Inflación de servicios resiste en México y complica la ruta de Banxico hacia el 3%

13:16 27/07/2026 - PesoMXN.com
Share:

La persistencia de precios en servicios mantiene la cautela monetaria y puede alargar la convergencia de la inflación a la meta.

La batalla contra la inflación en México se ha desplazado del encarecimiento de mercancías hacia un terreno más difícil: los servicios. Esa “pegajosidad” —reflejada en variaciones anuales que han rondado niveles elevados por periodos prolongados— amenaza con retrasar el retorno sostenido de la inflación general a la meta de 3% de Banco de México (Banxico) y refuerza la idea de que la postura monetaria tendrá que seguir siendo restrictiva por más tiempo.

Gabriel Cuadra, subgobernador de Banxico, advirtió en un webinar organizado por Invex que la persistencia de la inflación de servicios es el principal factor de riesgo para que la inflación subyacente —la que excluye componentes más volátiles y suele guiar las decisiones de política monetaria— baje más lentamente de lo anticipado. En su lectura, aunque la inflación de servicios ha mostrado señales de descenso, el proceso ha sido gradual, tras mantenerse cerca de 5.2%–5.3% por alrededor de dos años.

El mandato del banco central es mantener la inflación en 3%, con un intervalo de variabilidad de +/-1 punto porcentual. Sin embargo, la convergencia depende de que la inflación subyacente pierda inercia, algo que suele tomar más tiempo cuando los aumentos provienen de servicios —restaurantes, transporte, alojamiento, educación y otros rubros intensivos en mano de obra—, donde la formación de precios responde a costos laborales, rentas y expectativas, más que a choques transitorios.

Cuadra señaló que la debilidad de la actividad económica ha contribuido a la desinflación, pero no ha sido suficiente para un ajuste rápido, en parte por presiones de costos. Un ejemplo es el traspaso de mayores precios de insumos hacia servicios alimenticios, como restaurantes y loncherías. En el contexto mexicano, este canal es relevante porque combina el costo de alimentos con el de operación (energía, transporte, renta y salarios), lo que complica que los precios bajen con rapidez aun cuando algunas mercancías se estabilicen.

Sobre la tasa de referencia, el subgobernador consideró que, con la información disponible, el nivel actual es adecuado para enfrentar los retos macroeconómicos, aunque dejó abierta la puerta a ajustes futuros cuando existan condiciones. En la práctica, la decisión depende del balance entre la trayectoria de la inflación subyacente, el comportamiento del mercado laboral, el ritmo del crédito y la transmisión de la política monetaria al consumo y la inversión.

En cuanto al entorno externo, Cuadra mencionó que episodios de tensión geopolítica —como el conflicto en Medio Oriente— pueden convertirse en un riesgo inflacionario, especialmente si elevan energéticos o alteran cadenas logísticas. Aun así, sostuvo que un eventual movimiento de la Reserva Federal (Fed) en Estados Unidos no necesariamente exige una respuesta automática de Banxico: si la Fed incrementara 25 puntos base, México podría no acompañar, siempre que la evaluación local del panorama inflacionario y de estabilidad financiera lo permita.

Por qué los servicios tardan más en “enfriarse”

La inflación de servicios suele ser más persistente porque depende de contratos, ajustes de tarifas y de la dinámica salarial, además de que muchos servicios no se importan y tienen menor exposición a la competencia externa. En México, el mercado laboral ha mostrado periodos de apretamiento relativo y alzas salariales por encima de la inflación pasada, lo que puede sostener los costos unitarios. A ello se suman incrementos en rentas comerciales, seguros y logística urbana, que se reflejan en precios finales. Para Banxico, esto implica que la desinflación no se gana solo con la caída de energéticos o la normalización de mercancías: requiere que las expectativas de inflación se mantengan ancladas y que la demanda agregada no reavive presiones.

Un elemento adicional es el efecto de segunda vuelta: cuando alimentos o insumos suben, parte del aumento termina permeando a servicios relacionados, desde comida preparada hasta hospedaje. Ese traspaso tiende a ser más lento al alza y aún más lento a la baja, lo que vuelve al componente de servicios un termómetro crítico para anticipar si la inflación convergerá al 3% dentro del horizonte de pronóstico.

Cuadra también abordó un episodio de interés: el torneo de futbol de junio no detonó un repunte generalizado de precios. La inflación cerró ese mes en 3.37% y en la primera quincena de julio se observó una desaceleración a 3.10%. De acuerdo con entrevistas del banco central a empresas, la mayoría no planeó subir precios por el evento, en parte por la debilidad de la demanda y la alta competencia. Hubo efectos temporales en algunos servicios —paquetes turísticos, hoteles y transporte aéreo—, pero tendieron a revertirse.

Hacia adelante, el reto para la política monetaria será navegar entre señales mixtas: por un lado, la inflación general ha cedido desde sus máximos, pero por otro, la resistencia en servicios mantiene el riesgo de que la convergencia sea más lenta. Con la economía creciendo de forma heterogénea por sectores y con incertidumbre externa —desde tasas en Estados Unidos hasta choques de commodities—, la Junta de Gobierno enfrentará un equilibrio delicado entre evitar un relajamiento prematuro y no profundizar una desaceleración mayor de la actividad.

En síntesis, la persistencia de la inflación de servicios se ha convertido en el principal foco para Banxico: si cede con mayor claridad, se abriría espacio para ajustes graduales; si no, la restricción monetaria podría prolongarse y el retorno al 3% tardar más de lo previsto, aun con una inflación general contenida en el corto plazo.

Share:

Comentarios