Recortes de Banxico y menor actividad enfrían las ganancias de la banca en México
La reducción de tasas y el menor ritmo del consumo y el crédito están presionando los márgenes bancarios tras años de utilidades impulsadas por el dinero caro.
El sector bancario mexicano arrancó el año con una señal poco habitual en los últimos ejercicios: una baja en las utilidades. En el primer bimestre, las ganancias netas acumuladas de los 52 bancos que operan en el país sumaron 48,985 millones de pesos, una contracción de 2% respecto al mismo periodo del año previo, de acuerdo con cifras regulatorias. Es el primer retroceso para un primer bimestre en cinco años, en un entorno marcado por menor crecimiento económico y por un ciclo de recortes en la tasa de referencia del Banco de México (Banxico).
El ajuste en la rentabilidad se entiende, sobre todo, por el cambio de régimen en el costo del dinero. Tras el periodo de tasas elevadas que infló los márgenes financieros y elevó el rendimiento de portafolios de tesorería, los recortes de Banxico han ido trasladándose a los ingresos por intereses del sistema. En enero y febrero, los ingresos por intereses se ubicaron en 279,525 millones de pesos, una caída anual de 8.4%, reflejando que el “piso” de rendimientos se está moviendo hacia abajo a medida que se reprecian créditos y se ajustan inversiones.
Para dimensionar el viraje: en marzo, Banxico dejó su tasa en 6.75%, lejos del 9% observado un año antes. En términos prácticos, esta normalización reduce el ingreso financiero de los bancos, en especial de los portafolios más expuestos a instrumentos de tasa variable o a reinversión frecuente, y obliga a compensar con mayor volumen de crédito o con eficiencia operativa lo que antes aportaba el margen por tasa.
En el grupo de mayores jugadores por ingresos por intereses figuran Banorte, BBVA, Santander, Banamex y Banco Azteca, instituciones que suelen marcar el pulso del sistema por su escala en captación, crédito al consumo y financiamiento empresarial. Sin embargo, el arranque de año también dejó un dato relevante: dentro del conjunto de bancos de importancia sistémica hubo entidades con pérdidas en utilidades al corte bimestral, un recordatorio de que la competencia, la mezcla de productos y el costo del riesgo pueden amplificar el impacto del ciclo monetario.
Analistas del sector suelen señalar que el primer trimestre tiende a ser estacionalmente más lento para intermediarios financieros, tanto por calendarios de originación como por la dinámica de gasto de hogares y empresas. Aun así, el componente macroeconómico ha cobrado más peso: la desaceleración —y episodios de debilidad en indicadores de actividad— han moderado la demanda de crédito y han elevado la sensibilidad a la morosidad, particularmente en segmentos de consumo.
Consumo, IVA y tipo de cambio: señales que influyen en el crédito
La evolución del consumo se ha vuelto un punto de vigilancia clave para la banca, por su peso en tarjetas, nómina y créditos personales. Una señal temprana ha sido el desempeño de la recaudación del IVA, que en el primer bimestre mostró una caída relevante, la más pronunciada para un febrero desde la crisis de 2009 según estimaciones privadas. Entre los factores detrás de este comportamiento se menciona el menor dinamismo de la actividad —con lecturas débiles en indicadores mensuales—, una base de comparación elevada y el efecto de un tipo de cambio apreciado sobre la base gravable en aduanas. En conjunto, estos elementos tienden a enfriar el gasto y, por extensión, el apetito de financiamiento de corto plazo.
La apreciación del peso también tiene implicaciones mixtas. Por un lado, suele aliviar presiones inflacionarias en bienes importados y apoya el poder de compra, lo que puede ayudar al perfil de riesgo de familias endeudadas. Por otro, reduce ingresos fiscales vinculados al comercio exterior medidos en moneda nacional y puede afectar ciertos sectores exportadores en márgenes, con efectos indirectos en el crédito empresarial. Para la banca, este balance importa porque el ciclo de crédito depende tanto de la confianza del consumidor como de la inversión y el flujo de caja de empresas.
Mirando hacia adelante, el reto central para los bancos es sostener crecimiento de cartera con prudencia de riesgo en un contexto de tasas más bajas. Los recortes suelen abaratar el financiamiento, lo que eventualmente puede reactivar la demanda; pero si la actividad tarda en recuperarse, el crédito puede avanzar más lento y con mayor selectividad. A esto se suma que el sistema enfrenta costos crecientes en tecnología, ciberseguridad y cumplimiento, rubros que presionan el gasto operativo y elevan el umbral de rentabilidad.
En el plano macro, la expectativa de un desempeño más favorable en la segunda mitad del año depende de que se consolide la recuperación del consumo, de que la inversión mantenga tracción y de que el entorno externo no se deteriore. Para México, la demanda de Estados Unidos sigue siendo un determinante crítico para manufacturas y exportaciones; cualquier ajuste en ese motor puede reflejarse en el crédito comercial y en el ánimo de negocios.
En síntesis, la caída de utilidades al inicio de año no apunta por sí misma a un problema sistémico, pero sí a un cambio de condiciones: menos margen por tasas, economía más frágil y mayor necesidad de eficiencia y volumen para sostener resultados. La banca entra a una fase más “normal” del ciclo, donde la gestión del riesgo y la capacidad de originar crédito de calidad serán tan importantes como el nivel de la tasa de referencia.





