México compra más acero del que produce: el reto de sustituir importaciones en la obra pública

05:55 30/04/2026 - PesoMXN.com
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La dependencia de insumos siderúrgicos importados creció tras la pandemia y complica la apuesta oficial por priorizar acero hecho en México.

La decisión del gobierno federal de priorizar el uso de acero producido en México para compras y construcción de obra pública busca reordenar una cadena estratégica para la inversión, el empleo industrial y la competitividad manufacturera. Sin embargo, las cifras recientes del comercio exterior muestran que el país llega a esta apuesta con una dependencia mayor a la de hace una década, especialmente en insumos básicos de fundición, hierro y acero.

De acuerdo con datos de comercio reportados por Banco de México (Banxico), en 2025 México importó alrededor de 16,362 millones de dólares en fundición, hierro y acero. Aunque el monto es menor al máximo observado en 2023 (cuando las compras rebasaron 21,500 millones) y también por debajo de 2024, el nivel sigue siendo significativamente superior al de 2015, cuando las importaciones rondaban 9,406 millones. En otras palabras: aun con la moderación reciente, el país compra mucho más acero básico en el exterior que antes de la pandemia.

El crecimiento del flujo importador se aceleró en la etapa de reactivación post-Covid: tras tocar niveles relativamente bajos en 2020, las compras se dispararon en 2021 y se mantuvieron altas en 2022 y 2023. Ese comportamiento coincide con el repunte de la inversión en construcción y manufactura, el reacomodo de inventarios globales y la reorganización de cadenas de suministro en Norteamérica, donde México se volvió un destino atractivo para procesos industriales orientados al mercado externo.

La mayor exposición al exterior también se refleja en la balanza comercial del sector: el déficit en fundición, hierro y acero se amplió con el tiempo, lo que sugiere una brecha persistente entre lo que se produce localmente y lo que demanda la economía. En el fondo, el problema no es solo el nivel de importaciones, sino la estructura del consumo: México requiere más acero del que su industria está abasteciendo, y buena parte del faltante se cubre con compras internacionales.

En términos físicos, el desbalance es claro: la producción nacional de acero se ubicó alrededor de 14 millones de toneladas en 2025, mientras el consumo interno alcanzó aproximadamente 28 millones. Esa diferencia implica que cerca de la mitad del acero utilizado en el país depende directa o indirectamente del exterior, una situación delicada para sectores intensivos en metal como infraestructura, automotriz, línea blanca, maquinaria y equipo.

Proveedores, T-MEC y el efecto de los aranceles de Estados Unidos

En la composición de proveedores, Estados Unidos destaca como el principal origen de insumos siderúrgicos para México, seguido por Brasil y Japón, con participaciones relevantes, además de Corea del Sur y China. Esta mezcla revela dos realidades: por un lado, la integración regional bajo el T-MEC facilita el intercambio de insumos entre plantas norteamericanas; por otro, México sigue expuesto a ciclos externos de precios, a decisiones de política comercial y a riesgos de abastecimiento cuando se tensan los flujos globales.

La política arancelaria estadounidense ha añadido incertidumbre a la industria regional. Los aranceles aplicados al acero bajo la Sección 232, reactivados y endurecidos en la administración de Donald Trump, han presionado los envíos desde México hacia el mercado estadounidense y han elevado el costo de la planeación para empresas que operan cadenas de valor compartidas. En este entorno, la estrategia mexicana de fortalecer compras gubernamentales con acero nacional también funciona como una señal de política industrial: busca dar visibilidad de demanda y mejorar el uso de capacidad instalada, al tiempo que reduce vulnerabilidad frente a barreras externas.

Otro factor que complica el terreno es la competencia de China, que concentra una porción mayoritaria de la producción mundial de acero. La industria mexicana ha señalado prácticas de dumping y subsidios que distorsionan precios internacionales. Además, existe un fenómeno que ha ganado peso: las importaciones indirectas de acero, es decir, metal incorporado en bienes manufacturados terminados —vehículos, maquinaria, equipo eléctrico o electrodomésticos— que llegan al país y compiten con producción local sin aparecer siempre como “acero” en la estadística tradicional del insumo básico.

Paradójicamente, mientras México incrementó la compra de insumos básicos, el crecimiento en importaciones de manufacturas de fundición, hierro o acero (productos ya transformados) ha sido más acotado en la última década. Esto sugiere que el mayor “salto” ocurrió en materias primas y semiprocesados, justamente donde la industria nacional podría aspirar a sustituir importaciones si logra invertir en capacidad, eficiencia energética, logística y especialización.

Ahí es donde el acuerdo gobierno-industria cobra relevancia: priorizar acero mexicano en obra pública puede elevar el contenido nacional y dar ancla de demanda a productores como ArcelorMittal, Deacero, Frisa Forjados, Gerdau Corsa, Grupo Acerero, Grupo Simec, Suacero, Tenaris TAMSA, Ternium y Tyasa, entre otros participantes del ecosistema. No obstante, el alcance real dependerá de reglas de compra, certificaciones, tiempos de entrega, estándares técnicos y, sobre todo, de si la industria puede ampliar la producción de aceros de mayor sofisticación (especiales, laminados específicos, grados automotrices, placas y productos de alto desempeño) para reducir dependencia en segmentos donde hoy el exterior domina.

En el corto plazo, el mercado del acero también estará condicionado por el ciclo económico: la trayectoria de la construcción pública y privada, el desempeño de la manufactura orientada a exportación y la evolución del tipo de cambio pueden abaratar o encarecer importaciones en términos relativos. Asimismo, los costos de energía y transporte siguen siendo determinantes para la competitividad siderúrgica; en México, la disponibilidad de electricidad confiable y a precios competitivos, así como una logística ferroviaria y portuaria eficiente, pesan tanto como cualquier preferencia de compra pública.

En perspectiva, la sustitución de importaciones de acero no se logrará solo con una directriz de compra, sino con una estrategia integral: inversión en nuevas líneas y tecnologías, acceso a financiamiento, certidumbre regulatoria, vigilancia efectiva contra prácticas desleales y coordinación con sectores demandantes. Si el objetivo es reducir déficit y dependencia, el reto es doble: producir más y producir mejor, sin perder competitividad en una economía altamente integrada con Estados Unidos y expuesta a la competencia asiática.

En suma, México llega a su nueva apuesta por “acero nacional” con una brecha importante entre consumo y producción, una balanza deficitaria y un entorno comercial complejo. El éxito dependerá de convertir la demanda pública en palanca de modernización y de ampliar la oferta local hacia aceros más especializados, sin aislar a la industria de los incentivos de eficiencia que impone el mercado.

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