Banca mexicana entra a 2026 con crecimiento más moderado por recortes de Banxico y ruido del T-MEC

05:55 03/03/2026 - PesoMXN.com
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La banca ajusta su apetito de riesgo ante menores márgenes por tasas a la baja y una inversión cautelosa por la revisión del T-MEC.

Tras varios años de expansión impulsada por tasas elevadas y una recuperación sostenida del crédito, los bancos que operan en México llegan a 2026 con un panorama de crecimiento más acotado. El ciclo de recortes de la tasa de referencia del Banco de México (Banxico), el bajo dinamismo reciente de la economía y la incertidumbre asociada a la revisión del T-MEC están reconfigurando el balance entre demanda de financiamiento, calidad de cartera y rentabilidad del sistema.

El giro es relevante porque, históricamente, la cartera de crédito tiende a crecer por encima del PIB en periodos de estabilidad. Sin embargo, cuando la inversión privada se frena o pospone, el financiamiento corporativo suele resentirlo con mayor fuerza que el consumo. En 2025, con un avance económico modesto, la banca mantuvo crecimiento nominal del crédito, pero el ritmo de expansión de utilidades se desaceleró frente a los aumentos de doble dígito observados a inicios de la década, cuando el margen financiero se benefició de tasas altas.

Para 2026, el consenso del mercado apunta a un avance económico mayor que el del año previo, aunque todavía insuficiente para detonar un ciclo vigoroso de crédito corporativo si persisten dudas sobre reglas comerciales, cadenas de suministro y costos arancelarios en Norteamérica. En ese contexto, el sistema bancario se prepara para una competencia más intensa por clientes de menor riesgo, un mayor enfoque en eficiencia operativa y una originación más selectiva en segmentos sensibles a choques de ingreso.

Crédito: consumo y pymes, con cautela en un entorno de inversión contenida

En la discusión hacia la Convención Bancaria, los bancos han reiterado su interés en profundizar el financiamiento a pequeñas y medianas empresas (pymes), un segmento clave por su peso en empleo y encadenamientos productivos, pero tradicionalmente limitado por informalidad, debilidad contable y menor acceso a garantías. Aun con compromisos sectoriales para ampliar el crédito a pymes, la realidad del ciclo sugiere una colocación más prudente: con tasas a la baja, el margen se comprime y la rentabilidad depende más de volumen, control de pérdidas y costos de fondeo, lo que vuelve crucial el buen perfilamiento de riesgo.

En paralelo, el crédito al consumo suele liderar cuando el mercado laboral se mantiene resiliente, aunque es el primero en deteriorarse si suben la morosidad o el desempleo. Por ello, la banca tiende a fortalecer modelos de originación, cobranza temprana y analítica de datos, especialmente en consumo no garantizado. En México, además, el nivel de inclusión financiera ha mejorado, pero el acceso al crédito sigue rezagado frente a la tenencia de cuentas u otros productos, lo que implica un potencial de crecimiento que depende de formalización, educación financiera y capacidad de pago de los hogares.

El comportamiento de la cartera vencida será una de las variables más vigiladas en 2026. Aunque los niveles agregados se han mantenido en rangos considerados manejables, el ligero deterioro observado recientemente obliga a observar con mayor detalle a instituciones con mayor exposición a crédito de ticket pequeño y perfiles de ingreso más volátiles. En un contexto de menor crecimiento y tasas descendentes, la disciplina en provisiones y la contención de pérdidas crediticias pueden pesar tanto como el crecimiento del portafolio.

Reputación y cumplimiento: el golpe por señalamientos de EE. UU. acelera ajustes en PLD

Otro factor que reordenó prioridades fue el impacto reputacional y operativo tras señalamientos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos contra intermediarios financieros por presunto lavado de dinero. Más allá del caso puntual y sus efectos sobre ciertos participantes, el episodio elevó la vara para todo el sistema: se anticipa una intensificación de auditorías, mayores exigencias de monitoreo transaccional, fortalecimiento de políticas de “conozca a su cliente” y una supervisión más estricta, con énfasis en operaciones de divisas y transferencias internacionales.

Este endurecimiento tiene costos: invertir en tecnología de cumplimiento, capacitación y procesos incrementa el gasto operativo. Pero también puede convertirse en un diferenciador competitivo, sobre todo para bancos que atienden comercio exterior y empresas con exposición a Estados Unidos. En un sistema tan vinculado al mercado norteamericano, la robustez de controles de Prevención de Lavado de Dinero (PLD) influye en corresponsalías, acceso a liquidez internacional y continuidad operativa.

Más competencia digital y nuevas licencias: crecer con eficiencia

La entrada y consolidación de nuevos jugadores con modelos digitales está presionando a la banca tradicional a acelerar procesos de digitalización, reducir fricciones en originación y mejorar la experiencia del usuario. México ha avanzado en pagos electrónicos y banca móvil, pero enfrenta retos de conectividad, seguridad y confianza del usuario. En 2026, el crecimiento del sistema podría apoyarse menos en márgenes y más en eficiencia: automatización, mejor uso de datos y ofertas segmentadas para hogares y negocios.

La competencia también se dará por depósitos y clientes transaccionales, en un escenario donde el costo de fondeo puede volverse más sensible conforme baje la tasa de referencia y los ahorradores comparen rendimientos entre bancos, instrumentos y plataformas. En ese entorno, la banca buscará profundizar la relación con sus clientes mediante nómina, pagos, adquirencia y productos de inversión, mientras el crédito se asigna con criterios más selectivos.

En la coyuntura actual, el mensaje central es de ajuste: el sistema bancario sigue siendo rentable y relevante para financiar a empresas y hogares, pero entra a 2026 con un balance más fino entre expansión y prudencia. La trayectoria de Banxico, la evolución de la revisión del T-MEC y la capacidad del sector para reforzar cumplimiento y eficiencia digital definirán el tono del año. Si la inversión se reactiva y la certidumbre comercial mejora, el crédito corporativo podría recuperar dinamismo; si no, consumo y pymes crecerán, pero bajo una lupa más estricta de riesgo.

En perspectiva, 2026 se perfila como un año de transición: menos impulsos extraordinarios por tasas altas y más presión por competir, cumplir y colocar crédito de manera responsable. El resultado dependerá tanto del entorno externo —especialmente Estados Unidos y el T-MEC— como de la ejecución interna de los bancos en gestión de riesgo, tecnología y transparencia.

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