarios, el comportamiento de energéticos y la evolución del componente de servicios, que suele reaccionar con rezagos a los ajustes monetarios.
En conjunto, el dato de marzo refleja que el proceso de desinflación en México no es lineal: choques en alimentos frescos y energéticos pueden alterar el panorama en el corto plazo, mientras la inflación subyacente aún muestra inercias, lo que mantiene a Banco de México en una postura de cautela.






