El “efecto Mundial” se desinfla: la economía mexicana modera el paso tras el empuje de abril
Los datos oportunos apuntan a una economía que perdió tracción tras el gasto previo, con consumo y servicios mostrando señales de enfriamiento.
La economía mexicana entró al periodo del Mundial de Futbol con la expectativa de un impulso adicional por turismo, consumo y servicios; sin embargo, los indicadores más recientes sugieren que el impacto fue acotado y, en todo caso, insuficiente para cambiar la trayectoria de un crecimiento que viene perdiendo fuerza. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del Inegi, revisado a la baja, estima una contracción mensual en mayo de 0.28%, luego del avance de 1.20% en abril, mientras que para junio —mes en que arrancó el torneo— proyecta un crecimiento marginal de 0.16%.
El desempeño sugiere que el mayor dinamismo se concentró antes del evento, asociado a obras, logística y gasto preparatorio, más que a un aumento sostenido de la actividad durante el Mundial. En la lectura por grandes grupos, tanto las actividades secundarias (manufacturas y construcción) como las terciarias (comercio y servicios) habrían mostrado variaciones moderadas, en línea con un entorno donde la demanda interna se mantiene, pero ya sin el ímpetu observado a inicios del segundo trimestre.
Con estos números, distintas estimaciones privadas consideran posible un crecimiento trimestral alrededor de 1.5% en el segundo trimestre, aunque el acumulado del primer semestre se mantendría cercano a 1%, reflejo de una expansión que no termina de consolidarse. El dato definitivo del IGAE que publicará Inegi el 23 de julio será una referencia clave para validar si junio marcó un punto de inflexión o solo un rebote técnico de corta duración.
En el frente del consumo, el termómetro también se enfrió antes de que iniciara el torneo. La Encuesta Mensual de Empresas Comerciales reportó que las ventas al menudeo retrocedieron 0.56% mensual en mayo, tras dos meses de avance, y aunque crecieron 2.45% anual, lo hicieron a menor ritmo que el 4.47% de abril. En la práctica, el consumo resiente el deterioro gradual de la confianza, la normalización del mercado laboral y una inflación que, aunque ha cedido frente a los máximos de 2022-2023, todavía condiciona el poder adquisitivo en algunos rubros esenciales.
En servicios, el panorama fue mixto: actividades ligadas a esparcimiento, hospedaje y restaurantes mostraron mejoras mensuales en ciertos segmentos, pero persisten señales de debilidad en áreas estratégicas. Destaca la fragilidad en transporte, correos y almacenamiento, así como la falta de una recuperación uniforme en ramas vinculadas a la movilidad y la distribución, relevantes para el funcionamiento de cadenas de suministro y el comercio interior.
Manufactura, inversión y la sombra de la incertidumbre externa
Más allá del efecto puntual de un evento deportivo, el pulso económico de México sigue muy ligado al desempeño manufacturero y a la inversión. En manufacturas, el ritmo continúa sujeto al ciclo industrial de Norteamérica y a la composición de las exportaciones: crecen envíos asociados a tecnología y equipo, pero con frecuencia incorporan una alta proporción de insumos importados, lo que limita el valor agregado nacional y, por ende, su capacidad para derramar con fuerza en empleo y consumo locales.
Al mismo tiempo, la inversión privada enfrenta un entorno de cautela por factores externos e internos. Del lado externo, la agenda comercial de Estados Unidos y los episodios de tensión por medidas arancelarias o disputas sectoriales elevan la volatilidad de expectativas, en particular en industrias integradas a la región. En lo interno, la certidumbre regulatoria y el estado de derecho pesan en decisiones de largo plazo, justo cuando el país compite por captar reubicaciones de producción (nearshoring) que requieren energía, agua, infraestructura y reglas claras para materializarse en proyectos concretos.
La política monetaria también juega su papel. Con Banxico en un proceso gradual de ajuste tras mantener tasas elevadas para contener la inflación, el costo del crédito sigue siendo un filtro para el consumo duradero y, sobre todo, para la inversión de empresas medianas y pequeñas. El reto es que el aterrizaje inflacionario no necesariamente se traduce de inmediato en un repunte del crédito si la percepción de riesgo y la incertidumbre se mantienen.
En conjunto, los datos oportunos sugieren que el Mundial aportó un estímulo más visible en momentos previos —por gasto y preparativos— que en un repunte sostenido del crecimiento durante el torneo. Hacia la segunda mitad del año, el desempeño dependerá menos de eventos extraordinarios y más de si se reanima la inversión, se estabiliza la manufactura y el consumo resiste el enfriamiento del empleo y del crédito.