Choque institucional en Estados Unidos reaviva la incertidumbre arancelaria y eleva el riesgo para México

08:09 23/02/2026 - PesoMXN.com
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La disputa por los aranceles en Estados Unidos añade volatilidad al comercio y obliga a México a reforzar coberturas, cadenas de suministro y planes de inversión.

La nueva confrontación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra la Corte Suprema por el fallo que limita su capacidad de imponer aranceles generales reintrodujo un elemento de incertidumbre política con consecuencias potenciales para México, cuya economía depende de manera notable del comercio exterior y, en particular, del acceso estable al mercado estadounidense. Aunque el litigio es interno, la señal al exterior es clara: la política comercial seguirá siendo un instrumento de presión, aun cuando los tribunales acoten su alcance.

El trasfondo es relevante para México en un momento en el que la manufactura orientada a exportación —autos, autopartes, electrónica, equipo médico y agroindustria— sostiene buena parte del dinamismo del empleo formal en regiones industriales del Bajío, la frontera norte y el centro del país. Cualquier cambio abrupto en aranceles, licencias, excepciones sectoriales o criterios de origen puede afectar costos, inventarios y decisiones de inversión, incluso si los acuerdos vigentes se mantienen formalmente.

En Washington, el representante comercial Jamieson Greer ha insistido en que Estados Unidos pretende respetar los acuerdos con la Unión Europea y China y sostener conversaciones activas con socios. Sin embargo, la combinación de una disputa institucional —con el Ejecutivo criticando abiertamente al máximo tribunal— y anuncios de aumentos arancelarios con periodos y exenciones específicas mantiene la percepción de que la política comercial podría ajustarse con rapidez. Para México, la relevancia no solo está en el arancel en sí, sino en la volatilidad que genera en tipo de cambio, financiamiento, logística y planes de producción.

En el mercado local, este tipo de episodios suele reflejarse en movimientos del peso frente al USD y en cambios en la demanda de coberturas cambiarias por parte de importadores y exportadores. En un entorno de tasas todavía elevadas y crecimiento moderado, las empresas con márgenes ajustados son particularmente sensibles a fluctuaciones del tipo de cambio y a incrementos en costos de insumos importados, especialmente en cadenas que dependen de componentes asiáticos que transitan por Estados Unidos antes de integrarse en México.

Implicaciones para exportaciones, inversión y el T-MEC

México opera bajo el paraguas del T-MEC, lo que en principio ofrece un marco más predecible que el comercio sin acuerdo. Aun así, el riesgo no desaparece: medidas de alcance general, cambios vía “licencias” o acciones sectoriales pueden tensionar el flujo de mercancías y elevar la carga administrativa, con costos que terminan trasladándose a precios, inventarios o tiempos de entrega. Sectores con reglas de origen estrictas —como automotriz— también enfrentan el riesgo de que cualquier endurecimiento en la interpretación provoque disputas técnicas y encarezca el cumplimiento.

En inversión, la narrativa del nearshoring favorece a México por cercanía geográfica, red de tratados y capacidad manufacturera. Pero la inversión productiva requiere visibilidad regulatoria y comercial a varios años. Si las empresas globales perciben que el acceso a Estados Unidos puede depender de decisiones políticas cambiantes, podrían optar por diversificar: más inventario en territorio estadounidense, ajustes en localización de etapas críticas de producción o contratos de abastecimiento más cortos. Para México, eso se traduce en un reto: sostener la llegada de proyectos exige infraestructura, energía confiable, seguridad logística y certidumbre regulatoria que compense el ruido externo.

Otro canal de impacto es el financiero. Un repunte de la aversión al riesgo suele fortalecer al USD y encarecer el fondeo en mercados internacionales, afectando el costo de capital de empresas mexicanas y la prima de riesgo soberana. Si el tipo de cambio se deprecia, el efecto puede ser mixto: ayuda a exportadores con ingresos en dólares, pero presiona a importadores y puede complicar el combate a la inflación, sobre todo en mercancías y algunos insumos industriales. Para Banxico, episodios de volatilidad externa pueden influir en el balance de riesgos, particularmente si se combinan con choques en energéticos o alimentos.

En el corto plazo, la economía mexicana se mantiene atenta a señales concretas: qué sectores quedarían exentos, cómo se aplicarán las medidas y qué tan rápida sería su implementación. En el mediano plazo, la lección para empresas y autoridades es reforzar la resiliencia: mayor diversificación de proveedores, uso disciplinado de coberturas, contratos logísticos más flexibles y una estrategia de atracción de inversión que reduzca cuellos de botella internos.

En síntesis, el choque entre poderes en Estados Unidos y la insistencia de Trump en usar instrumentos comerciales reavivan la incertidumbre global. Para México, el reto no es solo enfrentar un posible ajuste arancelario, sino administrar la volatilidad que éste detona en comercio, inversión y finanzas, en un contexto donde la integración con Estados Unidos sigue siendo el principal motor —y principal fuente de exposición— de la economía nacional.

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