HSBC ve destrabado el freno a la inversión: infraestructura y energía reactivan el pulso del crecimiento

05:55 13/03/2026 - PesoMXN.com
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HSBC México anticipa que la combinación de nuevos proyectos, financiamiento bancario y menor tasa de Banxico puede mejorar el crecimiento tras un 2025 débil.

Luego de un 2025 de expansión modesta, estimada en 0.8%, la conversación entre bancos y empresas volvió a centrarse en una pregunta clave: ¿qué le faltaba a México para acelerar el paso? Para HSBC México, la respuesta no estaba tanto en la falta de liquidez o en el apetito de las compañías, sino en algo más básico: un inventario claro de proyectos con estructuras de inversión viables. De acuerdo con Jorge Arce, director general del banco, ese “cuello de botella” comenzó a destrabarse con el arranque del gobierno de Claudia Sheinbaum y con la presentación de planes de infraestructura que buscan alinear al sector público con el capital privado.

El diagnóstico se inserta en un entorno de transición. El primer año de administración federal suele ser un periodo de menor tracción por cambios en prioridades, reacomodos institucionales y tiempos de planeación. A ello se sumó una herencia fiscal más apretada, tras años de gasto elevado en proyectos emblemáticos, lo que limitó el margen presupuestal. En ese marco, la expectativa bancaria es que el impulso venga de esquemas mixtos: recursos públicos, inversión directa de empresas y crédito de la banca comercial.

En paralelo, el ciclo monetario ofrece un viento a favor. Con el Banco de México (Banxico) reduciendo la tasa de referencia desde niveles restrictivos, el costo financiero tiende a aliviarse gradualmente para hogares y empresas, aunque la transmisión no es inmediata y depende de la competencia bancaria, el riesgo percibido y la solidez de los flujos de cada proyecto. Aun así, para el sistema financiero el cambio de tendencia suele mejorar la viabilidad de inversiones intensivas en capital, como logística, energía e infraestructura urbana.

HSBC cerró el último año con una cartera de crédito de 478,622 millones de pesos, según cifras regulatorias, y ha señalado interés particular en proyectos energéticos, con énfasis en generación sustentable. La institución considera que, más allá del volumen de inversión, la disponibilidad de energía y la certeza sobre la conexión a la red se han vuelto determinantes para la relocalización de cadenas productivas y para sostener el atractivo de México como plataforma exportadora en Norteamérica.

Energía y logística: los proyectos que sí “mueven la aguja”

Entre los proyectos compartidos por el gobierno con el sector privado, HSBC identificó un paquete relevante en energía que, de acuerdo con el banco, suma 26 gigawatts y requerirá financiamiento significativo. En términos económicos, la importancia va más allá de la cifra: la capacidad eléctrica disponible se ha convertido en un insumo crítico para nuevas plantas, centros de datos y ampliaciones manufactureras asociadas al nearshoring. Si los planes logran traducirse en obras ejecutables —con permisos, interconexión y modelos de negocio claros— podrían reducirse retrasos que hoy encarecen inversiones y generan incertidumbre en decisiones de largo plazo.

En logística, el interés se concentra en puertos y carreteras por su impacto directo en tiempos de traslado, costos de transporte y confiabilidad de las cadenas de suministro. En un país donde la competitividad exportadora depende de rutas eficientes hacia la frontera norte y de corredores industriales en el Bajío, la inversión en conectividad suele tener efectos multiplicadores: incrementa productividad, facilita la integración regional y mejora la capacidad de respuesta ante choques externos.

No todos los proyectos, sin embargo, se perciben con la misma claridad de retorno. Arce expresó reservas sobre trenes de pasajeros, típicamente más complejos para la rentabilidad financiera por su alta inversión inicial y por la sensibilidad a subsidios, demanda efectiva y tarifas. Para la banca, la “bancabilidad” se sostiene en flujos predecibles, marcos regulatorios consistentes y contratos robustos; cuando esos elementos son débiles, el crédito suele encarecerse o simplemente no llegar.

El telón de fondo es una economía con fortalezas y fricciones. Por un lado, México mantiene ventajas por su integración manufacturera con Estados Unidos (EUA), su base exportadora y un mercado interno que, aunque desigual, sigue siendo relevante. Por otro, persisten retos estructurales: informalidad elevada, brechas de productividad, limitaciones en infraestructura local y, en ciertas regiones, problemas de seguridad que afectan costos operativos y decisiones de inversión.

Sobre este último punto, el directivo de HSBC reconoció la inseguridad como un factor de riesgo en zonas específicas, aunque destacó reducciones en delitos de alto impacto y en extorsiones en diversas regiones. En la práctica, la lectura del sector financiero suele distinguir entre riesgos focalizados —que elevan primas de seguro, seguridad privada y logística— y riesgos sistémicos; esa diferencia pesa al modelar proyectos y definir la asignación de crédito.

En el frente externo, la próxima renegociación o revisión del T-MEC añade un componente de cautela. HSBC no anticipa discusiones que golpeen de forma directa a la banca, aunque ve posible diálogo en rubros como pagos electrónicos. Al mismo tiempo, el entorno de cumplimiento se mantiene exigente: los bancos operan bajo mayor escrutinio de Estados Unidos en prevención de lavado de dinero, lo que impulsa inversiones continuas en tecnología, monitoreo transaccional y cultura de control interno.

En el plano corporativo, HSBC incorporó a José Antonio Meade como presidente de su Consejo de Administración, con el objetivo de fortalecer el posicionamiento institucional y la interlocución con actores internacionales. En un periodo donde la competencia por capital es intensa —y donde factores como energía, estado de derecho y certidumbre regulatoria pesan más que antes— el mensaje hacia inversionistas suele enfocarse en viabilidad de proyectos, retornos ajustados por riesgo y estabilidad de reglas.

Finalmente, la institución también ajusta su estrategia comercial en México ante el avance de jugadores digitales y bancos enfocados en el mercado masivo. HSBC busca concentrarse en clientes de clase media y media alta, con necesidades de más de un producto —tarjetas, hipotecas, autos, servicios internacionales—, un segmento que suele presentar mayor vinculación, menores tasas de morosidad y demanda de soluciones transfronterizas.

En conjunto, el planteamiento de HSBC apunta a que el crecimiento dependerá menos de expectativas y más de ejecución: proyectos concretos, esquemas de inversión que repartan riesgos y una coordinación efectiva entre infraestructura, energía y financiamiento. Si ese engranaje avanza, el país podría convertir su potencial industrial y logístico en expansión más sostenida; si se atora, el impulso del nearshoring y de la baja de tasas podría diluirse en cuellos de botella persistentes.

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