ENIGH 2024: el ingreso promedio sube, pero el “México de los deciles” sigue marcando la clase social

15:09 28/05/2026 - PesoMXN.com
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ENIGH 2024: el ingreso promedio sube, pero el “México de los deciles” sigue marcando la clase social

La brecha de ingresos se redujo en las estadísticas, pero el costo de vida y la informalidad mantienen la presión sobre la mayoría de los hogares.

La conversación sobre “clase social” en México suele resolverse con intuición: si alcanza para la despensa, la renta y el transporte, o si hay margen para ahorrar, endeudarse menos y planear. Sin embargo, los números ayudan a aterrizar esa percepción. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 del Inegi vuelve a dibujar un mapa nítido: el ingreso promedio crece, la desigualdad medida por indicadores agregados baja, pero la distancia entre los hogares de menores y mayores ingresos continúa siendo amplia y determinante para el bienestar.

De acuerdo con la ENIGH 2024, el ingreso corriente promedio trimestral por hogar se ubicó en 77,864 pesos. El dato, por sí solo, dice poco si no se contrasta con la dispersión: mientras en zonas urbanas el ingreso promedio fue de 85,550 pesos trimestrales, en áreas rurales cayó a 48,004. Ese diferencial no sólo refleja la brecha de oportunidades productivas, sino también el acceso desigual a empleos formales, servicios, infraestructura y mercados.

Una forma práctica de aproximarse a la estratificación económica es la distribución por deciles de ingreso. En el extremo bajo, el decil I reportó 16,795 pesos trimestrales por hogar, frente a 236,095 pesos del decil X. Entre ambos extremos se despliega la vida cotidiana de millones de familias que, aun trabajando, operan con presupuestos estrechos y con poco margen para enfrentar una emergencia médica, una reparación del hogar o una pérdida de empleo.

La desigualdad, medida con el coeficiente de Gini, continuó su descenso y se colocó en 0.391 en 2024, por debajo de 0.402 en 2022 y de 0.449 en 2016. Pero la misma encuesta muestra un matiz clave: sin transferencias, apoyos y programas sociales, el Gini habría repuntado alrededor de 0.450. En otras palabras, parte importante de la mejora estadística está asociada a la política redistributiva, más que a un cierre estructural de brechas en productividad, calidad del empleo o capacidades.

El gasto del hogar: lo esencial absorbe el presupuesto y limita la movilidad

La ENIGH 2024 también pone el foco en el lado más tangible de la economía familiar: en qué se va el dinero. El gasto corriente monetario promedio trimestral alcanzó 47,674 pesos por hogar. La mayor porción se concentró en alimentos, bebidas y tabaco (17,982 pesos), seguido por transporte y comunicaciones (9,319 pesos). Educación y esparcimiento (4,593) y vivienda y servicios (4,346) completan el núcleo de rubros que, en conjunto, determinan la calidad de vida. Cuando la mayor parte del ingreso se destina a consumo básico, la capacidad de ahorrar, invertir en capacitación o emprender se reduce, lo que vuelve más difícil “saltar” de un estrato económico a otro.

Este patrón de gasto adquiere una lectura adicional en el contexto reciente de México: tras el episodio inflacionario de 2021-2023, la inflación general ha mostrado una moderación, pero los hogares siguen resentidos en rubros sensibles como alimentos y servicios. En paralelo, el encarecimiento de rentas en ciertas ciudades, la presión en transporte y el costo del crédito al consumo —influido por tasas de interés todavía elevadas en términos históricos— tienden a comprimir el ingreso disponible, especialmente para quienes no tienen acceso a financiamiento barato o a mecanismos formales de ahorro.

Del lado del ingreso, el trabajo se mantiene como el pilar central: 65.6% del ingreso corriente total trimestral provino de actividades laborales. Las transferencias aportaron 17.7% y la estimación del alquiler de vivienda propia 11.6%, mientras que rentas de propiedades representaron 4.9%. La foto es clara: para la mayoría, la economía depende de la estabilidad del empleo y del salario, en un mercado laboral donde la informalidad sigue siendo un rasgo estructural y donde el acceso a seguridad social, pensiones y protección ante riesgos no es homogéneo.

En ese marco, los aumentos al salario mínimo de los últimos años han mejorado el ingreso en la parte baja de la distribución y han contribuido a reducir algunas brechas, pero no resuelven por sí solos el desafío de fondo: elevar productividad, transitar a mayor formalidad y ampliar el acceso a empleos mejor pagados. La llegada de inversión vinculada a cadenas de suministro norteamericanas —fenómeno asociado al nearshoring— abre oportunidades, aunque su impacto es desigual por región y depende de condiciones locales: disponibilidad de energía, agua, seguridad, logística y capital humano.

La clasificación de “clases” retomada en documentos de referencia —desde niveles baja-baja hasta alta-alta— sirve como marco descriptivo, pero la ENIGH sugiere una interpretación más operativa: el país se organiza en escalones de ingreso con realidades muy distintas. Para los deciles bajos, la prioridad es sostener consumo básico; en los intermedios, estabilizar finanzas y enfrentar costos de vivienda, educación y transporte; y en los altos, la capacidad de ahorro, inversión y diversificación patrimonial es claramente mayor.

Hacia adelante, la pregunta para la política económica no es sólo si la desigualdad puede seguir bajando, sino cómo hacerlo sin depender exclusivamente de transferencias: consolidando un crecimiento más inclusivo, ampliando la base de contribuyentes formales, fortaleciendo la competencia en mercados clave y mejorando servicios públicos que reducen gastos de bolsillo (salud, cuidados, transporte). Ese conjunto define, en la práctica, qué tan “caro” resulta ser de clase media en México y qué tan posible es sostenerla a lo largo del tiempo.

En síntesis, la ENIGH 2024 confirma una mejora en indicadores de desigualdad, pero también evidencia que la estructura de ingresos y gastos mantiene presionada a la mayoría de los hogares. El avance es visible en el agregado; el reto permanece en el terreno: empleos de mayor calidad, menor vulnerabilidad ante shocks y un costo de vida que no se coma cualquier ganancia.

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