Inversión de China en México se desacelera: la revisión del T-MEC enfría nuevos proyectos
La IED china cae con fuerza en 2025 mientras empresas y gobierno ajustan tiempos ante la presión de EE. UU. y la incertidumbre comercial.
México se ha vuelto un punto cada vez más visible para la inversión proveniente de China en América Latina, pero el ritmo se enfrió de forma marcada en el último año. En 2025, los flujos identificados como capital chino se ubicaron en torno a 588.3 millones de dólares, una caída cercana a 80% frente a los 3,017 millones de 2024, de acuerdo con el Monitor de la inversión china en América Latina y el Caribe del Centro de Estudios China-México (CeChimex) de la UNAM.
La contracción ocurre mientras crece la cautela alrededor de la revisión del T-MEC y se intensifica el escrutinio político en Estados Unidos sobre la posibilidad de que México sea una plataforma de manufactura para compañías chinas con acceso preferencial a Norteamérica. En los hechos, el nuevo contexto eleva el costo de reputación y el riesgo regulatorio de ciertos proyectos, aun cuando la lógica económica del nearshoring —producir más cerca del consumidor final— siga vigente.
Los datos oficiales de la Secretaría de Economía tienden a subestimar estos flujos por metodología: contabilizan la inversión por “último país de origen”, lo que puede ocultar entradas canalizadas vía terceros territorios. En 2025, el registro oficial (alrededor de 529.6 millones de dólares) luce cercano al cálculo del Monitor, pero en 2024 la diferencia se amplía, reflejando que parte del capital pudo estructurarse desde otras jurisdicciones. Para analistas, esta brecha complica el diagnóstico y, sobre todo, el diseño de una política de atracción de inversiones basada en la trazabilidad del capital.
Pese al freno, el interés empresarial no desaparece. En el sector automotriz y de autopartes se concentra cerca de 43% de la inversión china reciente, seguido por energía, manufactura, electrónicos y maquinaria. En el contexto de la transición hacia vehículos eléctricos y cadenas de suministro más regionalizadas, México ofrece ventajas evidentes: clústeres industriales maduros, experiencia exportadora y una integración logística profunda con Estados Unidos.
Sin embargo, el momento político se impone al calendario de inversión. La presión de EE. UU. para acotar la presencia china en sectores considerados estratégicos ha empujado a las empresas a recalibrar rutas: desde retrasar anuncios hasta rediseñar estructuras corporativas y cadenas de proveeduría para reducir exposición a potenciales restricciones, reglas de origen más estrictas o medidas de cumplimiento comercial.
El dilema de México: atraer capital sin tensar la relación con Estados Unidos
Para México, el desafío es sostener la entrada de inversión productiva —clave para empleo, exportaciones y contenido nacional— sin abrir frentes que compliquen la relación comercial con su principal socio. La economía mexicana depende ampliamente del mercado estadounidense por comercio exterior y por la integración de sus manufacturas; al mismo tiempo, compite por atraer proyectos que refuercen capacidad industrial, especialmente en el corredor automotriz del Bajío y en la franja norte. En este equilibrio, el gobierno ha buscado moderar el discurso y evitar la narrativa de “puente” para China, mientras mantiene abierta la cooperación económica. El problema es que la revisión del T-MEC eleva la incertidumbre: proyectos intensivos en capital tienden a posponerse cuando no hay claridad sobre reglas futuras, condiciones de acceso y señales políticas.
Visto en perspectiva, el avance acumulado sigue siendo relevante. Entre 2020 y 2025, México habría captado alrededor de 11,567 millones de dólares de inversión china, equivalente a cerca de 17.4% del total regional, con un número alto de transacciones (98) y un efecto importante en empleo asociado (más de 157,000 puestos), según el mismo Monitor. Esto coloca al país en un grupo líder junto con economías como Brasil y Argentina, aunque con proyectos de menor tamaño promedio: en México, la inversión por proyecto se estima más fragmentada, lo que sugiere un patrón de expansión gradual, plantas medianas y componentes específicos de cadena de valor, más que megaproyectos.
La lectura regional también ayuda a dimensionar el fenómeno. En América Latina, la inversión china ha mostrado cambios de composición: más manufactura y más proyectos “greenfield” (desde cero), con mayor generación de empleo por proyecto, aunque con menor intensidad de capital por trabajador. Aun así, el peso macroeconómico agregado se mantiene acotado frente al tamaño de las economías receptoras, por lo que su impacto depende más de dónde se localiza (sectores y regiones) que de su monto total.
En México, el principal canal de impacto es la plataforma exportadora. Si bien el país ha ganado participación en manufactura global gracias a su integración con Norteamérica, enfrenta cuellos de botella internos que pueden limitar nuevas inversiones, vengan de donde vengan: disponibilidad de energía eléctrica y agua en ciertas regiones industriales, saturación logística en nodos clave, necesidad de mayor capital humano técnico y un entorno de seguridad desigual por estados. Estos factores se vuelven más determinantes cuando el componente geopolítico eleva la exigencia de certidumbre.
Hacia adelante, el desempeño de la inversión china en México dependerá menos del interés corporativo —que existe por mercado y costos— y más de tres variables: el tono de la revisión del T-MEC, la postura de EE. UU. sobre sectores estratégicos y la capacidad de México para ofrecer certidumbre regulatoria y condiciones operativas competitivas. Un escenario de reglas claras podría reactivar proyectos; uno de mayor fricción podría empujarlos a escalonarse o a desplazarse a otras geografías, incluso dentro de la misma región.
En balance, la caída de 2025 sugiere un compás de espera más que un retiro definitivo: México sigue siendo atractivo como plataforma manufacturera, pero la mezcla de política comercial y geopolítica está redefiniendo el ritmo y la forma en que el capital chino puede aterrizar en el país.