Arranque flojo de 2026 presiona el pronóstico de Hacienda y revive el debate sobre el crecimiento potencial
La caída de inversión y consumo al inicio del año complica alcanzar la meta oficial y refuerza la señal de un estancamiento más persistente.
El desempeño de la economía mexicana en el arranque de 2026 volvió a abrir una brecha entre el escenario oficial y las estimaciones del mercado. La Secretaría de Hacienda sostuvo en sus Pre-Criterios un rango de crecimiento de 1.8% a 2.8% para este año (con un punto medio cercano a 2.3%), pero los primeros datos de actividad —con retrocesos en inversión y consumo privado durante enero— fortalecen la lectura de que la expansión podría quedar por debajo de ese piso.
La señal no es menor: cuando consumo e inversión se debilitan al mismo tiempo, la recuperación suele depender de factores externos o de un repunte rápido de la confianza, algo difícil en un entorno donde las empresas han mostrado cautela para comprometer capital de largo plazo. En términos prácticos, el inicio de año condiciona el crecimiento del primer trimestre y eleva el riesgo de que el dinamismo de 2026 sea insuficiente para recomponer el ingreso por habitante, que ha mostrado avances limitados tras varios años de desempeño económico modesto.
El contraste con las previsiones de otros participantes es claro. Analistas y organismos han venido recortando expectativas a medida que se confirma una economía que crece por debajo de su potencial, mientras que el Banco de México (Banxico) ha mantenido una visión más prudente sobre la expansión, con pronósticos inferiores a los supuestos centrales de Hacienda. Esa diferencia importa no solo como debate técnico: de ella dependen estimaciones de ingresos públicos, métricas de deuda y el margen real para sostener programas y proyectos sin deteriorar la estabilidad fiscal.
En el trasfondo está la trayectoria reciente. En 2025, el crecimiento se mantuvo bajo y la economía libró por poco una recesión técnica, pero la desaceleración se extendió lo suficiente como para provocar un ajuste en planes de expansión de empresas y en la contratación formal en algunos sectores. Aun cuando el mercado laboral conserva amortiguadores —como el empuje del salario real frente a la desinflación—, la inversión es la variable que suele marcar la diferencia entre un bache cíclico y un problema estructural.
La inversión fija ha resentido la combinación de costos financieros todavía elevados, señales mixtas sobre certidumbre regulatoria y el agotamiento de algunos impulsos iniciales asociados a la relocalización de cadenas productivas. Lo que en 2023 se tradujo en un repunte notable, en 2025 y principios de 2026 se ha transformado en una racha de retrocesos anuales, con impacto directo en acumulación de capital, productividad y capacidad de crecer más rápido en los siguientes años.
La variable externa: la incertidumbre comercial de Estados Unidos y la revisión del T-MEC
Un componente clave del freno es el entorno externo, particularmente la incertidumbre ligada a Estados Unidos. La revisión del T-MEC en 2026 ha operado como un “tiempo de espera” para proyectos intensivos en capital: cuando las reglas de origen, los mecanismos de verificación o los términos de acceso preferencial pueden modificarse, muchas empresas optan por aplazar decisiones hasta tener mayor claridad. En sectores como autopartes, manufactura avanzada y electrónica, ese aplazamiento puede reflejarse rápidamente en pedidos de maquinaria, construcción industrial y contratación.
Además, la política comercial estadounidense ha sido una fuente recurrente de volatilidad para expectativas de exportación e inversión. A México le favorece su integración productiva con Norteamérica y su cercanía logística, pero justamente esa ventaja hace que cualquier cambio en el marco de comercio y cumplimiento se transmita con rapidez a la economía real. Un proceso ordenado y predecible de revisión del T-MEC podría destrabar proyectos detenidos; uno prolongado o con señales contradictorias puede extender el compás de espera durante buena parte del año.
El frente interno también pesa. Diversos analistas han señalado que cambios institucionales recientes y el debate sobre el marco constitucional —en particular en temas vinculados al Sistema Judicial— han elevado la prima de incertidumbre para inversión de largo plazo. En paralelo, la inversión pública ha mostrado debilidad tras los ajustes de gasto y el reacomodo de prioridades, con el problema adicional de que el espacio fiscal no es amplio si el gobierno busca mantener una trayectoria prudente de deuda y cumplir metas de consolidación.
La restricción fiscal coloca a Hacienda ante una disyuntiva: proteger la estabilidad de las finanzas públicas en un contexto de menor crecimiento —lo que exige supuestos realistas sobre PIB, inflación, tasas e ingresos petroleros— y, al mismo tiempo, evitar que los recortes a gasto programable profundicen la debilidad de la demanda. En la práctica, el margen dependerá de la recaudación, de la eficiencia del gasto y de la capacidad de sostener inversión pública con alto efecto multiplicador sin comprometer el balance.
Para Banxico, el reto es distinto pero relacionado. En un entorno de desaceleración, una inflación más contenida abre la puerta a recortes graduales de tasas, lo que podría aliviar el costo financiero de hogares y empresas. Sin embargo, la política monetaria suele operar con rezago y, por sí sola, no compensa la falta de certidumbre o la ausencia de proyectos listos para ejecutarse. Si la inversión no repunta, el recorte de tasas puede terminar impulsando más el consumo de corto plazo que la expansión de capacidad productiva.
De cara a 2027, el escenario oficial asume una mejora, pero el principal riesgo es que el bajo crecimiento se vuelva “autorreferencial”: con demanda interna débil, las empresas invierten menos en expansión y tecnología; con menor inversión, cae la productividad y se reduce el crecimiento potencial; y, con un potencial más bajo, cualquier choque externo pega más fuerte. El nearshoring sigue siendo una oportunidad, pero exige condiciones complementarias: infraestructura, energía confiable, seguridad, capital humano y certeza jurídica para que el flujo de proyectos no se estanque.
En suma, el arranque de 2026 refuerza la discusión sobre si México está enfrentando solo un bache o una pérdida gradual de velocidad estructural. La distancia entre el pronóstico de Hacienda y el pulso de los indicadores sugiere que la clave estará en recuperar inversión y disipar incertidumbre, particularmente en la relación comercial con Estados Unidos y en el marco interno de reglas. Sin esos componentes, el país podría sostener estabilidad macro, pero con un crecimiento insuficiente para elevar de manera consistente el bienestar.