Cetes bajan y la inflación aprieta: el reto de mantener rendimientos reales en México
La caída en tasas de Cetes y el repunte inflacionario reducen el margen de ganancia real para los ahorradores, pese a que aún supera el alza de precios.
Los rendimientos de los Certificados de la Tesorería (Cetes) profundizaron su tendencia a la baja hacia la segunda quincena de abril, en un momento en el que la inflación volvió a colocarse por encima del rango objetivo del banco central. Este cruce de fuerzas —tasas descendentes e inflación repuntando— está recortando el atractivo relativo del instrumento más popular entre los inversionistas minoristas, especialmente aquellos que buscan preservar poder adquisitivo con bajo riesgo.
En la más reciente referencia disponible, la inflación general se ubicó en 4.59% anual en marzo, reflejando presiones en componentes sensibles para el consumo, como alimentos y energéticos. Con ese telón de fondo, los Cetes ofrecen todavía un rendimiento nominal superior al incremento general de precios; sin embargo, el “colchón” real se ha hecho más estrecho conforme las subastas reflejan menores tasas y el mercado descuenta un ciclo de recortes de política monetaria más prolongado.
En los plazos más operados, el Cete a 28 días se mantuvo en 6.6%, mientras que el de 91 días bajó a 6.7%. A 182 días se ubicó en 6.98% y el Cete a un año en 7.16%, también con descensos frente a subastas previas. La trayectoria es consistente con un entorno en el que el costo del dinero tiende a normalizarse tras el periodo de tasas elevadas que predominó desde 2022, cuando el Banco de México (Banxico) endureció su postura para enfrentar el episodio inflacionario más intenso en décadas.
Para el inversionista, la pregunta central no es solo “cuánto paga” el Cete, sino cuánto rinde después de considerar inflación e impuestos. De forma simplificada, restar la inflación anual al rendimiento nominal ayuda a aproximar el rendimiento real. Con una inflación de 4.59% anual, un Cete de 6.6% implica un diferencial cercano a 2 puntos porcentuales. No obstante, si la inflación se mantiene elevada o vuelve a acelerarse, ese diferencial se reduce y el ahorro pierde capacidad de compra más rápido de lo esperado.
Además, la inflación anual no siempre coincide con el horizonte del instrumento: quien invierte a 28 o 91 días enfrenta el riesgo de reinversión, es decir, que al vencer el Cete el nuevo rendimiento sea menor, justo cuando los precios podrían seguir presionados por choques externos o por efectos de estacionalidad en algunos alimentos.
Banxico, expectativas y el “piso” de las tasas en la economía
El comportamiento de los Cetes está estrechamente ligado a la trayectoria de la tasa de referencia de Banxico y a las expectativas del mercado sobre inflación, crecimiento y tipo de cambio. En México, cuando el banco central inicia o profundiza recortes, el ajuste suele transmitirse a los instrumentos gubernamentales de corto plazo, que sirven como referencia para créditos bancarios, financiamiento corporativo y la valuación de portafolios. Sin embargo, la velocidad y magnitud de los recortes dependen de la “batalla” contra la inflación: si las presiones en precios se mantienen por arriba del objetivo, Banxico tiende a ser más prudente para evitar que se desanclen expectativas y se encarezca la prima de riesgo.
En este contexto, los inversionistas están atentos a factores locales y externos. A nivel interno, el desempeño del consumo, los ajustes salariales, la dinámica de servicios y la evolución de precios agropecuarios suelen determinar qué tan persistente es la inflación. En el frente externo, episodios de volatilidad en energéticos o tensiones geopolíticas pueden mover los costos de importación y el componente de combustibles, con efectos de segunda vuelta sobre transporte y alimentos. Si esos riesgos se materializan, las tasas podrían encontrar un “piso” más alto del previsto, o al menos reducir el ritmo de descenso.
Para los hogares, los Cetes siguen siendo una opción relevante por su bajo riesgo y facilidad de acceso, particularmente a través de plataformas de inversión que permiten montos pequeños. Su rol como instrumento de preservación de capital cobra importancia en un país donde una parte significativa del ahorro todavía se mantiene en efectivo o en cuentas con rendimientos inferiores a la inflación. Aun así, el descenso de tasas obliga a comparar alternativas: otros instrumentos gubernamentales a plazos mayores o estrategias que combinen liquidez y plazo pueden mejorar el balance entre rendimiento y disponibilidad, aunque con diferentes sensibilidades al mercado.
En la práctica, el rendimiento real que percibe el ahorrador depende de varios elementos: inflación efectiva durante el periodo de inversión, tasa reinvertida al vencimiento, retención fiscal y el momento de entrada. En un entorno de tasas a la baja, el inversionista que “amarra” un plazo más largo puede asegurar un rendimiento nominal por más tiempo, aunque enfrenta el costo de oportunidad si las tasas repuntaran por un choque inflacionario inesperado.
Hacia adelante, la lectura para el mercado es mixta: si la inflación converge gradualmente y el crecimiento se mantiene sin sobrecalentamiento, los Cetes podrían seguir ajustando a la baja, reduciendo el rendimiento real. Si, en cambio, la inflación se resiste —por alimentos, energéticos o servicios—, Banxico tendría menos margen para recortar y los rendimientos podrían estabilizarse, aunque a costa de condiciones financieras más restrictivas para empresas y consumidores.
En síntesis, la baja en Cetes no elimina su utilidad como refugio de bajo riesgo, pero sí acorta el margen frente a la inflación y obliga a los ahorradores a mirar con mayor cuidado el rendimiento real, el horizonte de inversión y el escenario de precios que enfrentará la economía mexicana en los próximos meses.





